Corre [Capítulo 2]

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Segundo capítulo de la primera parte: Adaptación misteriosa.

     Cierro la puerta del Jeep de un golpe, la nieve previamente yaciente sobre el mismo cae en grandes grumos sobre el suelo. Suelto un bufido mientras observo la cabañuela. Tully es tan irritante, con olor a leña recién cortada, especias y humedad por donde se observase. Junto a la cabaña se situaba un pequeño lago cubierto de hielo, a menudo se apreciaban chiquillos patinando sobre él tan semejantes a duendecillos del bosque. Los altos pinos vestidos de blanco se abrían espacio a cada lado de la cabañuela, por lo tanto, podría decirse que la misma quedaba en medio del profundo boscaje.

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     Sacudí mis botas encima de la alfombra carmesí tendida en la entrada, el frío me calaba hasta los huesos y mis rizos castaños estaban cubiertos de nieve. Aún desde aquí, podía escuchar el delicado mecer de los ramajes resultado de la brisa acariciante de aquella tarde. El cielo lucía grisáceo y la niebla a duras penas permitía visualizar la carretera, nieve continuaba cayendo a las afueras, pero esta vez el frío era aún más intenso, la luna resplandeciente iba situándose perfectamente en el cielo azul naval. A este punto, he llegado a la conclusión, de que no volveré a ver el sol radiante por muchísimo tiempo.

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     Al entrar, el penetrante olor a menta y granos de café me embargó, nada parecido al de la pequeña casa en Maywood, el aroma a incienso y a moras frescas que inundaba cada rincón. Dejé caer mis llaves sobre el sofá escarlata, Romy bajaba por las rechinantes escaleras de madera con cajas entre los brazos y al mirarme sus ojos brillaron tenuemente. El estruendoso sonido de un objeto al caer me sobresaltó, fue entonces cuando sentí el debilucho cuerpo de mi hermana envolverme.

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     -Ya te extrañaba. –susurró contra mi cuello y la rodeé con mis brazos. Romy olía a melocotón y sus cabellos rubios resultaban muy suaves al tacto. Era todo lo contrario a mí, ella no poseía las pecas color café ni los rizos castaños abundantes, ella era ese lado dulce que embelesaba a simple vista, yo era más como esa oveja negra de la familia Williams.

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     Sonreí en cuanto se soltó del abrazo, sus ojos azulados parecían dos estrellas titilantes que me iluminaban incesantemente. Desde que Romy nació mi vida había dado un giro relevante, pasé de jugar a solas con mis muñecas a querer compartir cada uno de mis momentos con ella. La vi como esa tierna compañía ¡Y sí que lo era!

-Mamá ha estado algo irritante con el arreglo de la cabaña. –soltó Romy dando un leve bufido. - dice que debemos acoplarnos y todo ese bla bla que se ha gastado desde la mudanza.

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     Puse los ojos en blanco como respuesta y Romy soltó una sonora carcajada, le di un ligero toquecito en el hombro y subí de dos en dos los escalones, el pasillo que conllevaba a las habitaciones y el baño lucía aburrido, con las paredes de madera simple y el ventanal de fondo, al parecer, mi madre no se había percatado de tal cosa, debido a que no se apreciaba ningún portarretrato o una que otra pintura. Mi habitación era la última del pasillo, junto a la escalofriante ventana.

     Mi alcoba tampoco constaba de muchísimas cosas, desde que llegamos solo me había limitado a colocar fotografías sobre los estantes y colgar una vieja pintura que Kate me obsequió en agosto cuando acudimos a la galería de arte en Maywood. Mi habitación era simple, pero llena de tantos recuerdos en cada rincón, me dejé caer sobre el riguroso colchón de la cama, impregnando el aroma de coco que desprendía la suave colcha. El tono de mi Sidekick me sobresaltó y rápidamente lo cogí. La pantalla anunciaba «Un nuevo mensaje.» De remitente desconocido, fruncí el ceño levemente.

«¿Qué tal, Emma_ Me he saltado laclase de Historia y penséque podrías prestarme tu cuadernillo.-Mateo» (1).png

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     Sentí como si me hubiesen dado un martillazo en la cabeza, metí la mano en el bolsillo trasero de mi vaquero y saqué la nota que anteriormente yacía sobre la butaca del laboratorio. En todo el trayecto de camino a casa no había dejado de darle vuelta al asunto ¿Quién habría escrito la nota? ¿Por qué? El pequeño trozo de papel se apreciaba arrugado e inofensivo entre mis manos, releí y releí incontables veces intentando creer que tan solo era una broma pesada, pero algo en mi subconsciente me decía que ese no era el caso.

     Ignoré el mensaje escondiendo el Sidekick bajo el almohadón rosa, si existía una lista de sospechosos el principal sería Mateo. ¿Quién otro sino? Aguardó conmigo en el laboratorio, venía tras de mí por el pasillo y luego ¡Tará! Ya no estaba, e incluso, ni siquiera en la clase de Historia ¡Menuda coincidencia! Quizás me equivocase, pero si algo había aprendido con Kate es que, a los chicos de sonrisa dulce ¡Mejor ni mirarlos! Y no es que Mateo tuviese una sonrisa perfecta con sus almendrados ojos brillantes, no tenía nada que ver con eso.

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     La puerta de mi habitación se abrió y el rostro de mi padre se asomó ligeramente, llevaba las gafas sobre la nariz y el cabello caoba algo despeinado, la camisa verde menta estaba perfectamente abotonada con los pantalones beige a juego, los zapatos de punta cuadrada se movían inquietos ante la puerta. Forcé una sonrisa y él solo me miró con sus penetrantes ojos azules, entró completamente cerrando la puerta detrás de sí, apreté la nota volviéndola una bola en mi mano y me puse de pie.

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-¿Qué tal tu primer día de instituto? – preguntó mientras estudiaba cada trozo de la alcoba.

-Lo normal, supongo. –respondí en un susurro. –Clases teóricas y conocer la amplia estructura. –Mi padre asintió esta vez observándome fijamente.

-Iremos a conocer a la familia Jones, está a unas cuantas cabañas ¿Vienes?

-No. –me apresuré a decir. –Estoy algo agotada y quisiera terminar mis tareas temprano.

-Luego no te arrepientas. –soltó para, seguidamente, salir de la habitación.

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     El aire gélido reinó en el lugar tras cerrar la puerta, me estremecí y volví a sentarme sobre la cama, estaba claro que mi padre nunca ha sido un derrochador de amor, pero toda esa actitud suya había resultado más fría que el mismísimo invierno que azotaba al pueblo. En mi mano se posaba la nota aún, picándome los dedos y alborotando mis nervios, decidí romperla y echarla en la chimenea que castañeaba en el rincón derecho de la habitación, no tenía sentido volverme loca por unas simples palabras escritas en papel.

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     El tono de mi Sidekick sonó bajo la almohada y, a su vez, un ensordecedor golpe en la ventana que me estremeció, mis ojos paseaban desde el ventanal al móvil mientras me acercaba lentamente al almohadón. Una vez más, el Sidekick anunciaba un «Un nuevo mensaje.» Miré nuevamente hacia la ventana, el vaho de la respiración de alguien se deshacía apresuradamente, fue entonces cuando leí el presuntuoso mensaje.

«¿Qué tal, Emma_ Me he saltado laclase de Historia y penséque podrías prestarme tu cuadernillo.-Mateo» (2).png

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Portada Búho;Cabaña; Luna; Chicas acostadas;Chica rubia; Chimenea
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Las demás imágenes fueron editadas por mí desde Canva.

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Una historia absorbente tu narrativa es verdaderamente hipnotizante. Y el final deja la imaginación a correr. Muy buena tu producción literaria.

Gracias, mi amor

Eres un excelente escritora. Felicidades.

Muchas gracias

Estás haciendo un muy buen trabajo, tienes potencial como escritora. Continúa así.

Gracias, mi amor

Cada vez me sorprendo mas con tus escritos, felicidades.

Gracias, Jorge