El Ekeko (Cuento sobre tradiciones)
Desde hace un mes Tuchi tiene un nuevo habitante en su hogar, un ser poco agraciado venido desde las márgenes del lago Tititaca, una compañía secreta para mirar la luna o para desahogar los deseos que no se han cumplido.
Pequeño, mastuco, con bigotes, iluchu y sombrero, de aspecto regordete y dispuesto siempre a compartir un cigarrillo y a complacer algún pedido.
Un amor de niñez que la curiosidad ha hecho llevarle hasta los confines de su casa, para explorar minuciosamente el secreto que le ha hecho permanecer tantos siglos como compañero de generaciones.
Tal vez sea un sacrilegio colocarlo en una mesita de madera que se encuentra casi escondida en la parte trasera de la casa y llenarlo de maíz, arroz, hierbas, trocitos de papel con escritos solicitando algún anhelo o sueño., pero está repleto de estos.

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Llegó allí tras haberlo hurtado de un bazar en una fiesta campesina donde su vendedor daba toda una charla detallada de su historia.
Solo siguió al pie de la letra sus contradictorias palabras; “El Ekeko debe conseguirse ya sea regalado o robado, jamas comprado, ya que los sueños nunca se compran con dinero”.
Su nombre en lengua aimara significa Dios de la abundancia, y como tal fue venerado en la época prehispánica, un hacedor de milagros y un ahuyentador de desgracias.

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La figura de arcilla es poco llamativa en su entorno familiar, solo una vez su esposo le preguntó.
.- ¿Quién es ese?.-
Y ella con displicencia le contestó.
.- Un gnomo de la cultura andina que compré en un bazar.-
Cada martes y viernes siguiendo un ritual coloca la silla a su lado y mientras contempla avanzar el tiempo y subir el smog de la ciudad a las nubes, le obsequia con un cigarrillo y lo acompaña entre palabras que pronuncia con su cerebro, como un código telepático secreto entre ambos y espera a que la ceniza vaya volando hasta consumirlo todo.
Los primeros días esto le causó asombro y miedo, pero luego su actitud fue cambiada por efusión, ya que según la creencia se dice que si el cigarrillo se mantiene encendido hasta el final, los sueños serán cumplidos.
No ha hecho un balance sobre resultados ni contradicciones, este amuleto le ha hecho ver de otra manera los desafíos cotidianos, tal vez ha provocado que se despierte la esperanza en los tiempos difíciles.

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Ha despertado su pasión por buscar entre historias y tradiciones su semblanza y la ha catapultado a escarbar lo más minucioso de su leyenda.
Ha logrado hacer brillar en sus ojos una luz que se apagaba con la costumbre, un fuego que le apasiona desde chica, la exploración de las raíces culturales que le han antecedido y que la invasión extranjera ha ido diluyendo sin lograr exterminarla.
Para todos los que giran en torno a la superstición o la fetichería esa figura tiene poderes sobrenaturales, para otros mas amantes de la historia como Carlos Ponce no es mas que la personificación del Dios prehispánico Tunupa o Tunopa adorado por la cultura Tihuanacu en los periodos 200 A.C al 700 D.C, para los habitantes del altiplano andino un símbolo de buena suerte y felicidad, pero para ella, contrariando sus inicios teológicos es una alegoría cuya magia ilusoria o real le ha llegado a la mas profunda de sus convicciones.

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Mil gracias por la información! Pensar que lo conozco de toda mi vida y jamás se me ocurrió buscae el significado. Excelente post. Saludos desde Cochabamba- Bolivia ❤💛💚
Cuando será el próximo concurso de cuentochip?
El lunes se colocará la convocatoria para uno de Cuentocel, que son solo 50 palabras.
estaré pendiente!