UN BESO EN SAN VALENTÍN | Novela romántica. Parte 9

in #spanish4 months ago

Febrero es un mes ideal para las bodas y las fiestas gracias a la magia que aporta el día de San Valentín, pero también puede ser un mes lleno de estrés y preocupaciones. Disfruta de esta romántica historia de amor que estuvo a punto de morir por culpa de San Valentín.

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Supercurioso

Capítulo 9.

Ethan llegó a la cafetería de hombros caídos. Había ido al departamento de Jessie esperando hallarla para conversar antes de acercarla a su trabajo y resolver el malentendido de la noche anterior, no quería que la chica siguiera molesta con él, pero Marie lo recibió adormilada, informándole que su hermana había salido temprano porque tenía una reunión muy importante. Luego le cerró la puerta en la cara porque estaba muerta de sueño.

Estuvo enviándole mensajes durante toda la mañana sin recibir respuestas, eso lo frustró. O ella tenía un asunto muy importante que atender o lo estaba evitando. Se aferró a la primera opción para no caer en la desesperación, ese día tenía muchos asuntos pendientes que resolver.

Se dejó absorber por el trabajo para intentar controlar la ansiedad. Tampoco quería resultar un acosador que no dejaba a su novia respirar luego de una pelea, pero le dolía, se ahogaba en el miedo y la rabia. Necesitaba que Jessie le diera una oportunidad o se volvería loco.

Luego del almuerzo, la chica pudo liberarse de las responsabilidades. Los dueños de la revista habían decidido asumir el reto de formar parte del equipo promotor de un congreso sobre negocios rentables en la era digital que se realizaría en el verano. Desde ya comprometían a su equipo de mayor confianza en aquel proyecto, encargándole a Jessie la dirección de la publicidad.

A la chica le sorprendió el nombramiento. Eso sería un gran espaldarazo para su carrera, el ansiado ascenso que estaba esperando. Sin embargo, la situación con Ethan la tenía con el ánimo por el suelo. Debía hablar con él y resolver sus diferencias, o sería incapaz de dar todo en su trabajo.

Era muy emotiva, si su vida personal no iba al mismo ritmo que su vida laboral, le sería difícil lograr un equilibrio.

Cuando llegó a su oficina revisó su teléfono móvil que había tenido que poner en modo silencio para atender la larga y extenuante reunión donde la había sobrecargado de trabajo y de nuevas metas qué alcanzar. Se impactó al tener varias llamas perdidas de Ethan y un montón de mensajes donde le rogaba que hablaran.

Su corazón se partió en pedazos mientras leía sus súplicas. No pensó que él se sintiera tan decaído. Trató de llamarlo, sin obtener respuestas, le envió mensajes de texto pidiéndole que se encontraran al salir del trabajo, pero ni siquiera eran vistos. Se desesperó, decidiendo comunicarse con Gary para saber de él.

Su hermano le confesó que Ethan supervisaba la preparación del pedido que debían entregar al día siguiente para la fiesta de San Valentín, que el buen servicio ofrecido en la despedida de soltera había llegado a los oídos de los organizadores del otro evento, así como la noticia de la preparación de un Candy Bar y de postres exclusivos que envió de regalo. Ellos querían incluir todo eso en su encargo, lo que había enloquecido a Ethan porque debía adquirir productos adicionales para cubrir el compromiso.

Entraba y salía de la cafetería teniendo que contratar a un par de ayudantes de cocina para que todo pudiera estar listo esa misma noche y rogarle a la chica que elaboraba los artilugios en madera para el Candy Bar que le facilitara algunos especiales. Por eso había olvidado su teléfono móvil en el negocio mientras se ocupaba de un millón de tareas.

A Jessie aquella noticia le produjo diversas emociones. Por un lado sintió celos. Imaginó que Ethan había tenido que verse de nuevo con la prima de la agasajada de la despedida de soltera que intentó besarlo, por eso ella lo ayudaba con la promoción de sus productos. Esa cercanía la desquició. La vio como una competencia muy fuerte que brotaba sus inseguridades.

Pero también sintió emoción. Era consciente de que su novio debía estar feliz por haber logrado otra de sus metas. Su nuevo emprendimiento daba buenos frutos gracias a su trabajo incansable, era imposible que no se alegrara por ese gran éxito. No obstante, eso le recordó que ella se había comprometido a realizar el arte para la decoración de los pasteles de ese evento. Tenía algunos bosquejos, pero nada concreto. Por estar llorando sus penas toda la noche anterior no pudo ocuparse de ese trabajo y ahora debía robarle horas a la revista para cumplir. Se encerró en la oficina a terminarlo, a escondidas de su jefe, luego bajó al área de archivo de la revista a rogarle a la encargada que se los imprimiera sin que nadie supiera, teniendo que comprarle unos chocolates como pago por el favor.

Al finalizar la jornada laboral fue en busca de los artes luego de comprar las golosinas, topándose con Oswald cuando llegaba al archivo, el redactor de la revista que solía coquetear con ella.

—Hola, pensé que no eras una chica de dulces —se burló al verle los chocolates.

—No son para mí —respondió con una sonrisa forzada al recordar que le había dicho esa mentira la última vez que hablaron.

—Supongo. ¿Y hoy sí estás de ánimo para una pizza con pepperoni, o sigues recargada de trabajo?

Ella apretó los labios al acordarse que le había asegurado que algún día aceptaría su invitación de ir a comer, dejando la puerta abierta a otra posible relación como suponía que hacía Ethan.

—Hoy no. Tengo un asunto importante que resolver.

El chico sonrió con amplitud, escondiendo de esa manera su frustración mientras se dirigía a la puerta de la calle con ella. Ambos se despidieron de la recepcionista mientras salían, mirando con tristeza a la mujer que debía cumplir horas extras por unas faltas injustificadas que tuvo días atrás.

—¿Puedo acompañarte? ¿Vas a la parada de bus o caminas hasta la estación del metro?

Ella respiró hondo y se detuvo en medio de la acera para encararlo.

—Disculpa, voy apurada. Mi novio me espera.

Él arqueó las cejas ante esa confesión mientras ella se encogía de hombros.

—Oh, entiendo. Entonces… ¿nos vemos mañana?

—Sí, nos vemos mañana —respondió y se aproximó a él para darle un beso en la mejilla como pago por haberlo utilizado en una ocasión para sentirse mejor, sin que él lo supiera.

Siguió hasta la cafetería para entregar los artes rogando porque Ethan le concediera unos minutos para conversar y no pasaran otra noche alejados y enfadados.

No lo halló. Solo a Gary, que intentaba ayudar a Theresa a dirigir el café.

—¿Crees que tardará mucho? —preguntó ansiosa.

Por ocuparse de aquel encargo dejó pendientes un par de asuntos de la revista que se llevaba a casa y que deseaba terminar temprano para descansar. Tenía días sin dormir las horas necesarias y ya en su rostro se notaban las ojeras y en su postura el peso del cansancio.

—Él entra y sale. No sabría decirte si tardará o no —respondió el hombre mientras buscaba en el depósito paquetes de vasos donde servían el café para llevar.

—Necesito hablar con él —suspiró ella con melancolía. Gary la observó con algo de severidad, su semblante agotado no le permitía ser más firme.

—Ethan está intentando hacer las cosas bien. Sé que comete errores, todos lo hacemos —dijo con enfado, sin mirarla, atendiendo su tarea—. Pero se esfuerza porque te ama, porque eres muy importante para él y no quiere que solo lo quieras porque te parece atractivo, ya que la belleza se pierde con los años. Quiere que estés orgullosa, que lo veas triunfar para que estés segura de que es un hombre íntegro y esforzado —explicó, derrumbando, sin darse cuenta, las fortalezas de la chica, haciéndola sentir culpable y cruel.

Lo que Jessie no sabía, era que esas palabras Gary no las decía por Ethan, sino que se hacía referencia a sí mismo. Eran las palabras que su esposa no le permitía expresar, que tenía tan atoradas en la garganta que se lo estaban consumiendo por dentro.

—Sí, debo reconocer que exagera —continuó el hombre—, que se mete tan de lleno en sus responsabilidades que en ocasiones se olvida del tiempo, pero eso no quiere decir que te olvida a ti, o al amor que siente por ti, es solo que… —dudó, viendo con tristeza un paquete de vasos como si ellos fueran el rostro dulce de su esposa—. Tiene miedo de que no sea suficiente, que hace falta más. Se siente poco y cree que tiene poco, necesita más por ti, porque tú lo mereces, porque tú eres su todo. Por eso, está en constante búsqueda, dando más de sí, sin descanso. Y cuando recibe la felicitación de alguna persona externa, así sea de una mujer, no puede evitar sentirse dichoso porque lo está logrando por ti. —Se giró hacia la chica, observándola con una mirada sufrida tan contagiosa que la de ella enseguida la igualó—. Cometió un error, se dejó llevar, pero no lo hizo por lujuria o por falta de amor hacia ti, sino que fue un momento de éxtasis, una locura que ella aprovechó y que él no fue capaz de evitar porque aún se siente poco, porque no logra hacer más a pesar de que se esfuerza.

Jessie quedó paralizada, sin poder apartar sus ojos empapados por lágrimas de los atormentados de Gary. El corazón le dolía haciéndola sentir muy débil.

Luego de un instante de silencio, él pestañeó varias veces como si saliera de un sueño repentino.

—Disculpa, yo… —Miró con extrañeza el paquete de vasos que antes había confundido con su esposa y apretó la mandíbula—. Debo volver a la cafetería.

Ella asintió y le permitió salir del depósito. Se sentó abatida sobre una caja de madera a pensar. Gary le había confesado cosas que nunca había podido ver y eso le produjo angustia.

Nunca imaginó que fuera tan ciega.

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Pero el final de todas las cosas se ha acercado. Por lo tanto, sea sobrio y esté sobrio en las oraciones.(1 Pedro 4:7)

Pregunta de la biblia, ¿Judas ya era el hijo de perdición desde el principio?

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