Capítulos 39 y 40. Homenaje al poeta chileno Nicanor Parra. Seguimos con la sonata y la sinfonía.

in spanish •  2 years ago 

39
(Beethoven. «Sonata No 5, violín y piano»)
Pasito a pasito, muy rápidamente, bajó los escalones y volviendo la cabeza se fue diciendo: «No te dejes engañar, que tú tienes cara de inteligente. Ya charlaremos otro día. Hay más días que sandías, y, lo dicho, adiós.»
En este momento abrió la puerta del coche. Rum, rum, marcha atrás, gira a la derecha, rectifica, marcha atrás, a la izquierda; y bajando la ventanilla gritó mientras salía deprisa por las grandes cancelas del patio: «¡No te traumatices!
Trabajaremos por una enseñanza libertaria. “Ciao”.»

40
(Leopold Mozart. «Sinfonía de los Juguetes»)
Entre Emilio y Darío media una tirante distancia de compañeros docentes, como si de competencia intelectual se tratara. Emilio cultiva la vanidad de Darío insinuándole en cualquier ocasión que es muy inteligente, trabajador y “didacta” ejemplar. A Darío le encanta oír esas lisonjas y es capaz de olvidarse del mundo trabajando en el Instituto incansables horas extra académicas para seguir manteniendo ese cartel. El último curso corretea nervioso de clase en clase y se muestra preocupado por el dominio que sobre él tiene Nachi, su queridísima compañera sentimental de la que no puede prescindir, que pretende convertirse en esposa del alma, en el juzgado, y que de ninguna manera acepta vestirse de blanco en ceremonia eclesiástica, como a él, en lo más recóndito de su desnuda intención, le agradaría.
—Hoy vendrás al entierro. ¿Verdad? —dijo Darío a Emilio.
—¿Quién murió?
—Elorza. Desde que se jubiló ya no ha estado bueno. El día del homenaje lloraba como un niño. Yo creo que no ha soportado la idea de sentirse inútil. El pobre hombre no tuvo más palabras que recitar una poesía aprendida de memoria como despedida; y terminó llorando, como te dije. Los matemáticos son muy cuadriculados, no tienen imaginación. Su visión estética carece de perspectivas, a pesar de que él mismo me dijo, cuando salíamos, que el autor era precisamente un matemático o quizá físico que ha sido profesor también.
—¿Un físico, poeta? —musitó Emilio algo distraído—. Que yo sepa, en nuestra literatura no existe ningún físico poeta.
—La verdad, es que no recuerdo si era español o extranjero. Lo que sí recuerdo es que comenzaba así: «Considerad muchachos / Este gabán de fraile mendicante: / Soy profesor de un liceo obscuro, / He perdido la voz haciendo clases».
Y continuó Emilio sonriendo: «Después de todo o nada / Hago cuarenta horas semanales.
»El final dice: Aquí me tienen hoy / Detrás de este mesón inconfortable / Embrutecido por el sonsonete / De las quinientas horas semanales».
Darío estaba corrido, con una sensación de ridículo como nunca había sentido y sobre todo al oír a Emilio:
—¡Sí, hombre! Es el Autorretrato de Nicanor Parra, muy amigo de Pablo Neruda. Chileno él y profesor de la Escuela de Ingenieros. No me extraña que ese cabrón de Elorza lo haya plagiado.

Darío se quedó como cuando a uno le sale el lobo en el monte un atardecer de invierno; intentó sobreponerse y articular aunque nada más fuera una palabra. Le atenazó la lengua definitivamente la mirada de Emilio, que, cada vez más, se endurecía al venirle imágenes de su primer y único suspenso en matemáticas: acababa de salir del seminario, estudiaba ansiosamente, tenía que destacar a costa de lo que fuera y aquel cretino lo había suspendido. «¡Ojalá haya muerto rabiando!»
Darío quedó estático, azorado y confuso ante tal exabrupto, sin saber cómo podría proseguir y adivinó en el gesto babélico cada vez más disparatados pensamientos hacia un difunto, su resentimiento contra Elorza, irracional y espontáneo resentimiento que escondía también contra sus padres, contra su hermano, del que nunca hablaba y al que jamás ha ido a visitar al manicomio del Hospital Civil, contra sí mismo y contra la sociedad. No se encontraba a gusto en el Instituto. Quizá estuviera justificada la discriminación de los compañeros, que en ocasiones le hacían el vacío evitando su compañía en las distintas dependencias del centro, por lo que solicitaría cambio de instituto en el primer concurso de traslados. Elorza era un vejete de pelo plateado muy abundante y ondas naturales que conservó hasta la muerte.

fotos: https://es.wikipedia.org/wiki/Nicanor_Parra

https://es.search.yahoo.com/yhs/search?hspart=rotz&hsimp=yhs-001&type=mdru97be34db1350712e4d0c&param1=ArFaIWJoNqArQGMVF7UnBCQkQGR7B7NoN9IUFbFbMmZoN9IgB7seAT0bQGR7B7JoN9JbDSk8vFE9GqQANFdcFCk8wVU9ISk4vmo4Jmk4wVU4ICISwVRdISoUvmo9I6oVvFNdJCIXwVw3vCoVwVQ3vmISvFE3vqYUNVE3vGYYNVNdICIVvmpdISIVwV5cGWUSNFRcEqULNopcGWUIvmFbF6oVNVQ9JqYVvFJdJaYTNVM9I6k3NVM9JaYVwVw4IGYUvFRdJ6ISvmk9JCk4vFE9I6k3wVVdIqYXvFI4IWYVvmpdIGYUvmk4IGQIwV5cFGQzvmFdF6IWvmk4ISoWwV5cGWQBvmE9JCITvFI9ImIYvFQ9ImoWwV5cGWUWvmFcHWUINFM9J6ITvFE9ImIWwVA4JmILNEJcHCk8vFE9GqUXNolcEqUFNENcGmk8QGR7B6RoN9JcMaVcLWN9MapoNqAsQGMVyDIbC6MuNGwuNWEuyDM4C70gvT8oATosCaV6CaZb&param2=&param3=&param4=&p=antipoemas

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