Una pesadilla

in spanish •  last year


Cuentan que la Pesadilla es una vieja que oprime el pecho de quien la sufre. Y, esta noche, yo fui el elegido. Estoy indefenso, bajo su peso; lo único que noto son sus dedos raquíticos a través de la almohada, mientras la empujá con fuerza sobre mi cara.

Siento que me ahogo, y entonces la veo. No puedo explicarlo, escapa a la razón, pero está ahí, perfectamente dibujada en mi cabeza, susurrándome mientras braceo al aire. Se parece a la Muerte. Así, con mayúsculas; el Segador Siniestro, la Dama de la Guadaña con la capucha puesta. Tal como la pinta Peter Jackson en su película sobre fantasmas, con el mismo aspecto que un Nazgûl salido de su cabeza.

Me oprime el pecho y me susurra al oído. Con tanta claridad que el susto me devuelve al mundo de la vigilia en un duermevela de espanto. Me cuesta discernir si estoy despierto o si aún sueño. La sábana me cubre el rostro y los latidos resuenan en el interior de mi cabeza, atronadores. Me encuentro en tal estado de ansiedad, que pienso que la vieja todavía está sobre mí, apretando.

Cuando, desesperado, logro apartarme el lienzo de la cara, mis ojos se llenan de una oscuridad más apacible y sosegada, más amable. Y mi corazón empieza a calmarse. Pasan los segundos, lentamente. Todo está tranquilo. Muy tranquilo. Y entonces me doy cuenta de que algo anda mal: siento que no peso. O, más bien, noto que no siento. No puedo tocarme las manos. No puedo incorporarme. ¿Qué está pasando aquí?

Ahora floto sobre mí. Ya no tengo nauseas, sólo una sensación de pura serenidad. ¿De verdad era la Muerte? ¿Acabo de morir? No veo túnel ni luz blanca. No me distingo ahí abajo. Sólo sé que floto y que no noto mi cuerpo. La opresión ha dado lugar a una levedad tan etérea que casi no puedo decir si formo parte de mí mismo.

Y eso, ¿qué es? Un hilo blanco, brillante. Creo que es plata. Me rodea y luego se pierde en la negrura. No sé si uno de sus extremo está atado a mí. No puerdo mirar.

Me pregunto por qué no he revivido mi vida con el último aliento. Supongo que es otro de tantos mitos. Y ahora son muchas las preguntas que se quedan sin respuestas.

Sí, creo que he muerto. He tenido un ataque al corazón, seguro. Una bonita metáfora: la Pesadilla oprimiendo el corazón hasta pararlo. Y esos ahogos… Pero no estaba preparado. Así, en mitad de la noche, interrumpiendo un sueño del que no me acuerdo. Solo que, de repente, sucumbía bajo el peso. ¿Y qué es lo que ella me decía? Me hablaba al oído, con voz queda... ¡Ah, sí! «Despierta», me susurraba.

¡DESPIERTA!

Con el grito resonando aún en la cabeza, abro los ojos: he despertado.

Javier G. Alcaraván (@iaberius)

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La pesadilla, por Fuseli (1972)


Este escrito se publicó primero en mi blog Senderos Ocultos, en el que he puesto un enlace a Steemit. Por favor, antes de comentar un posible plagio, compruebe que no sea yo mismo el autor de ambos textos. Esto va, sobre todo, por ti, Cheeta, no te escondas.

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Siempre que entro vengo a leer esto de nuevo, es una lectura agradable, pero me intriga algo y hoy decidí preguntar: el susurro, ¿lo hace la propia pesadilla, tras haber asustado al bello durmiente? O lo hace la conciencia del bello durmiente ante el suceso que estaba ocurriendo, donde prefiere despertarlo para que regrese a la realidad.

Si todo lo que digo esta mal, puedes decirlo je je , a veces soy lentaaaa como las zarigüeyas. :P

·

Me justa dejarlo a la interpretación del lector, de ahí la ambigüedad ;). Pesadilla y durmiente (o su conciencia) se han fundido.

No sé cómo de lenta son las zarigüeyas. Sé de los perezosos, pero no se las zarigüeyas. Lo que sí es muy agradable es recibir este tipo de preguntas sobre lo que uno escribe. Aunque sea para corregirme o advertirme de alguna inconsistencia. Me muestra que lo que escribí interesó lo suficiente como para comentar.

¡Gracias por pasarte, Marpa (que no viene de Marpalatrinercastráncanos)!