Aniversario de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer

in spanish •  4 months ago

Entre las efemérides de este 22 de diciembre, nos encontramos con la conmemoración de la muerte de Gustavo Adolfo Bécquer, el gran poeta posromántico sevillano, el iniciador de la poesía intimista en español. ¿Quién no ha recitado, o incluso copiado, alguna de sus rimas durante su etapa adolescente?

Pues eso, el 22 de diciembre de 1870 moría Bécquer en Madrid, en los albores de un invierno especialmente frío, pocos minutos antes de un eclipse total de sol. Era muy joven, treinta y cuatro años. Allí estaban sus amigos, que dos días antes le habían ayudado a quemar su correspondencia amorosa para no comprometer su honor, y que tomaron, junto al lecho, apuntes para hacer más tarde unos retratos.

El escritor moría por las complicaciones de la enfermedad que arrastraba desde los veintiún años. La tradición nos había contado que se trataba de tuberculosis. La tisis, la «peste blanca», era la forma elegante de morir en el siglo XIX, la de la aristocracia, la de las damas y los poetas, músicos y hetaíras. Una enfermedad que había llevado a Bécquer a recluirse durante una temporada en el monasterio de Veruela, a los pies del Moncayo, donde escribió algunas de sus mejores narraciones.

Sin embargo, grandes especialistas como Russell P. Sebold o Justo García Morales han creído que la enfermedad que aquejó al poeta durante toda su vida fue la sífilis. Sebold nos recuerda los famosos versos del poeta: «Una mujer me ha envenenado el alma, / otra mujer me ha envenenado el cuerpo».

Fotografía de Bécquer
Fotografía de Gustavo Adolfo Bécquer - Fuente

Huérfano a los nueve años, la infancia y juventud de Bécquer no fueron fáciles, pero logró salir adelante con esfuerzo y ayuda de familiares. Su vida estuvo repartida entre Sevilla y Madrid, con estancias en Toledo y Soria y en los monasterios de Fitero y Veruela. Unos viajes que le inspiraron sus ensueños y narraciones fantásticas. Porque Bécquer tenía un mundo interior muy rico, lleno de sensibilidades artísticas; no debemos olvidar sus buenas aptitudes para el dibujo o la pintura.

Su vida adulta quizá no fue tan bohemia, y quizá sí más burguesa, de lo que sus amistades se empeñaron en presentarnos. Aunque tampoco se libró de sufrir zarandeos económicos y laborales. Amó intensamente a varias mujeres y fue desdeñado (incluso su mujer le fue infiel). También sufrió profundas decepciones políticas. De ahí su carácter un tanto pesimista.


José Casado del Alisal: Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte, en La Ilustración de Madrid

Lo cierto es que la muerte le alcanzó tras unos últimos años especialmente difíciles debido a su fracaso matrimonial, la pérdida del manuscrito con sus versos durante los avatares de la Revolución del 68, y a sus recaídas por la enfermedad. Y la muerte, tres meses antes, de su inseparable hermano, Valeriano, lo hundió en la depresión. Con el cuerpo debilitado por el clima y el alma triste por la pérdida, la enfermedad pudo finalmente con él la mañana de ese 22 de diciembre de 1870.


Bécquer en su lecho de muerte, por Vicente Palmaroli

Hasta su muerte, su existencia literaria había sido algo oscura. Su círculo de amistades se ocupó de que eso cambiase tras su muerte. Su poesía se comenzó a conocer y a apreciar. Bécquer significa el alejamiento definitivo de los excesos del Romanticismo y la frialdad del Neoclasicismo, y la irrupción en los versos de la intimidad del poeta. El poeta se comunica directamente con el lector y le expresa sus estados de ánimo: amor, soledad, melancolía, desengaño… Su influencia sería crucial para toda la poesía que habría de llegar en el siglo XX: Rubén Darío, los Machado, Juan Ramón Jiménez, Alberti, Lorca, Dámaso Alonso…

Fuentes:

  • AA.VV.: Historia de la literatura española. Tomo III, Orbis, 1982
  • BÉCQUER, Gustavo Adolfo: Leyendas, Ed. de Pascual Izquierdo, Cátedra, Madrid, 1996
  • BÉCQUER, Gustavo Adolfo: Rimas, Ed. de José Carlos de Torres. Castalia, Madrid, 1982
  • Gustavo Adolfo Bécquer. Apuntes caracterológicos, por Russell P. Sebold
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Me baila un poco la memoria, pero creo que fue Eugenio D'ors quien, refiriéndose a la poesía mal comprendida en su época de Bécquer, dijo aquello de que parecía 'un acordeón tocado por un ángel'. Como a casi todos los grandes poetas y escritores, su reconocimiento, por desgracia, les vino después de muertos. Me alegra ver que alguien recuerda y conmemora a una persona, cuyo interior fue un auténtico volcán en ebullición.

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No puedo evitar recordar a Cervantes, y cómo un embajador francés se escandalizó cuando se enteró en las conodiciones en las que vivía el autor del Quijote.

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Creo que, después de todo, no fueron las peores y hasta cierto punto se le reconoció haber servido en el ejército de Felipe II, lo que de alguna manera, le abrió algunas puertas. También fue un francés, el arquitecto Lavoisier, quien tildó, poco más o menos, como de una aberración a la obra de Gaudí y mira, hoy el mundo se rinde a ella.

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