EL FRUTO: 2 evidencias importantes
Los que transitamos por este mundo temporal, entendemos que más allá de esta corta vida existe una eternidad, porque así hemos sido diseñados los seres humanos. Dios puso eternidad en el corazón del hombre y junto con ello existe el deseo ferviente de que nuestras acciones en vida aquí en la tierra, retumben en la eternidad.
La pregunta es entonces mis apreciados lectores Steemians, ¿Cómo llevar fruto que permanece para siempre? ¿Cómo permanecer bien cimentado en la verdad? ¿Cómo hacer para que lo que yo anhelo sea cumplido?
El Mesías que llegó hace más de Dos mil años, como había sido prometido, dijo en una oportunidad a sus discípulos, una de las verdades más interesantes que han sido registradas en los evangelios. El evangelista Juan, también considerado por muchos como el discípulo amado, en el capítulo 15, versos 1-17 nos narra una declaración muy entusiasta acerca de cómo es considerado aquel discípulo que permanece arraigado en la verdadera vid.
1Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. 2 Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. 3 Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. 4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. 7 Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. 8 En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos. 9 Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. 10 Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. 11 Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido. 12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. 16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.Juan 15 Reina-Valera 1960 (RVR1960)
En este texto lleno de tanta riqueza literaria, quisiera desprender dos aspectos muy interesantes en los cuales se nos declara la manera en la cual un discípulo verdadero se caracteriza con exclusividad.
Jesús comienza magistralmente a hacer una comparación de la relación Padre- Hijo -Discípulo. Él dice de si mismo que es la vid verdadera y su Padre es el labrador.
No hay cosa más hermosa que observar con detenimiento la estructura de una vid. Un arbusto de uvas comienza siendo muy pequeño pero rápidamente se entreteje una enredadera llena de ramas o pámpanos y de cada una de ellas se desprenden colosales racimos de uvas.
El labrador es el encargado de chequear que las ramas estén dando fruto y de no ser así, las mismas serán cortadas. Mas aquellas ramas que si están dando fruto, será limpiada para que siga haciéndolo mejor. El Mesías aclara que ya sus discípulos han sido limpios por la palabra que han recibido por su Maestro. Entonces es allí donde reciben una providencial orden: “Permanezcan en mí y yo permaneceré en ustedes”.
Ahora, ¿Cómo sabemos que alguien realmente está acatando a la orden sugerida en este texto? Es imposible que un racimo de uvas permanezca vivo y frondoso si es cortada su rama de la vid. También es más imposible aún que una rama cortada pueda dar fruto.
Así es que descubrimos la esencia revelada en el verso 5, cuando dice claramente que aquel que permanece en Jesús es aquel que llevará mucho fruto. Ciertamente, separados del Redentor y Dador de vida, nada podemos hacer y estos versos nos lo recalcan incisivamente.
El primer aspecto muy interesante que encontramos en este texto de oro lo encontramos en el verso 7; cuando dice que si permanecemos en él y sus palabras permanecen en nosotros.
Cuando un discípulo ora, lo lógico que ha de esperar es que su oración sea escuchada y más aún que su oración sea respondida. Allí nos dice que podemos pedir lo que queramos y ¡listo! Él lo concederá.
¡Que grandeza y que honor saber que aquello que pedimos os será concedido por nuestro Padre! Hay una serie de condicionales para ellos, fíjense que nos dice que debemos permanecer firmes en él y que su palabra la debemos obedecer fielmente.
También nos dice que es necesario que llevemos mucho fruto siendo sus discípulos. Un discípulo es un aprendiz y debemos aprender de él, que es nuestro Maestro por excelencia.
La gloria siempre será de Dios. Somos instados en este pasaje también a permanecer en el amor de Dios, en tal amor que ha derramado a su creación y de manera muy especial por sus escogidos. Ciertamente aquellos que permanecen en el amor y la palabra de Dios en obediencia, aquellos que llevan mucho fruto, aquellos a los cuales sus oraciones reciben respuestas satisfactorias y aquellos también obtienen esa grandiosa gracia de sentir y experimentar el gozo del Señor en sus vidas y tal gozo será completo.
El segundo aspecto muy especial que conseguimos en este pasaje es que el fruto que el discípulo de Cristo produce es un fruto que permanece. En el verso 16 es sintetizada la cláusula implícita en toda esta perícopa. No es cualquier fruto, es realmente importante.
¿Cuántas veces quisiésemos que lo que nosotros hacemos con muy buenas intenciones durarán sus buenos efectos para siempre?
Que lo que planeamos y ejecutamos con tanto amor y dedicación, pudiese perdurar y que muchas personas hicieran eco de nuestros esfuerzos para que los proyectos de calidad que logramos hacer puedan durar mucho. La verdad, es que se trata mucho más que de elementos visibles y palpables. No se trata de “frutos” sino de “FRUTO” llevar mucho fruto, a donde vayamos, que la gracia de Dios se haga presente.
Amarnos los unos a los otros es el mayor propósito de vida que logramos encontrar en esta tierra. Ciertamente como les decía al principio de este post, nuestra vida por aquí es transitoria, es muy corta, envejecemos rápido y morimos imprevistamente. Pero lo que si tenemos seguro es una eternidad.
Depende de ti, si la eternidad que deseas vivir es una en el cielo con Cristo la vid verdadera y el Padre El labrador. O si deseas vivir una vida sin fruto, que lo seguro para ello es ser arrojado en el fuego.
Amigo lector, el resultado de vivir una vida piadosa apegada a los principios escritos en la Palabra de Dios, te llevarán a ser un verdadero discípulo que llevará fruto que permanece y sus oraciones serán contestadas. Vive en el verdadero y completo gozo, una vida de plenitud y amor. Ser considerado amigo de Dios es el máximo título que podríamos obtener en nuestra vida transitoria. Se parte de los elegidos.
No existe obra mas excelsa que la palabra de Dios, en la biblia encontramos un sin numero de relatos, ordenanzas, enseñanzas y consejos que que hacen que nuestra vida sea cada vez mejor, que nuestro fruto sea bueno y apetecible. Dios te bendiga.
así es mi querido hermano @fucho80 gracias por pasearte por aquí y compartir tu apreciación