Tierra Páramo - Capítulo IIIsteemCreated with Sketch.

in spanish •  2 years ago 

III

(En el cuarto de Susana San Juan. Ésta está acostada en su cama, dormida. Pedro Páramo y Fulgor miran desde la puerta.)

Pedro Páramo: ¿No es la mujer más bella que has visto, Fulgor ?

Fulgor: Así es patrón.

Pedro Páramo: Por ella es que hice todo esto.

Fulgor: Sí patrón.

Pedro Páramo: Bueno, ve a matar a Bartolomé San Juan.

Fulgor: Sí patrón. (Sale Fulgor.)

Pedro Páramo: He mandado a matar a tu padre, Susana.

Susana: (Entre sueños.) ¿Eres tú, Florencio?

Pedro Páramo: ¡Te parezco tan poco, puta! ¿Qué no ves que todo lo que hago lo hago por ti, que te amo? Cuando éramos niños me la pasaba pensando en ti. Yo iba a tener la parcela de mi padre e iba a trabajar sólo viendo tus ojos, sólo para ti. Hubiéramos sido felices. Sin embargo las cosas resultaron diferentes. Ahora tengo un mundo más complejo qué cuidar. Soy un dios, Susana; un dios cansado y solitario. El gran totem. Mi cuerpo ya no es el cuerpo fuerte y ágil de antes. Estoy viejo y todo ha envejecido conmigo. Todo se ha vuelto el más despreciable desierto. Y es triste porque sé que lo único que necesito para que todo vuelva a ser como antes es tu amor. Estoy podrido, Susana, podrido, y necesito tus lágrimas para humedecer mi carne descompuesta. El amor lo cura todo. Hemos repetido una y otra vez al tiempo: dejadme correr en la infancia; dejadme pecipitar en los recuerdos. Eso hago Susana. La voz es más lejana que la vida misma, es como el susurro que invoca a la inocencia , algo borroso pero deseado, siempre deseado. Dejadme correr en la infacia, oler los pinos, saborear las milpas, mancharme en lodo. Ah, cuando la mierda era sólo lodo, nos decimos con la cabeza gacha, con los ojos perdidos en este mundo sin remedio, en esta tos de anástrofes. Hemos repetido una y otra vez al tiempo pero éste no escucha, o no parece escuchar. Estamos solos y tenemos nuestras culpas para solventar el amargo porvenir que nos proclama. Este dolor nos anarquiza, caminamos indeseables: la vida apesta, el mundo está lleno de errores, yo soy uno de ellos. Y nos repetimos una vez más como esperando respuesta: Cuando la mierda era sólo lodo. Hemos perdido a Dios, estamos extraviados. Nosotros, la voz plural, se levanta como un acordeón descompuesto: no hay artificio que nos haga accionar, somos voz sin viento, cuerpo sin alma. Tenemos mil soluciones a la mano pero ninguna pregunta. Cuando la mierda era sólo lodo no había culpas, entonces el tiempo no era una serie de convulsiones sobre nuestra mente; por el contrario, era nuestro amigo y con él jugábamos en otros mundos y con otras gentes, en otras voces. ¿Lo recuerdas, Susana? Cuando la mierda era sólo lodo nosotros éramos niños y el tiempo era la voz que interpretaba la vida, aquel jubiloso momento alejado –no pasado, no presente, no futuro– de cualquier modo temporal. Ahora sólo nos queda el consuelo de una vida borrosa, de mi demoniaco odio. Hemos perdido a Dios es la última balanza, el grito de humanidad. Creemos encontrarlo algún día. Mientras le gritamos al tiempo aunque no nos escuche. Viciados por el tiempo, aniquilados por la consciencia, desarrapados, casi putrefactos. Perdemos nuestras fuerzas a cada paso y el llanto y la culpa nunca es suficiente. Cuando la mierda era sólo lodo es el grito nostálgico, bajo él nos sentimos viejos y niños, cuerdos y locos: vaticinio de libertades.

      Necesito un amor. 

Susana: (Despierta.) No te entiendo, estoy loca.

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