Aquello que nos mueve
Hay días en que la magia no fluye, y las palabras se quedan escondidas en el reino del silencio, sin querer ir al encuentro de la pluma y el papel. Son días en los que el escritor se tiene que poner el traje de faena y bajar a su particular infierno a picar con esfuerzo!en busca de la palabra perfecta, de la oración precisa, del texto brillante y bien estructurado. En mi caso tengo suerte ya que no soy escritor, ni tampoco soy poeta, aunque lo intento, intento con denuedo escribir eso que veo, eso que siento, aquello que me toca el corazón y me lo mueve.
Uno no es tonto aunque lo parezca y sabe que en este mundo, tal y como nos lo pintan, hay pocas cosas que toquen el corazón, que nos hagan movernos. Estamos rodeados de corrupción, de guerras, de catástrofes, de gente que sufre y es esclavizada… ¿De verdad el mundo es así de sombrío? ¿De verdad habrá que dar por cierto aquello de “lupus est homo homini?” Puede que sea así, que lo que nos mueve el corazón es venir a “este valle de lágrimas” a sufrir, a tener que trabajar duro para conseguir algo de libertad, algo de descanso para unos pies cansados e hinchados de tanto aguantar el peso de la vida.
O puede que no.
Puede que el hombre sea lobo para el hombre solamente cuando desconoce quién es el otro. También puede ser que el otro no sea más que un espejo donde nos reflejamos, donde se proyecta todo aquello que no nos gusta de nosotros. Y ya puestos a poder, puede ser que haya algo de verdad en todo esto, que la hay, y entonces ya sólo tendríamos que comprender al otro para comprendernos a nosotros mismos, y al comprendernos a nosotros mismos caeríamos en la cuenta de aquello en lo que cayó Campbell mucho antes que nosotros. Que “todos los dioses, todos los cielos, todos los infiernos, están en tu interior”. Y entonces, al entender estas palabras en toda su concepción, como por arte de algún insondable y mágico misterio, entraremos de lleno en el camino de saber qué es lo que verdaderamente nos mueve el corazón. Pero no quiero engañar a nadie, es un camino largo, para hacerlo de poquito a poco, pues, a pesar de lo que parezca, sólo somos caminantes de una vida que se nos muestra de acuerdo a aquello que nos mueve. A mi lo que me mueve es la alegría, la inocente alegría de vivir, no importa cómo, no importa con quién ni en qué lugar. Mi verdadero tesoro es la alegría, la felicidad de saber que existes para maravillarte y aprender de todo lo que nos da, y nos quita, la vida.
Así pues, a pesar de que hoy no venía la magia a mi encuentro, al final vino la vida y me ha dicho que os diga todo esto, que la cosa es larga, pero no es difícil, que hay muchos valles, pero no son de lágrimas, que al final todo se trata de aquello que decía Campbell: todos los dioses, todos lo cielos, todos los infiernos… nosotros elegimos.
Bonitas palabras y bonita fotografía ¡Me gustó bastante!
Muchas gracias! La foto es de unos pinares que hay en Gran Canaria donde la gente va a pasar el día los fines de semana. Un saludo!