Sin Título 07/06/2020 - 2002 || Mi 2do Año en Steemit

in #spanishlast year

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Estoy en un desierto, hace un calor infernal y tengo mucha sed.
Camino sin rumbo durante horas.

Me pesan las muñecas... ¿De dónde han salido estas cadenas?, están sueltas de un extremo, pero no me las puedo quitar de las muñecas ni los tobillos.

El sol se está poniendo sobre una enorme duna, no se si es un efecto de la luz del sol, pero la duna cada vez parece más grande.

De ella comienzan a rodar cosas. Me acerco por curiosidad.

Cuando llegué, vi una persona tumbada, llena de arena.

—¿Estás bien?

La figura se levanta, dejando caer la arena por su cuerpo, pero esta no deja de caer, no puedo ver su rostro, pero parece que sonríe.

Trato de ayudarla, quitándole la arena, pero cada vez sale más y más hasta que la persona pasa a ser un poco más de arena en el desierto.

Escucho un susurro a mis espaldas, de pronto hace frío, me giro y hay dos figuras más, estas llevan máscaras de arena que les cubren todo menos la boca. También sonríen.

—¿Quienes soys?, ¿qué queréis?.

Abren sus bocas, que solo sueltan arena, no obstante, en mi cabeza resuenan insultos y risas.

Aparecen más personas de arena que me rodean y abren sus bocas también, ahora hay más risas, más insultos y siento golpes, aunque no haya nadie atacándome. El dolor es insoportable, no me puedo mover, la arena de sus bocas me está enterrando.

Tras unos segundos no veo nada, ya no duele.

—¡¡¡Otra vez no!!!

Muevo los brazos, tratando de salir, a duras penas saco un brazo, luego el otro y por último la cabeza, abro los ojos y de nuevo me entierran, ya no me quedan fuerzas...

Lo último que siento es un abrazo en la oscuridad.


Despierto arrodillado, con los brazos en cruz, tengo las piernas mojadas. Todo está muy oscuro, trato de moverme mas no puedo, algo me sostiene de brazos y piernas, ¿habré caído en una cueva?, si, quizás incluso se me han enganchado las cadenas...

Un destello azul me ciega, miro abajo, todo el suelo está inundado unos pocos centímetros. Se reflejan dos grandes luces luminiscentes azules que salen de un gigante atado por infinitas cadenas enormes.

Delante de él hay un lobo negro sentado e inmóvil que veo invertido, ya que la fuerte luz no me permite mirarles.

—De nuevo aquí, roto, ahogándote en el pasado— Me dice el gigante con una voz aguda, muy similar a la mía, que retumbaba por el lugar. —No te dejes vencer por algo que pasó hace tanto tiempo, te has hecho fuerte, ya casi estás preparado, pero primero...

El reflejo en el agua toma color.


Un niño, de ocho años, camina por el patio de su colegio mientras bebe un zumo de piña, se acerca a un bordillo de hormigón, se sienta de espaldas a un césped, acompañado por un árbol grande y ancho, con multitud de hojas y anchas raíces por encima del suelo.

Está solo, en silencio, mientras el resto de niños juegan, gritan de diversión, viven... El niño tras unos largos minutos tira el brick de zumo al suelo y lo pisa una, otra y otra vez, con fuerza y rabia, vertiendo zumo por el suelo.

Un profesor se acerca, él hace como que no lo ha visto.
—Hola, Antonio. ¿Estás bien?
—Si.
—¿Qué haces aquí solo?
—...
—¿Has vomitado?
—Es zumo.
—Entonces estás bien, no llegues tarde a clase, adiós.

Me acerco por delante del niño y trato de darle un abrazo, sin éxito. Estaba siempre solo porque no encajaba en ningún sitio, como sacaba siempre sobresalientes y estaba obeso le hacían bullying todos los días, pasó de simpático a solitario y aprendió a callar y escuchar para seguir adelante.
—Lo siento, aún me duele, nunca te olvidaré, pero tu, aunque seas parte de mi, ya no eres yo.

Todo se desvanece, el niño se divide en miles de pequeñas estrellas y se funde conmigo, le siento, todo se vuelve oscuro de nuevo y ahora miro al gigante a los ojos, apenas aguanto y acabo mirando al lobo, que se acerca a mi despacio.


El lobo se acerca a mi cada vez más rápido, me da miedo, ojalá se fuera, si intenta morderme no podré defenderme. El lobo se abalanza sobre mi, cierro los ojos, muerto de terror.

... No pasa nada...

Siento unas caricias en el vientre, luego en la espalda, sigue subiendo hasta que unas manos negras aparecen desde de detrás, una me agarra el cuello y la otra me tapa los ojos.

Mi boca se abre automáticamente, comienzo a hablar en alto sin querer...

—¡Soy el mejor!.
—Quiero que mueran.
—He sido demasiado amable.
—Cucarachas, no tengo culpa de que os pongáis debajo de mis pies.
—Quiero ser y seré rico, tendré una gran casa con piscina, una buena familia y un perro
—Mentirosos y guarras en la tele a todas horas.

No podía controlar lo que decía, estaba arremetiendo contra la sociedad, alimentando mi ego y dejando salir a mi lado oscuro que tantas veces he tratado de esconder y reprimir.

Me mordí la lengua para parar y con todo el dolor pronuncié mis propias palabras.
—Nos hemos peleado muchas veces, he tratado de esconderte y te abandoné, te consideré malo, pero sin ti no puedo seguir. Por favor, acompañame en mi vida. Te quiero.

Las manos negras temblaron, se fueron y luego... el lobo me mordió en el cuello. No dolió.

Me miré en el reflejo mientras una máscara de plata se hundía en el agua. Yo estaba distinto, más joven y vestía una capa negra con hombreras de piel y un collar que era la cabeza de lobo mordiéndome, pero ahora solo era un accesorio.


Tras horas en silencio los ojos del gigante fueron apagándose, del gigantesco ser venía bailando una mujer hermosa, rubia, delgada, atlética con una preciosa sonrisa. Era perfecta. Me quitó las cadenas y se convirtió en mis alas, salí de allí volando, atravesé la arena, mis alas se rompieron y caí en medio del desierto.

Las personas de arena venían hacia mi otra vez, me volvieron a rodear, de nuevo tratando de hundirme.

Caminé sobre su arena entre ellos, sin mirarles y seguí mi camino. Sueño con el día en que encuentre el agua que me quite la sed, algún tiempo y no definitivamente, porque sin sed no merece la pena andar este desierto.