El LINAJE PERDIDO| THE LOST LINEAGE [ESP]-[ENG]

in #spanish2 years ago

[ESP]

✶✶NOTA DEL AUTOR✶✶

Dedicado a todos aquellos amigos incondicionales, que dan su vida por otros sin importar las consecuencias.


EL LINAJE PERDIDO

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IMAGEN CORTESÍA DE: PIXABAY


1

La noche caía sobre el mundo, amenazante como los peligros que rodeaban a Augusto. El campamento nunca dormía, porque el enemigo esperaba el momento oportuno para sacar las vísceras. Augusto no la tenía tan fácil. Debía huir de forma sigilosa, desapercibido como los hombres invisibles. El rostro sudado y congestionado, y los ojos saltones, mostraban su desesperación; desesperación por alejarse de las guerras, de la sangre y de las muertes. Metió todo lo que pudo en su morral, y enfundó su pistola, y a hurtadillas abandonó su carpa. Afuera, soldados como él vigilaban empuñando rifles, y otros reían y contaban chistes para tratar de olvidar a la familia que les esperaba en casa. Augusto nunca pudo olvidarla, a pesar de que a él solo lo esperaba su fiel amigo Scott, con quien alguna vez jugaba a traer la pelota.

Escapar era difícil, sí, pero no imposible. Él apresuró sus pasos entre las carpas, ocultándose de vez en cuando, porque sabía que si lo descubrían prefería meterse un tiro que volver al campo de batalla. La muerte siempre esperaba en las exploraciones que hacía día a día, entre las grandes extensiones de sabana que los rodeaban. En esos terrenos espesos, minas ocultas se esparcían disfrazadas con la tierra; Augusto había presenciado cómo muchos de sus antiguos compañeros, que en paz descansen, habían pasado de monumentales hombres a un montón de papelillos sangrientos. Le temía a todo aquello, al hecho de matar o ser matado… no lo quería, el solo anhelaba volver a su hogar de patios verdes, y jugar a la pelota con su amigo peludo de cuatro patas.

Al fin se alejó lo más que pudo del campamento, penetrando en las eternas extensiones de aquellos bosques tropicales. Estaba aliviado, pero la intranquilidad aun golpeaba en su pecho con puños de miedo. La luna le mostraba el camino en las selvas que eran auténticas telarañas; y él era como una pequeña mosca diminuta, rodeado de arañas hambrientas.
Caminaba atento, despacio… algún movimiento en falso podía hacerlo reventar como las palomitas. Anduvo y anduvo, sin mirar al batallón que había dejado atrás. Entonces, cansado como los burros sin fuerza, se recostó sobre el tronco de un árbol, y se dejó llevar por el dominador peso del sueño en sus ojos.

Lo despertó el fío calor del acero de un rifle hincándose en su mejillas. Abrió las pestañas lentamente, y la visión borrosa quedó atrás con el develar de un rostro asiático, idéntico al peculiar tez de los chinos. No se sorprendió, él había invadido sus dominios. Se quedó paralizado como las rocas, mientras su acompañante lo apuntaba y hablaba en un lenguaje indescifrable. Augusto permitió que de sus ojos brotaran algunas lágrimas, y sin dejar de pensar en Scott y en la resignación a la muerte, se dirigió a su enemigo sin titubear:

—¡Dispara de una maldita vez! —Gritó al chino—. ¡Vamos! ¿¡Qué esperas!? ¡Estoy cansado de ustedes y de esta maldita guerra!

El acompañante imprevisto apartó el rifle de su rostro, lentamente. Augusto notó que su enemigo volvía a enfundarlo en su espalda. Pero por alguna razón, el chino ahora miraba el suelo que Augusto ocupaba recostado sobre el tronco del árbol. Se acercó con cuidado, y extendió su brazo.

—A la cuenta de tres…—Habló el chino, con un dominio perfecto del español—. Tomarás mi brazo. Aférrate fuerte, porque jalaré tu cuerpo.

—¿Por qué demonios lo haría? —Augusto era un llorón, sí, pero no un tonto.

—Porque hay una mina debajo de ti.

Augusto cayó en cuenta de que realmente había dormido sobre una mina, y seguramente ahora acompañaría a sus amigos en el inframundo. Su pecho se congestionó y las tripas se movieron en su interior como serpientes. Obviamente prefería tomar el brazo del enemigo a convertirse en polvo para galletas. Entonces, aferró su brazo al del chino, y sintió el jalón que lo llevó a renacer por enésima vez. Sin embargo, una de sus botas abandonó su pie y fue a parar a la mina, y todo fue fuego y sordera de repente.

2

Volvió a despertar, pero esta vez lo sorprendieron las estrellas. Estaba boca arriba, en las cercanías de un río. La luz plateada del astro nocturno bañaba su cuerpo, mientras que el discurrir de la corriente regalaba una fresca sensación a sus oídos. Todo era paz, tanta paz que pensó en el hecho de que estaba muerto. Y de verdad se sintió feliz, porque la muerte era mejor que el agrio sabor de la guerra. Aunque su felicidad duró poco, porque de pronto, al girar la cabeza, se percató de que el chino lo estaba viendo detenidamente, mientras masticaba un pedazo de carne cruda. Entonces la vida real volvió a él como un balde de agua helada. Intentó levantarse, pero no pudo, porque de pronto se dio cuenta que algo no anda bien con sus piernas. ¿Por qué sentía que le faltaba una?

Era porque realmente le faltaba una pierna. Cuando irguió su espalda con la ayuda de sus brazos heridos, miró que la pierna derecha llegaba hasta la rodilla, y lo restante era un vendaje moteado con sangre. Empezó a gritar. Vociferó fuerte para que el mundo sintiera su dolor. Fue entonces cuando el chino hizo a un lado el trozo de carne para taparle la boca y susurrarle al oído:

—Cállate, si nos escuchan moriremos los dos.

El chino retiró lentamente la palma de la boca de Augusto, cuyo pecho rebotaba una y otra vez. Cuando quitó la mano, Augusto volvió a gritar.

—¡Dije que te callaras! —El chino volvió a taparle la boca—. No es para tanto. Pueden ponerte otra en tu país.
Augusto siguió gritando para la mano que presionaba fuerte contra sus labios.

—¿Quieres volver a ver a Scott? Pues yo también quiero volver a ver a mi maldita familia. No lo haremos si sigues gritando como una niñita. —Aquellas palabras puyaron el corazón de Augusto.

¿Scott? ¿Cómo supo de Scott? Realmente Augusto parecía un mar de dudas. Entonces se calmó un poco, y el chino quitó lentamente su mano.

—Come. —Dijo su acompañante asiático mientras le cedía un trozo de carne cruda—, la hubiera cocinado, pero una fogata develaría nuestra ubicación. Necesitas fuerzas para el viaje de mañana. Si vuelves a gritar, tendré que vendarte también la boca.

Augusto respondió con temblores. ¿Por qué su libertad le costaba tanto? ¿Ahora cómo jugaría con Scott? Definitivamente estaba jodido, pero con vida. Un jodido con vida… ¿acaso existía algo peor? Les dejó el trozo de carne a las moscas, y se echó a llorar. Pensó en su padre y su madre, en su abuelo, e incluso, aunque no los conocía, en los abuelos de sus abuelos. Todos fieles combatientes y defensores de la patria grande hasta que la bala del enemigo invadió sus cabezas. Augusto pensó tanto en su linaje condenado a la batalla, que recibió a la aurora junto al canto de los gallos. Su acompañante se levantó al momento, y vio a un Augusto muerto en vida. Él se acercó, y lo arrastró hasta el río. Augusto no se negó, ¿para qué oponerse si ya estaba prácticamente muerto?

Entonces el chino le sumergió la cabeza en el río, y el agua empezó a llenar sus pulmones. Era como una tortura, porque enterraba la cabeza en el líquido acuoso y la volvía a sacar, una y otra vez en pequeños lapsos de tiempo.

—¿Quieres morir? —Repetía el asiático cuando sacaba su cabeza del agua— Entonces muere.
Al principio augusto se dejó llevar, pero en el momento en que notó la gravedad del asunto, empezó a forcejar. No era verdad, él no quería morir como sus antepasados, en una tierra a la que no pertenecía. Si había de morir, había de hacerlo junto a Scott. Entonces suplicó, y el chino lo aventó contra la tierra.

—Eso pensé. —Le dijo a un Augusto que tosía burbujas—. Todos quieren morir hasta que ven el rostro cadavérico de la muerte besando sus labios. Respira, pronto saldremos de este maldito lugar.

3

Augusto nunca pensó que alguna vez iría en las espaldas del enemigo. ¿Quién hubiera imaginado que ahora él se aferraba a la espalda del contrincante como un mono y su cría? Pensó que eso solo lo hacían sus compatriotas, cuando muchos de ellos caían lastimados por las balas. Aun así, ¿Por qué el asiático se había mostrado tan cordial? Era una duda que no dejaba tranquilo a su pensamiento. Rio arriba, los carrizales se extendían altísimos. Las llamas del sol encendían los caminos y alertaban a los mosquitos. El acompañante no parecía cansado por el peso de Augusto sobre su espalda; era un hombre delgado, pero con mucha fuerza.

Cuando el astro rey estuvo en la cima, decidió descansar. Dejó a Augusto en el suelo y respiró con calma. Se acercó al rio y mojó su rostro. Entonces se dispuso a cargar nuevamente a Augusto, solo que éste no se lo permitió.

—Estás cansado. —Le dijo Augusto—. Sé que soy flaco, pero mis huesos pesan como un gordo. Es mejor que descanses.

—No mientes, —Aseguró el asiático—. Sí estoy cansado, pero si mi gente nos descubre, descasaremos para siempre.

—¿Por qué me ayudas? —Se atrevió a preguntar Augusto.

—Porque eres testigo de mi escape. Deserté, y sé que me andan buscando, como sé que a ti también te buscan. Solo que tú podrás vivir, y conmigo no serán misericordiosos.

—Soy Augusto. —Se presentó él de repente.

—Pues deberían llamarte llorón. —Su acompañante rió débilmente.

—¿Cómo te llamas? —Quiso saber Augusto—. No eres como los otros chinos.

—No soy un chino idiota, soy vietnamita. —Respondió el ahora vietnamita.

—Mucho gusto Vietnamita.

—Soy de Vietnam, por eso soy vietnamita pendejo. — Augusto se sintió como un torpe.

—Ah…

—Mi nombre, mi verdadero nombre… es Xeu.

—Mucho gusto Xeu.

—Vete al diablo.

Augusto rió. No había reído en mucho tiempo.

—Yo también deserté. —Explicó Augusto—. Quiero ir a casa.

—Pues vas en la dirección incorrecta, porque vamos para mi casa. El río nos guiará.

—¿Es un secuestro? —Augusto no entendía— ¿No me dejarás ir?

—La única forma de que regreses a casa es volviendo a tu campamento. Pero no soy tan tonto para llevarte allá.

—Tú casa entonces. ¿También hablan español?

—No, solo yo. Mi padre era de tu país. Violó a mi madre y se apoderó de mí en cuanto nací. Me maltrató desde que tengo memoria… pero cuando crecí lo suficiente asesiné al maldito.

Ambos carcajearon.

—Yo nunca conocí al mío. —Augusto parecía entristecido

—Es bueno, los padres a veces suelen ser unos imbéciles.

Las risas volvieron.

—¿Tú eres padre? —La curiosidad mataba a Augusto.

—No uno imbécil si es lo que tratas de insinuar.

—Imbécil no, un padre de verdad.

—Sí, padre de la pequeña Xian y esposo de Lue, las más hermosas mujeres del mundo. —Xeu sacó una foto de su bolcillo; una mujer y una niña sonreían abrazadas en ella—. Mira, estas son ellas. —Le cedió la fotografía a Augusto—. Le prometí a Xain que le llevaría una tortuga a mi regreso.

—¿Y la tienes? —Preguntó Augusto, mirando a la niña en la foto.

—¿Qué? —Xeu parecía extrañado.

—La tortuga.

—Le conseguí una que dura para siempre. —Xeu volvió a meter la mano en su bolcillo para sacar una roca con forma de caparazón de tortuga: se la dio a Augusto para que la contemplara más de cerca.

—La adorará cuando se la entregues. —Un escalofrió se apoderó del alma de Augusto—. Te debe extrañar mucho.

—No sabes cuánto la extraño a ella. —Augusto le entregó la foto y la roca a Xeu, y mientras éste las protegía en su bolcillo preguntó a Augusto—: ¿Tu extrañas a Scott?

—¿Cómo sabes de él? —Era una pregunta que lo tenía desconsertado.

—Cuando quedaste inconsciente por la explosión de la mina, —Explicó Xeu—, su nombre era lo único que pronunciabas. ¿Es tu hijo?

—Es todo lo que tengo. Simplemente, el mejor perro del mundo.

—Aquí sentimos respetos por los perros.

—¿No los comen? —Augusto pregunto sonriente.

—¡Ya te dije que no somos como los malditos chinos!

Las risas volvieron a retumbar, pero esta vez vinieron acompañadas de otra cosa… del sonido de pisadas cercanas. Ambos se miraron, y Xeu apuntó su rifle. Augusto quiso armarse también, pero imaginó que su pistola había desaparecido junto a su pierna en aquella explosión. No le quedó de otra que quedarse abajo, mientras Xeu apuntaba a la dirección donde provenían los pasos.

El carrizal los ocultó del batallón que empezó a desfilar muy cerca de ellos. Era un centenar de hombres vietnamitas, quizás más, todos con bañados con pinturas verdes. Augusto cerró los ojos pensando en su hogar, en su perro, y en la familia de Xeu… porque él también había ocupado un lugar en su corazón. En cualquier momento, de seguro escucharía el sonido de balas. Xeu se aproximó, y le avisó con señas que debían alejarse de allí. Se arrastraron con cuidado entre el monte que crecía como espigas de maíz, sin dejar de retirar la vista del desfile militar. Quizás hicieron algún ruido, porque un trio de militares comenzó a seguir su rastro. Menos mal que un cerdo salió entre ellos y los despistó, haciéndolos pensar que el animal era el que había dejado el rastro. Después de un corto periodo que pareció una eternidad, el silencio se alzó nuevamente victorioso.

—Es mejor que prosigamos o nos descubrirán. —Xeu volvió a cargar en su espalda a Augusto, quien no se negó a la petición de su nuevo amigo.

4

Caminaron rio arriba, descansando por momentos. El enemigo y sus minas los acechaban, pero ellos eran incansables. La noche escuchaba la historia de sus vidas, del perro fiel y la hija de grandes carcajadas. Compartieron tantas vivencias, que de amigos se convirtieron en hermanos. Y al fin, cuando la aldea de Xeu se develó ante ellos, pensaron en que aquella amistad apenas empezaba. Augusto sabía que le esperaba un largo rato en aquel lugar de casas con palmas por donde cruzaba el rio. No era lo que quería, no era lo que esperaba, pero al menos presenciaría el reencuentro de Xeu y su familia, y eso lo ponía feliz porque algún día, Scott lo recibiría de la misma forma.

—Cuando pruebes el estofado de mi esposa, querrás quedarte para siempre. —Xeu hablaba con el entusiasmo en los labios.

La Aldea parecía desierta, solitaria, más bien un poblado de fantasmas. Xeu se extrañó, tanto que empezó a murmurar en su idioma. Fueron a para a su choza, y la encontraron con la puerta de par en par. La sorpresa fue que su esposa no los recibió, en vez de ella fueron militares vietnamitas, que de seguro habían invadido la aldea a la espera del Xeu desertor. Ellos nos apuntaron con sus rifles, y a Xeu no le quedó otra opción que arrojar a Augusto al suelo. Entonces los soldados se cernieron sobre ellos, listos para disparar.

Uno de ellos dijo algo en su idioma, y de pronto apareció la esposa de Xeu junto a su hija, que se aferraba nerviosa a sus faldas. Él no pudo contener el llanto, e intentó correr hacia ella, aunque solo alcanzó los golpes de los soldados. Augusto miró la desesperación de Xeu, reflejada en las temblorosas manos que anhelaban darle la roca con forma de tortuga a la pequeña Xian. Morirían, ahí, acribillados frente a dos almas inocentes. Augusto pensó en su linaje maldito, condenado a morir fuera de su país natal. Él haría las cosas iguales… pero con un final distinto.

—Diles que tú me secuestraste, —Augusto se dirigió a Xeu, firme… nunca había sido tan valiente como en ese instante—, y me torturaste para sacarme información. Yo me negué, y me quitaste una pierna.

—No, no lo haré. —Xeu estaba resignado a morir frente a su familia—. Si morimos, hemos de morir juntos.

Augusto recordó alguna vieja frase, vociferada en un rio por un Xeu inquebrantable. Decidió usarla para devolverle la cordura:

—Todos quieren morir hasta que ven el rostro cadavérico de la muerte besando sus labios.

—Pe-pero… pe-ro…

—Solo quiero ir a casa, con mi familia… —Augusto hizo lo posible para hacer entender a Xeu de su plan.

Xeu miró a su familia, y entre lágrimas habló en su idioma. Ellos afirmaron, y le permitieron juntarse con su esposa e hija. La pequeña Xian se puso tan feliz al ver la tortuga fosilizada. Nunca dejaron de abrazarse, ni siquiera cuando sacaron a Augusto a fuerza de golpes. Fue la última vez que los vio.

Él cumplió, dio la ubicación exacta, y lo llevaron con ellos para comprobar su afirmación. Nunca dejó de pensar en su amigo Xeu ni en el conmovedor reencuentro con su familia. Lloró, sí, el solo ansiaba ver a Scott por una última vez. Su peludo y extrovertido amigo, el segundo después de Xeu. Antes no había tenido ningún compañero… solo recibía desprecios de los suyos. Estuvo tan inmerso en su vida, que no se percató de su recate. Tal como Augusto lo pensó Xeu informó a los soldados americanos, y estos no dudaron en rescatar a su compatriota. Acribillaron a los secuestradores, y llevaron a Augusto nuevamente a su campamento. Era muy irónico, tanto huir para al final volver.

—Una tal Xian te mandó esto, —Le dijo uno de sus paisanos, cediéndole una tortuga fosilizada—Es para que nunca los olvides.

Él tomó la tortuga con brazos débiles y desnutridos. Había olvidado hasta la última vez que ingirió comida. Se aferró a la roca, y soñó con Xeu, con ese gran amigo que nunca lo abandonó. Jamás lo olvidó, ni a él ni a su familia, porque gracias a Xeu la maldición se había roto. Y muchos años después, ya en su tierra natal, y mientras jugaba a la pelota con su fiel amigo Scott, pensó en que él había sido el más afortunado de su linaje… después de todo, el viaje a la guerra no lo llevó a morir, sino a conseguir una pierna robótica, pero sobre todo, a conocer a un verdadero amigo incondicional.

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[ENG]

✶✶NOTE OF THE AUTHOR✶✶

Dedicated to all those unconditional friends, who give their lives for others regardless of the consequences.


The Lost Lineage

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1

Night fell on the world, threatening as the dangers surrounding Augustus. The camp never slept, because the enemy was waiting for the right moment to remove the viscera. Augustus did not have it so easy. He had to run stealthily, unnoticed like invisible men. The sweaty and congested face, and bulging eyes, showed their despair; desperation to get away from wars, blood and deaths. He put everything he could into his backpack, and put his gun in, and stealthily abandoned his tent. Outside, soldiers like him kept wielding rifles, and others laughed and told jokes to try to forget the family that was waiting for them at home. Augusto could never forget her, even though he was only expected by his faithful friend Scott, with whom he once played to bring the ball.

Escaping was difficult, yes, but not impossible. He hastened his steps through the tents, hiding from time to time, because he knew that if he was discovered he would rather shoot himself than return to the battlefield. Death always waited in the explorations he did every day, among the large expanses of savanna that surrounded them. In these thick terrains, hidden mines scattered in disguise with the earth; Augustus had witnessed how many of his former companions, may they rest in peace, had gone from monumental men to a pile of bloody papers. He was afraid of all that, to the fact of killing or being killed ... he didn't want it, he just longed to go back to his green court home, and play ball with his four-legged furry friend.

At last he went as far as he could from the camp, penetrating the eternal expanses of those tropical forests. He was relieved, but restlessness still struck his chest with fists of fear. The moon showed him the way in the jungles that were authentic cobwebs; and he was like a tiny little fly, surrounded by hungry spiders. He walked attentively, slowly ... some false movement could make him pop like popcorn. He walked and walked, without looking at the battalion he had left behind. Then, tired as the donkeys without strength, he lay on the trunk of a tree, and was carried away by the dominating weight of sleep in his eyes.

He was awakened by the cold heat of the steel of a rifle sinking into his cheeks. He opened his eyelashes slowly, and the blurred vision was left behind with the unveiling of an Asian face, identical to the peculiar complexion of the Chinese. He was not surprised, he had invaded his domains. He was paralyzed like rocks, while his companion pointed and spoke in an indecipherable language. Augustus allowed some tears to flow from his eyes, and while still thinking of Scott and his resignation to death, he addressed his enemy without hesitation:

-Shoot at a damn time!" He shouted at the Chinese. "Come on! What are you waiting for!? I'm tired of you and this damn war!"

The unexpected escort slowly removed the rifle from his face. Augustus noticed that his enemy was putting it on his back again. But for some reason, the Chinese now looked at the ground that Augustus occupied lying on the tree trunk. He approached carefully, and extended his arm.

-On the count of three ..." The Chinese spoke, with perfect command of English" You will take my arm. Hold on tight, because I will pull your body.

-Why the hell would I do it? "Augustus was a crybaby, yes, but not a fool."

-Because there is a mine under you.

Augustus realized that he had really slept on a mine, and surely now he would accompany his friends in the underworld. His chest congested and the guts moved inside him like snakes. Obviously he preferred to take the enemy's arm to become cookie powder. Then, he grabbed his arm to that of the Chinese, and felt the pull that led him to be reborn for the umpteenth time. However, one of his boots left his foot and went to the mine, and everything went suddenly fire and deafness.

2

He woke up again, but this time he was surprised by the stars. He was on his back, near a river. The silver light of the night star bathed his body, while the flow of the current gave a fresh sensation to his ears. Everything was peace, so much peace that he thought of the fact that he was dead. And he really felt happy, because death was better than the sour taste of war. Although his happiness was short-lived, because suddenly, turning his head, he realized that the Chinese was watching him carefully, while chewing a piece of raw meat. Then real life came back to him like a bucket of ice water. He tried to get up, but could not, because suddenly he realized that something is wrong with his legs. Why did he feel he was missing one?

It was because he really lacked one leg. When he straightened his back with the help of his wounded arms, he saw that his right leg reached to the knee, and the rest was a bandage speckled with blood. He started screaming. He shouted loudly so that the world felt his pain. It was then that the Chinese put aside the piece of meat to cover his mouth and whisper in his ear:

-Shut up, if you hear us we'll both die.

The Chinese slowly removed the palm from Augustus's mouth, whose chest bounced again and again. When he removed his hand, Augusto shouted again.

-I said shut up! "The Chinese covered his mouth again" It is not so much. They can put another one in your country.

Augustus kept shouting for the hand that pressed hard against his lips.

-Do you want to see Scott again? Well, I also want to see my damn family again. We won't do it if you keep screaming like a little girl. "Those words puffed Augustus' heart."

¿Scott? How did you hear about Scott? Augusto really looked like a sea of ​​doubt. Then he calmed down a bit, and the Chinese slowly removed his hand.

-Eat. "Her Asian companion said as she handed him a piece of raw meat," she would have cooked it, but a fire would reveal our location. You need strength for tomorrow's trip. If you scream again, I will also have to bandage your mouth.

Augustus responded with tremors. Why did his freedom cost him so much? Now how would he play with Scott? I was definitely screwed, but alive. A fucked up alive ... was there something worse? He left the piece of meat to the flies, and began to cry. He thought of his father and mother, of his grandfather, and even, although he did not know them, of his grandparents' grandparents. All faithful fighters and defenders of the great homeland until the enemy's bullet invaded their heads. Augustus thought so much about his lineage condemned to battle, that he received the dawn next to the rooster's song. His companion rose immediately, and saw Augustus dead in life. He approached, and dragged him to the river. Augustus did not refuse, why oppose if he was practically dead?

Then the Chinese dipped his head in the river, and the water began to fill his lungs. It was like torture, because he buried his head in the aqueous liquid and took it out again and again in small periods of time.

-Want to die? "The Asian repeated when he pulled his head out of the water.

At first August was carried away, but the moment he noticed the seriousness of the matter, he began to struggle. It wasn't true, he didn't want to die like his ancestors, in a land he didn't belong to. If he was to die, he had to do it with Scott. Then he pleaded, and the Chinese threw him against the ground.

-I thought so. He told an Augustus he coughed bubbles. Everyone wants to die until they see the cadaverous face of death kissing their lips. Breathe, we will soon leave this damn place.

3

Augustus never thought he would ever go on the enemy's back. Who would have imagined that now he clung to the opponent's back like a monkey and his baby? He thought that this was only done by his countrymen, when many of them were hurt by bullets. Even so, why had the Asian been so cordial? It was a doubt that did not leave his thoughts alone. Upriver, the reeds stretched very high. The flames of the sun lit the roads and alerted the mosquitoes. The companion did not seem tired by the weight of Augustus on his back; He was a thin man, but very strongly.
When the star king was at the top, he decided to rest. He left Augustus on the floor and breathed calmly. He approached the river and wet his face. Then he prepared to charge Augusto again, only he did not allow it.

-Are you tired. "Said Augusto" I know I'm skinny, but my bones weigh like a fat man. It is better that you rest.

-You don't lie,"said the Asian" Yes I am tired, but if my people discover us, we will rest forever.

-Because you help me? "He dared to ask Augustus."

-Because you witness my escape. I deserted, and I know they are looking for me, as I know they are looking for you too. Only you can live, and with me they will not be merciful.

-I am Augustus. "He introduced himself suddenly."

-Well, they should call you crying. "His companion laughed weakly"

-What is your name? Augusto wanted to know. You are not like the other Chinese.

-I am not an idiot Chinese, I am Vietnamese. "The now Vietnamese replied."

-Nice to meet you, Vietnamese.

-I'm from Vietnam, that's why I'm Vietnamese asshole. " Augusto felt like a clumsy"

-Ah ...

-My name, my real name ... is Xeu.

-Nice to meet you, Xeu.

-Go to hell.

August laughed. He hadn't laughed in a long time.

-I deserted too. "Explained Augusto" I want to go home

-Well, you're going in the wrong direction, because we're going to my house. The river will guide us.

-Is it a kidnapping?" "Augusto didn't understand" Won't you let me go?

-The only way you can go home is to return to your camp. But I'm not so dumb to take you there.

-Your house then. Do you also speak english?

-Not only me. My father was from your country. He raped my mother and seized me as soon as I was born. He has mistreated me since I can remember… but when I grew up enough I killed the damn one.

Both laughed.

-I never met mine. "Augusto seemed saddened

—It's good, sometimes parents are usually morons.

The laughs returned.

-Are you a father? "Curiosity killed Augustus."

-Not a fool if that's what you're trying to insinuate.

-Fool not, a real father.

-Yes, father of little Xian and husband of Lue, the most beautiful womens in the world."Xeu took a picture from his bun; a woman and a girl were smiling in her arms. Look, these are them. He handed the picture to Augustus" I promised Xian that I would take a turtle on my return.

-And you have it? "Asked Augusto, looking at the girl in the photo.

-What? "Xeu looked surprised.

-The turtle.

-I got one that lasts forever. "Xeu put his hand back in his muffin to pull out a rock shaped like a turtle shell: he gave it to Augustus so he could look at it more closely.

-She will love it when you give it to her. "A chill seized Augustus's soul" she must miss you a lot.

-You don't know how much I miss her. "Augustus handed the picture and the rock to Xeu, and while he was protecting them in his bun he asked Augustus" Do you miss Scott?

-How do you know about him? "It was a question that had him discarded.

-When you were unconscious from the mine explosion," Xeu explained" his name was the only thing you said. He is your son?

-That's all I have. Simply, the best dog in the world.

—Here we have respect for dogs.

-They don't eat them? "Augustus asked smiling.

-I already told you that we are not like the damn Chinese!"

The laughs rumbled again, but this time they were accompanied by something else ... the sound of footsteps nearby. They both looked at each other, and Xeu aimed his rifle. Augusto wanted to arm himself too, but he imagined that his gun had disappeared next to his leg in that explosion. He had no choice but to stay down, while Xeu pointed to the direction where the steps came from.

The carrizal hid them from the battalion that began to parade very close to them. It was a hundred Vietnamese men, perhaps more, all wearing green paints. Augustus closed his eyes thinking about his home, his dog, and Xeu's family ... because he had also taken a place in his heart. At any moment, I would surely hear the sound of bullets. Xeu approached, and told him with signs that they should get away from there. They crawled carefully between the mount that grew like ears of corn, while still looking away from the military parade. Maybe they made some noise, because a trio of soldiers began to follow their trail. Luckily a pig came out among them and misled them, making them think that the animal was the one that had left the trail. After a short period that seemed like an eternity, silence rose again victorious.

-It is better that we continue or they will discover us." Xeu carried Augusto on his back again, who did not refuse his new friend's request.

4

They walked up the river, resting for moments. The enemy and its mines stalked them, but they were tireless. The night listened to the story of their lives, of the faithful dog and the daughter of great laughter. They shared so many experiences, that of friends they became brothers. And finally, when the village of Xeu was unveiled before them, they thought that this friendship was just beginning. Augusto knew that a long time was waiting for him in that place of houses with palms where he crossed the river. It was not what he wanted, it was not what he expected, but at least he would witness the reunion of Xeu and his family, and that made him happy because one day, Scott would receive him in the same way.

-When you try my wife's stew, you'll want to stay forever. "Xeu spoke with enthusiasm on his lips.

The Village seemed deserted, lonely, rather a ghost town. Xeu was surprised, so much that he began to murmur in his language. They went to his hut, and found her with the door wide open. The surprise was that his wife did not receive them, instead they were Vietnamese soldiers, who had surely invaded the village while waiting for the deserter Xeu. They pointed us with their rifles, and Xeu had no choice but to throw Augustus on the ground. Then the soldiers hovered over them, ready to fire.

One of them said something in his language, and suddenly Xeu's wife appeared next to her daughter, who clung nervously to her skirts. He could not contain the tears, and tried to run towards her, although he only reached the blows of the soldiers. Augustus looked at Xeu's despair, reflected in the trembling hands that longed to give little Xian the turtle-shaped rock. They would die, there, riddled with two innocent souls. Augustus thought of his cursed lineage, condemned to die outside his native country. He would do things the same ... but with a different ending.

-Tell them that you kidnapped me, "Augustus addressed Xeu, firm ... he had never been as brave as he was at that moment"and tortured me to get information. I refused, and you took off my leg.

-No, I will not." Xeu was resigned to die in front of his family. If we die, we must die together.

Augusto remembered some old phrase, shouted in a river by an unshakable Xeu. He decided to use it to restore sanity:

-Everyone wants to die until they see the dead body of death kissing their lips."

-but ... but ...

-I just want to go home with my family ..."Augustus did his best to make Xeu understand his plan.

Xeu looked at his family, and in tears he spoke in his language. They affirmed, and allowed him to reunite with his wife and daughter. Little Xian was so happy to see the fossilized turtle. They never stopped hugging, even when they pulled Augusto out of blows. It was the last time he saw them.

He complied, gave the exact location, and took him with them to verify his claim. He never stopped thinking about his friend Xeu or the touching reunion with his family. He cried, yes, he just longed to see Scott for one last time. His hairy and outgoing friend, the second after Xeu. He had not had a partner before ... he only received scorn from his own. He was so immersed in his life, he did not notice his demise. As Augustus thought, Xeu informed the American soldiers, and they did not hesitate to rescue his compatriot. They kidnapped the kidnappers, and took Augusto back to his camp. It was very ironic, so much to flee to finally return.

-One Xian sent you this, "one of his countrymen told him, giving him a fossilized turtle" It's so you never forget them.

He took the turtle with weak and malnourished arms. He had forgotten until the last time he ate food. He clung to the rock, and dreamed of Xeu, that great friend who never abandoned him. He never forgot him or his family, because thanks to Xeu the curse was broken. And many years later, already in his homeland, and while playing ball with his faithful friend Scott, he thought that he had been the luckiest of his lineage ... after all, the trip to war did not lead him to die , but to get a robotic leg, but above all, to meet a true unconditional friend.


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