La enfermera

La enfermera



El pasillo se encontraba totalmente solo mientras Miguel y yo caminábamos hacia el ascensor. Las luces iluminaban de forma inconstante algunos trechos del piso y el frío era opresivo. Eran las tres de la mañana, pero quería tener diversión con mi novio y alejarnos de la ajetreada emergencia.

Ambos éramos residentes, yo por medicina interna y él por cirugía, era una suerte haber tocado en el mismo turno.

Disimulando ante las cámaras de seguridad solo hablábamos cuando el elevador llegó a planta baja con un traqueteo. Nos subimos y presionamos el tercer piso, era el lugar más desolado y nadie nos interrumpiría; pero el ascensor no subió, sus puertas volvieron a abrirse. Presioné nuevamente y con un estrépito se cerraron aunque el elevador seguía sin moverse. Pasados unos segundos las puertas volvieron a abrirse, mostrando el pasillo que seguía solo.

Decidimos bajarnos e ir por las escaleras, no era extraño que el elevador no funcionara, pero cuando íbamos a salir las pocas luces del corredor empezaron a apagarse una a una mientras una sensación desagradable recorría mi cuerpo y erizaba los vellos de mi piel.

Por instinto corrimos hacia las escaleras que se encontraban al lado del ascensor, antes de que las luces se apagaran por completo. Subimos sin detenimiento hasta el tercer piso, ambos quedamos sin aliento. Al mirar la cara de mi novio comprobé que él había sentido lo mismo que yo.

El pasillo del tercer piso estaba solo como ya sabíamos, el área estaba en construcción, pero un golpeteo a la lejanía nos alertó de que había alguien cerca. Despacio y sin hacer ruido nos sumergimos en la oscuridad del lugar, olía a polvo y humedad.

Al acercarnos el ruido se intensificaba más y más, guiándonos hacia una habitación donde vimos una luz blanquecina que salía por una ventanilla.

Tras la ventana observamos como una joven con ropa de enfermera estaba sentada frente a una pared de cerámica blanca, golpeando su cabeza con ella una y otra vez sin detenimiento. La vestimenta, usualmente blanca, se encontraba manchada como de barro.

Asustada, retrocedí y choqué contra una cubeta que estaba en el suelo, lo que produjo un repiqueteo. Solo eso bastó para que la extraña girara su cabeza de forma antinatural, observó a Miguel con ojos totalmente negros y sonrió mostrando unos dientes amarillentos y afilados. Se giró hacia la ventana, moviéndose contorsionando los hombros y codos produciendo un sonido desagradable.

El miedo se apoderó de ambos y corrimos hacia donde entramos pero Miguel no podía pasar, como si una puerta invisible le prohibiera su salida, desde el pasillo lo halé fuertemente pero sus manos chocaban contra la barrera que yo no detectaba.

De pronto sus pies se elevaron del suelo y él grito de dolor, mientras la aberrante criatura descendía por la pared de la ventana como una araña con el pelo negro grasiento cayendo a ambos lados de su rostro, trate de acercarme a Miguel antes que ella pero él salió disparado golpeando su cabeza contra el techo y cayó al piso sin vida.

Estoy segura que grité fuertemente, sin embargo era como si estuviese muda, porque no percibí ni mis gritos ni mis sollozos. Salí corriendo, con lágrimas en mis ojos pero al llegar al pasillo principal una sombra me tomó por el tobillo y sentía debajo del uniforme clínico, como si me quemara. Arrastró mi cuerpo hasta la entrada de la oscura habitación, adentró vi como la enfermera se posaba sobre Miguel, devorando los músculos de su pecho.

Me puse en pie para correr una vez más pero algo oprimió mi garganta impidiéndome respirar. Caí de rodillas y perdí el control de mi cuerpo, ya no podía moverme.

Sentí las lágrimas cálidas correr por mis mejillas, el pánico me consumía mientras la enfermera que ahora tenía la cara llena de sangre se acercaba a mí. Escuché el latido de mi corazón mientras la bestia subía una mano como garra hasta mi mejilla.

Olía fétido y en su gafete resaltaba el nombre de Violeta. Poco a poco un dolor se fue intensificando en mi pecho, y mi rostro se fue volteando en contra de mi voluntad, hasta que escuché el chasquido de mi cuello al romperse y vi la macabra sonrisa de mí asesina antes de ser absorbida por la oscuridad.

Abrí mis ojos justo en el momento en que Miguel y yo esperábamos el elevador que llegó a planta baja con un traqueteo.

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En un inicio, esta historia era para el concurso de #microterror256 de @Trenz, pero llegué muy tarde al concurso y me fijé en este pequeño detalle luego de haber publicado, por eso la etiqueta. Así que decidí editar la historia y agregarle más detalles. En otra oportunidad espero participar en este grandioso concurso que tanto me gusta y me inspira a escribir.

Si deseas enterarte de que se trata, has clic
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Links de las imagenes

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Divisor y Banner editados por autor, en programa Photoshop Cs5.

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Queeeeeeeeeeeeeee, esto está muy bueno, estuvo intenso.

Me encantó.