Carmen, la diabólica | Escritos de una mente desequilibrada VI - II

in literatura •  11 months ago  (edited)

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Comencé a tener sueños otra vez con Carmen, vuelvo a ir detrás de ella hacia el sótano, no la encuentro y decido volver a subir, aunque ahora no grito ni me desmayo, y me veo a mí ahorcado sobre las escaleras. No me despierto sobresaltado, si no que despierto entumecido físicamente, pero el vacío que siento en mi interior es peor de lo que se puede esperar.

Andrades me comentó que igual comenzó a tener sueños con ella, es el único compañero que se quedó conmigo dirigiendo el orfanato, todos los demás se fueron, se entiende que lo hayan hecho, a pesar de que no pasaron por lo que yo. Por eso mismo creo haberme quedado.

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Hace un poco frío y estoy haciendo rondas para confirmar que los niños están durmiendo, o aunque sea están en sus camas, sin importar que estén hablando por lo bajo; no siempre se puede dormir en este lugar.

Llegando a la habitación de los niños, escucho murmullos, más de los usuales. Al entrar los veo en un rincón a todos, observando hacia la esquina contraria con terror, una figura pálida, pequeña, rodeada por una oscuridad que no tiene lugar, más espesa que la materia. No puedo moverme al verla, ella comienza a sonreír, arrancándole la cabeza a un muñeco Chucky antiguo que ha estado siempre en el orfanato, gesticula con los labios un nombre, y desaparece dejando el muñeco detrás.

Recuerdo ir en la mañana al orfanato para buscar los archivos, y no volver a salir. A mitad del día comenzó a llover, o eso parecía, porque el sol seguía en todo su esplendor. Al notar que el sonido de lluvia provenía del sótano, tragué fuerte y me dirigí hacia allí. Desde que había tomado el mando había querido colocar un interruptor de luz antes de bajar las escaleras, pero nunca lo hice. Me arrepentí como nunca de no haberlo hecho.

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Al tener todavía en la nariz olor de la sangre de la oficina de Andrades, no noté el olor a tiempo, pensaba que lo estaba imaginando, pero no. Al encender la luz, esperando encontrar una fuga en las tuberías de agua, mi sorpresa no fue poca al ver que lo que llovía era sangre; Erick, Ik, y Andrades, o lo que parecían ser sus cuerpos eran el origen de la lluvia, estaban sostenidos por cadenas del techo. Bajo ellos estaba Carmen, otra vez sosteniendo a Chucky.

Sin expresión alguna Carmen sentó a Chucky sobre una caja de cartón que se estaba deshaciendo, y sin moverse me sacó de mi cuerpo, mi alma separada de la carne que me unía a este mundo.

Vi como lentamente mi cuerpo fue convertido en un amasijo de sangre, carne, huesos y piel, sentí todo el dolor que me era causado, sin el descanso que la muerte puede ofrecer una vez que el corazón deja de latir. Sentí sus mordiscos, sentí como lentamente arrancaba mi piel en tiras, sentí la muerte una y otra vez, y la seguiré sintiendo mientras Carmen siga existiendo intemporalmente.

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de terror pero muy bueno

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