Incomprensible
La felicidad de la gente ilimitada reside en las fronteras del mundo fragmentado. El amor infinito está envuelto en la espesa manta de nuestros corazones. La luz de la virginidad brilla a través de la frontera inquebrantable, pero el alambre de púas no nos permite cruzar ni una pulgada de tierra. El perro, el señor del terrateniente, ruge. Y la felicidad eterna es la alegría de vivir en la casa donde se cortan los cadáveres, el deseo de vivir duerme para siempre. La terminología del dolor rodea un pecho con una mirada desconocida. ¿Quién dio el derecho de decidir construir un mundo eterno? Ay, si el hombre arrogante se conociera a sí mismo.