¡Opciones! ¿Qué será? #59
Aunque tenía mi mamá biológica, me crié con mi hermana, ella me preparó para el viaje, y me acompañó a inscribirme y a mi primer día de clases, era como si estuviéramos rompiendo con el cordón umbilical, aún recuerdo sus lágrimas, recomendaciones y bendiciones cuando me dejó en la residencia de señoritas donde me alojé.
Si algo aprendí de mi hermana fue a ser ahorrativa y disciplinada con el dinero, de manera que con lo que ella me mandaba, y con una pequeña beca que conseguí, gracias a mi buen rendimiento académico, pude ir ahorrando algún dinero, metía las monedas y los billetes en una alcancía, sin ninguna idea de qué iba a hacer con los ahorros, solo por si había alguna emergencia.
Para ir a la universidad, me despertaba temprano y así tomar el primer autobús que salía. Eso hizo que me ganara el nombre de la “Pasajera matutina de la Universidad”.
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Mi inocente corazón de aquellos tiempos tan bellos sentía que era mucho dinero, me parecía imposible que hubiera podido reunir esa cantidad, pero sobre todo me daba miedo perderlo, así que empecé a buscar qué cosa me compraba con mi fortuna.
Era de mañana, la brisa que venía del mar inundaba a la universidad, yo venía por el estacionamiento de la Facultad de Humanidades, dispuesta a tomar el autobús, para ir a la residencia, cuando lo vi, fue amor a primera vista, pequeñito como yo, rojo como una fresa, brillante y bello, sus cauchos como zapatos negros recién pulidos, y en un letrero pintado con marcador blanco en una puerta decía "Se vende".
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Y así lo hice, compré mi primer carrito con mis ahorros, aprendí a manejar muy rápido, y mi carrito rojo se hizo popular entre todos mis compañeros. Como me llamo Sol, le pusieron a mi carrito el nombre del “Sol-móvil”, entonces mi vida de estudiante se hizo mucho más cómoda y agradable.
Cuando pasaba por la parada de los autobuses, los choferes me decían: “Nos haces falta, pasajera matutina”; yo les tocaba la corneta, y seguía mi ruta hacia la Universidad.
Me gradué de profesora y me quedé trabajando en la Universidad. Por supuesto mi situación económica mejoró, me casé, pude comprar una casa, y tener una vida social acordé con mi estatus social de profesora universitaria, como era lo normal en aquellas épocas que algunos logramos vivir en sus postrimerías. Lo único que mantenía de mi época estudiantil era mi bello carrito rojo, al cual le había hecho muchos arreglos y adaptaciones para hacerlo mucho más cómodo y eficiente, pero todos mis colegas comenzaron a recomendarme que tenía que cambiar de vehículo, que ese ya era muy viejo, que ya casi no se le conseguirían repuestos, y bueno, una cantidad de razones muy valederas, que me llevaron a tomar la decisión de que tenía que venderlo; estaba tan bonito y en tan buen estado, que muy rápido le salió un comprador. Con el dinero de la venta y con otro dinero que había reunido, me compré otro vehículo más moderno y de mucha mejor calidad, pero como quería tanto a mi “Sol-móvil”, le pedí a mi esposo que hiciera la entrega del carrito a su nuevo dueño, para no ver cuando se lo llevaran.
Era de mañana, venía yo en mi vehículo nuevo entrando a un centro comercial cuando lo vi estacionado, sí, era él, mi carrito rojo, mi “Sol-móvil”, el que compré con mis primeros ahorros de estudiante, en el que me quedaba dormida estudiando, el que vivía repleto de libros y galletas, mi carrito rojo.
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-Te compro este carro.
-No, señora, yo no lo estoy vendiendo. Este carro me ha salido muy bueno, y no pretendo venderlo -dijo el señor.
-Ok, vamos a negociar, te lo cambio por el mío -le dije.
El señor me miró incrédulo y respondió:
-Señora, ¿usted está loca? Este carro no vale lo que vale el suyo.
-Precisamente -le dije -Es más, llévese mi carro, y deme el suyo; mañana nos vemos en la Inspectoría de Tránsito para hacer todo lo relacionado con la documentación.
El señor que había comprado mi “Sol-móvil” aceptó mi propuesta; y así cambiamos de carros. Cuando tuve las llaves de mi carrito rojo en las manos, sentí que volvía a ser la de antes; entonces pasé por la parada de autobuses, y uno de los choferes me dijo:
“Adiós, pasajera matutina, siempre en tu Sol-móvil. Dios te bendiga”.
Yo toqué la corneta, y seguí feliz hacia mi casa, sintiendo que nunca me desprendería de mi carrito rojo, que había sido el producto de mis ahorros juveniles.
Me gustaría invitar a @acostacazorla, @marcybetancourt y @genomil. Aquí la información
Que lindo final, solperez, hasta lloré por el carrito..
Gracias por tu comentario tan bello. Espero leer tu entrada. Un abrazo.
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Gracias por la verificación.
Oh my word! I had a “Pat-mobile”, a VW Golf, a green one and I know exactly where you are coming from in this beautiful story of yours.
It was my Alpha and my Omega. I would also not think twice about swapping my Discover for my green apple.
Thank you for entering this week's contest.
Good luck!
Así es, amiga, cuando hacemos sacrificios para comprar algo: nuestro primer carro, casa o teléfono, establecemos con esos objetos una conexión tan especial que sobrepasa lo material.
Gracias por tu cálido comentario.
Pleasure! 🎕
Congratulations for being a winner!
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Thank you.
💕
Wow, lo que hace los apegos.
Conozco esa sentimiento. Una hermosa historia querida @Solperez. Me hizo sudar los ojos. Je je je
Imagino tus luchas en esa etapa. Eres una campeona. Ahora entiendo mejor una frase que digiste en otro post. Sobre que te sientes completa porque haz logrado todo lo que te has propuesto.
Me encanto leerte. Ahora cuando vea un 'fiat tucan rojo' recordaré tú interesante historia.