El lector como estrategia textual (III): “Ekida” de Humberto Mata

in GEMS3 months ago (edited)


Para finalizar la breve serie sobre el lector en el texto narrativo [ver 1 y 2), presento el ejercicio interpretativo del cuento "Ekida" del escritor venezolano Humberto Mata, como puede verse en la reseña biografía, autor de una importante producción narrativa, en la cual se ha anotado una influencia de Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. El relato trabajado aquí apareció por primera vez en Pieles de leopardo (1978). No conseguí versión digitalizada; de modo que les ofrezco una versión escaneada por mí (de la antología de Barrera Linares) que he subido a Google Drive (ver aquí)

El escritor venezolano Humberto Mata Fuente

“Ekida” o leer el enigma

El título del cuento es una palabra extraña. Se inserta como un primer vacío en la enciclopedia del lector e inaugura la presunción de lo desconocido como expectativa.

El cuento comienza con la cita de un texto (texto en el texto), identificada por el entrecomillado. Se trata de una voz en 1ª persona singular registrada como escritura que data de un tiempo anterior ambiguo (“-escribí hace algún tiempo”). Sin embargo, subyace una relación comparativa con algo que aún está ausente para el lector: he allí su función estratégica. Esto lo deja saber el sujeto enunciador mediante referencias a una vida desarrollada en una ciudad que le es hostil, que renueva su aislamiento. La estrategia discursiva funciona a través de despertar en el lector el tópico (hipótesis temática que el texto puede presuponer o el lector formular, según Eco) de la ‘ciudad deshumanizante y creadora de soledad’, tópico que puede operar a partir de la experiencia vivida y/o por un cuadro intertextual dado en otros textos narrativos o audiovisuales. Pero, además, justifica el poderoso influjo de Daniela, personaje femenino a quien refiere el narrador protagonista o testigo (“... y advierto que Daniela domina mi mundo”), personaje que ahora entra a formar parte del mundo posible propuesto.

La manera de presentar a Daniela hará que el lector focalice su atención en ella de ahora en adelante. Se sabe del poder que ejerce Daniela sobre el sujeto enunciador, poder que se reviste de cierto carácter enigmático. Aquí la estrategia pareciera operar también por medio de la actuación de algún cuadro común e intertextual: ‘intimidad entre hombre y mujer’, y de allí al tópico ‘pareja amorosa’.

La frase de esta parte (“Se hace perentorio el regreso”), en tanto estrategia discursiva, dispara en el lector la hipótesis anticipatoria y una expectativa.

Reedición de Pieles de leopardo de 1992 por UNAM Fuente

El vacío con respecto a lo temporal y lo causal, es llenado al hacer uso de la regulación de la información, estrategia típica del suspenso. En la continuación del discurso del sujeto enunciador aparece un “ahora” inconcluso, con respecto al cual se puede ubicar aquel “hace algún tiempo”. Este “ahora” está signado por la muerte de Daniela, información transmitida de manera directa y casi abrupta, y que opera como estrategia discursiva dirigida a prever la competencia interpretativa. Suministrar este dato al comienzo posibilita en el lector la previsión de una historia misteriosa, expectativa que crecerá al leer la frase siguiente: “Así, muere o nace de nuevo lo que pudo ser una historia de amor”. Se confirma la proposición hipotética de la ‘relación amorosa’, pero se genera la pregunta provocada por la construcción ambivalente “muere o nace”. Podría funcionar nuevamente una correferencia intertextual en el caso de las relaciones amorosas truncadas por la muerte (por ejemplo, Romeo y Julieta).

Abierto este vacío-conjetura, el lector se prepara para conocer la historia diferida y, de algún modo, anticipada. Ya había sido usado el término ‘amistad’; actuaba con respecto a él nuestro diccionario básico pero también el cuadro común ‘amor simulado como amistad’; ahora el narrador-personaje (puede llamársele así) lo vuelve a utilizar, pero acota: “confusa y oscilante”, rasgo retórico que refuerza la actualización del mundo bosquejado hasta el momento. Se sabe que es una relación hecha desde la niñez “en un pueblo y un río”, lo que aclara la comparación espacio-temporal, gracias a la conexión interpretativa del lector. Retomando la referencia al río, ahora se amplía la importancia de ese dato que había sido señalado pasajeramente: “amamos silenciosos esa profunda y elemental vitalidad del Amacuro, que solíamos comparar con el leopardo”. La construcción, estratégicamente, activa nuestra enciclopedia y se hace sentir, retórica y estilísticamente. Reaparecen dos elementos preanunciados, caracterizadores de los personajes: “(...) con frecuencia añorábamos la soledad y la nostalgia”, lo que conduce a la inferencia de un modo de ser y un destino. A continuación otras frases acentuarán esta inferencia: “Crecimos en secreto con la íntima unión de quienes comparten inquietudes”.

La competencia interpretativa se dispone entonces, y ciertas construcciones discursivas se dirigen a prever, todavía difusamente, indicios del desenlace anunciado. Ello funcionará porque tales construcciones van armándose en el lector. Entre esas construcciones destacan: “(...) nuestras relaciones cambiaban mediante la sustitución del contacto directo por el recuerdo a través de objetos (...) y lugares".

Delta del Orinoco (Foto: Antolín Martínez)Fuente

El narrador, con un estilo confesional que seduce al lector, haciendo una suspensión de la narración, devuelve a una idea anterior: el regreso. Una eficaz estrategia textual. Establece una marcada diferencia entre el regreso como temor a la separación, que tenía en la niñez, y el regreso como encuentro, dado por su nueva experiencia de “esa otra forma de contacto que brindan los objetos”. Aquí puede intervenir un cuadro intertextual que coloca al lector en la hipótesis de una relación interpersonal revitalizada por una mediación. Nuevamente es nombrado el río, y de inmediato, entre paréntesis, se nos apunta: “el leopardo que fluye, como ella lo llamaba”. Recurso reiterativo que el lector fija, y que prepara la cooperación textual para configurar la imagen del retorno y la previsión de una respuesta.

Al inicio del cuento, se encuentra la primera referencia al temor del narrador, confirmada en la información acerca de la muerte de Daniela. Ese temor vuelve a aparecer (“el antiguo temor se apoderó de mí”) con la visita al pueblo de origen, pero se produce un vacío, pues dice el narrador: “...nada comentaré de ese temor”. Recurso que asienta la incertidumbre en la actualización del lector, y también la atención, como toda estrategia de suspenso. Se informa del desarrollo de la vida de Daniela: madre de un niño y viuda; del encuentro y la despedida “con un beso" y la remembranza de aquellos contactos de la infancia aparentemente desaparecidos. "Al menos, eso pensé entonces", acota. El lector sigue completando el cuadro de la relación amorosa no realizada y el mundo posible de estos personajes y sus características. Mas la última afirmación opera como un indicio contrario y refuerza en la cooperación interpretativa la previsión de un encuentro que no se sabe cómo se resolverá. La inclusión del fragmento de la carta enviada por Daniela al narrador revela las claves de la historia:

El pasado -decía- es mi única forma de vida. Alexander y yo pertenecemos a otro tiempo: él es el fruto del recuerdo y yo... Estuviste en mí como un amanecer continuo: fuiste el Amacuro que inundó mi cuerpo. Sin embargo, comprendo que ahora estamos más distantes que nunca. Alexander, sin ser tu hijo, es lo más bello que has podido darme. Completa, por favor, mi triste colección de recuerdos para la vejez: quiero un leopardo que sea como el río, todo un Amacuro para mí.

Fuente

Eficaz y pertinente estrategia discursiva. Complejo acto verbal que muestra la interioridad de Daniela y que reagrupa y sintetiza los elementos que venían rondando la lectura: a) el pasado (y su forma de manifestación individual: el recuerdo) como constituyente fundamental de la vida de Daniela; a través de esta reflexión, como transportándose en ella, se comprende al narrador. Se engarzan aquí, para la interpretación, los significados sueltos dejados por la confesión del sujeto enunciador, y que el lector había ido configurando como hipótesis sobre el personaje; b) la identificación del narrador con el río Amacuro. Se actualizan con ello los indicios que surcan al texto, y la competencia enciclopédica (básica e intertextual) del lector se activa para, cooperativamente, cargar de sentido tal identificación; esto conduce a otra inferencia, producida por c) la correspondencia simbólica río-leopardo, y la petición (por parte de Daniela) de un ejemplar de esa familia felina para completar su colección de recuerdos. Se convalida la hipótesis de una relación que se recupera y vivifica por la mediación objetual.

Con gran economía discursiva, y manteniéndose en una atmósfera de omisiones, el narrador informa que cumplió con el deseo de Daniela. Este recurso pone en juego una estrategia discursiva que introduce al lector como figura, con rasgos impersonales, en el relato. Se pasa a estar representado en el texto: el lector, “ese irreductible y ávido personaje”, calificado así por el narrador. El lector, a partir de aquí, es un evidenciado destinatario del relato: un narratario, para decirlo con un término formalizado. El narrador teje una trama de imprecisiones y fluctuaciones acerca de la “razón exacta” que determinó “esa no poco extraña petición de Daniela”, para declararse finalmente fracasado, y, en consecuencia, delegar en “el lector” el compromiso de la respuesta, pues -dice- “quizás sea la única persona capaz de coronar exitosamente esta investigación”. Además de funcionar como una estratagema del discurso que delinea la competencia modélica del lector de este cuento: lector buscador, que llena los vacíos e indeterminaciones del relato, se estaría frente a una estrategia metatextual que reafirma la concepción del lector como productor del sentido del texto, por eso la última expresión citada.

En la trama de oscilaciones indicadas, una expresión destaca para constituirse en indicio: habla el narrador de las hipótesis construidas con “los detalles mágicos que acompañan a todo el que ha vivido en la tierra de los warao”. Ese elemento, perdido entre muchas otras consideraciones, posibilita al lector fijar su atención, cuando el narrador hable de la revista Cocuina y exprese su agradecimiento por servirle de puente entre su vida y la del Delta, en el detalle: “(...) y la imagen del nombre que ocasionó este texto”. El lector deberá poseer en su ‘diccionario’ el significado del término warao “Ekida”: animal. Y allí, de nuevo, la clave del sentido previsto, al cual nos dispone el relato por medio de tal estrategia discursiva.

Ocaso en Delta Amacuro Fuente

Un trayecto narrativo, sustentado en la información suministrada por la revista señalada, permitirá conocer de la muerte del niño en las aguas –ahora fangosas– del caño Amacuro, y de Daniela despedazada por el leopardo en su jaula. El recurso de la revista actúa como estrategia textual para reforzar la impresión de lejanía e inocencia del narrador, lo que se remarcará en expresiones de la publicación que hablan de un desconocido remitente de la fiera. Esta aparente impersonalidad informativa prepara para reactivar y confirmar la hipótesis de un plan pensado por Daniela para reencontrarse con su río, su pasado, su enamorado, y que había hallado “complicidad” en el personaje-narrador. El lector, modélicamente previsto por las estrategias descritas, construye su sentido: el niño, don del recuerdo en Daniela, es ahora río; Daniela, despedazada por el leopardo, es también leopardo y río, encarnando la metáfora fundante. Ambos se funden por estas acciones simbólicas, casi rituales, en el personaje-narrador; por eso dirá al final: “Daniela Tobeina, he regresado”. Se confirma la inferencia del retorno, al modo mítico. El personaje-narrador también ha muerto, al ser matado el leopardo. Ha muerto o nacido la relación amorosa.

Coda

El conocimiento de una amplia muestra de la producción cuentística venezolana contemporánea permite inferir la existencia en ella de una preocupación creciente por el fenómeno del lector, especialmente a partir de la década de los 70 del siglo XX. Ha experimentado un desarrollo que incorpora conscientemente la función pragmática del texto a la creación literaria. Quizás los momentos fundacionales de este proceso se encuentran en cuentos producidos a finales de los años cuarenta y durante la década de los cincuenta, tales como “Arco secreto” de Gustavo Díaz Solís, “La mano junto al muro” de Guillermo Meneses y “¡Como Dios!” de Antonio Márquez Salas.

Los cuentos tratados en esta breve serie –“Chicle de menta” y “Ekida”- se ubican entre las décadas de los 70 y los 80. En ellos, como se quiso demostrar, la cuestión del lector y la puesta en texto de estrategias de la cooperación interpretativa ocupan una función relevante.

Referencias bibliográficas:

Barrera Linares, Luis (1992). Memoria y cuento. Treinta años de Narrativa Venezolana (1960 - 1990). Caracas: Contexto Audiovisual 3.
Eco, Umberto (1987). Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo. (2ª ed.). España: Edit. Lumen.

Gracias por su atención.

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Hola José, qué coincidencia, acabo de leer un texto de José Balza sobre ese libro de cuentos de Humberto Mata, muy interesante tu lectura y se nota que te refieres a un relato que por las citas se ve que es muy bueno y sugerente, abrazos.

Hola, amigo. ¡Qué grata coincidencia! Creo que Humberto mata fue (es) uno de los mejores cuentistas venezolanos de las tres últimas décadas del siglo XX (lástima que su posición progubernamental lo oscureció un poco en los tres lustros finales de su vida). Agradecido por tu lectura. Saludos.

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