Un aplauso de mil dólares - Parte 2 | Relato verídico

in VDC4 months ago

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Un encuentro tan improbable como extraordinario, que le demuestra a Abel Valdiviezo que no todo en el extranjero es dificultades y tristeza. También pasan eventos tan inverosímiles como este.

Hablaron de todo, de sus premios, viajes, conocimiento y de arte, mucho arte. Plinio mostraba sus fotos guardadas en en su celular y Abel, Abel ya había mostrado su talento, no podía bailar a cada momento, pero también le contaba sobre sus experiencias en Santander, el departamento colombiano que los recidenciaba a los dos.

La conversación se extendió por casi una hora. El versado fotógrafo, mostrando su sencillez y humildad característica, le ofreció un aventón hasta la casa donde vivía el joven bailarín, pero también versado en su ídolo de toda la vida, Michael Jackson, (porque Plinio podía saber lo que quisiera de fotografía, pero Abel sabía todo lo que un ser humano podía saber sobre el Rey del Pop).

Abel bailando en el evento "Arte al parque", en Floridablanca, departamento Santander, Colombia.

La velada había sido muy amena para ambos y Abel, mientras veía las fotos que Plinio le enseñaba orgulloso, soñaba despierto en cómo sería una sesión de fotos con él y lo que podría valer. Algún día , —se dijo para sí— me pagaré una sesión de fotos como esas y las subiré a mis redes sociales, haré mi pendón y mejoraré mis tarjetas de presentación.

Se subieron al carmesí sedán de Plinio y siguieron conversando calurosamente estos dos artistas y cuando ya Abel se bajaba del auto, el cincuentón le dijo al veinteañero:
—¿Te gustaría que le tomara unas fotos a Michael Jackson?

Abel no supo que responder y solo atinó a decir:
—¡Claro! Encantado, Un día de estos.

Plinio le dijo:
—¿Que tal mañana? Debo viajar, no sé cuándo esté por aquí de nuevo y soy de los que creo en que las cosas se hacen de una vez, sin postergar. Algo me dijo que me detuviera, que te aplaudiera y que te invitara a cenar y algo me dice que te regale esta sesión de fotos. ¿Te animas?

Abel, sin dudarlo, pero sin creer que fuera verdad lo que le estaba ocurriendo, dijo que sí.

Llegó a la casa, tarde, al menos es lo que pensaba su tío que lo esperaba y que sabía que esa no era la hora de llegada de Abel. Se preparaba para salir a buscarlo, pensando que quizá su sobrino, podría haberle pasado algo malo. No podía estar más equivocado, su sobrino toca la puerta, él abre y lo que ve es una enorme sonrisa de oreja a oreja en los labios del muchacho. Sí, efectivamente le había pasado algo a su sobrino, pero no precisamente malo, era todo lo contrario. Entraron a la casa y le empezó a contar todo lo que les acabo de relatar.



Original G.S. Bilbao

Una versión más corta de este relato participó en el concurso literario "Latidos del exilio" organizado por la revista digital The Winwood Times.

Las imágenes son fotos reales de mi sobrino, el joven Abel Valdidiezo en Colombia. Capturadas con un teléfono Samsung Galaxy J5 Prime


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