Sentires
Los últimos acontecimientos en nuestra Venezuela me han apartado un poco de aquí y de otros lugares donde suelo compartir.
Han sido días de mucha reflexión. He pensado una y otra vez en el caos que estamos viviendo, intentando encontrarle algún sentido.
Los sentimientos se han alborotado dentro de mí y he tratado de ponerles nombre para entenderme mejor. Al final creo que no sirve de mucho. La vida siempre termina sorprendiéndonos y enseñándonos algo nuevo, incluso en medio del dolor.
El primer sentimiento que logro identificar es la impotencia. Aunque intento hacer pequeñas cosas para ayudar a alguien, siento que nunca es suficiente, que no está en mis manos marcar una verdadera diferencia. Esa sensación me conduce inevitablemente al dolor.
Procuro no pasar el día viendo las imágenes dantescas que circulan por las redes sociales. Sin embargo, también comprendo que, en esta tragedia, la tecnología ha marcado una enorme diferencia.
Todavía, una semana después, gracias a los avances tecnológicos y al extraordinario trabajo de nuestros hermanos rescatistas llegados de distintas partes del mundo, ha sido posible detectar señales de vida bajo los escombros. Eso ha cambiado incluso la manera de realizar los rescates. Antes, transcurridas las primeras setenta y dos horas, las esperanzas disminuían y comenzaban a utilizar maquinaria pesada para retirar los restos. Hoy todavía existe la posibilidad de encontrar sobrevivientes.
Pensar en ello despierta en mí un profundo agradecimiento.
Me preocupan especialmente los niños que han sido rescatados. Ellos representan el futuro, la sonrisa de nuestro país, y me angustia imaginar que puedan quedar desprotegidos o que sus familiares no aparezcan. Ese pensamiento me llena de temor y de sufrimiento.
También siento incredulidad al observar las prioridades de quienes tienen la responsabilidad de organizar el país. La mala gestión y la indolencia hacia nuestra propia gente me producen indignación, molestia y rabia.
Hay muchas otras emociones que van apareciendo. Miedo por el día después de quienes lograron sobrevivir. Pena por el vacío que dejaron quienes ya no están.
Y, aun así, también encuentro espacio para la esperanza. La solidaridad de tantas personas ha demostrado que la bondad sigue existiendo. La entrega de los rescatistas, de los voluntarios y de quienes ayudan sin esperar nada a cambio nos recuerda que todavía hay motivos para creer. Sus palabras de optimismo consiguen sostenernos cuando nosotros solo tenemos dudas.
He sentido una enorme sorpresa al contemplar la inocencia de algunos niños que han vuelto a la vida después de permanecer atrapados durante días. Su capacidad para sonreír en medio de tanto dolor es una lección que difícilmente olvidaré.
Pero también llegan momentos de desesperanza. El tiempo avanza, las posibilidades disminuyen y debemos prepararnos para honrar la memoria de quienes quedaron para siempre bajo los escombros. Permanecerán en nuestros corazones como un recuerdo imborrable y como un doloroso ejemplo de lo frágil que puede llegar a ser la vida.
En medio de todas estas reflexiones he llegado a replantearme mi relación con la naturaleza.
Siempre ha sido mi guía y mi maestra. En ella he encontrado refugio, serenidad y respuestas. Sin embargo, hoy siento que también me ha mostrado su rostro mas cruel, y por momentos he llegado a sentirme traicionada.
Miro hacia atrás y descubro que no es la primera vez que la naturaleza marca mi vida.
Cuando tenía siete años viví el terremoto de Caracas. Recuerdo cada detalle como si estuviera ocurriendo en este instante. Estaba en casa de unos tíos, lejos de mis padres, intentando comprender qué estaba pasando mientras todo se movía a mi alrededor. Quizá aquella experiencia me hizo más fuerte sin que yo fuera consciente de ello.
Años después viví el huracán Andrew en Florida. También fui testigo de incendios, inundaciones, tormentas y otros terremotos.
La naturaleza está viva, tanto como nosotros. Tiene sus propios ritmos, su fuerza, sus silencios y también sus arrebatos.
Quizá el problema sea que no hemos aprendido a escucharla.
No somos los dueños del planeta. Compartimos este mundo con miles de especies que ocupan únicamente el espacio que la naturaleza les concede. Nosotros, en cambio, seguimos invadiendo cada rincón que deseamos sin detenernos a pensar en las consecuencias.
¿Nos estaremos autodestruyendo?
Son solo pensamientos que nacen de una mente inquieta, preguntas que no tienen una respuesta definitiva y que hoy sentí la necesidad de compartir con ustedes.
¿Alguna vez se han detenido a replantear su relación con la naturaleza?
Yo sí.
Cada día lo hago con más frecuencia. Sé que una sola persona difícilmente puede cambiar el mundo, pero sí puede cambiar su manera de habitarlo. Tal vez la conciencia también se construya así.
Tan solo nos pide pequeños gestos, unidos que terminen marcando la diferencia.
La imagenes contenidas en este post fueron creadas con IA de Canva
Hola amiga, creo que la mayoría compartimos tu sentir, aun no asimilamos el cumulo de emociones encontradas que tenemos y no puedo ni siquiera imaginar como se sienten los que han perdido a sus seres queridos y escarban los escombros con sus manos para encontrarlos.
La naturaleza no nos ha traicionado, es una ley que toda acción tiene su reacción; y tal vez ella lleva mucho tiempo acumulando las acciones del ser humano y estos son los resultados de su reacción.
Finalmente, creo que todo tiene una razón de ser, incluyendo esta catástrofe, solo que el dolor que sentimos no nos deja ver.
Continuemos en oración por todos ellos, por nosotros y por el país entero.
Saludos, un fuerte abrazo.
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Hola @evagavilan, que bueno leerte y saludarte a través de esta red que compartimos.
Al igual que tú, en estos días tenemos varias emociones a flor de piel. Veo la bondad en tantas manos y la importancia de que todo parece suficiente es la eterna constante.
Nunca me he preocupado de mi relación con la naturaleza. La respeto y admiro su grandeza, su forma de hablar y sus silencios.
Nunca la he visto mala ni cruel todo lo contrario veo al hombre permanentemente queriendo dominarla y tratando de someterla y cada cierto tiempo ella responde a su manera.
Ojalá este mensaje violento nos permita pensar en los lugares que estamos invadiendo de manera inapropiada. Ojalá la solidaridad y generosidad siga prevaleciendo para los que más necesitan.
Gran abrazo.