No estoy seguro...

in #cuentos7 years ago

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  • Pues…Ahora mismo…No estoy seguro ¡qué digamos! – Puntualizó Juan mientras meditaba, en medio de una discusión que mantenía con sus vecinos de toda su vida.
    Se le notaba un cansancio bestial, irritado al igual que los demás.
    José -su vecino del lado derecho, de su casa- junto a Tomás que vivía en el lado izquierdo de la casa de Juan.
    Han padecido varios días sin el fluido eléctrico, y esto los mantiene en una constante zozobra. Con intensas ojeras en sus rostros, clara evidencia de este tipo de sin sabores, sudor sobre sudor…Nada agradable, por cierto.
    El calor intenso que se sufre en esta zona tan tropical, los zancudos….
    Y el: “mami tengo hambre. Papi tengo calor” es el llantén perenne de sus hijos. Es interminable ese martirio.
    Era pleno día, con un sol radiante, allá arriba en los cielos y un tanto caluroso (acá en la tierra), pues estamos en plena Semana Santa en este mes de abril del 2. 019.
    Estaban reunidos en la cocina de María, la esposa de Juan, quién les contemplaba y les preparaba café para todos ellos, Elena la esposa de José, también estaba aunque un tanto retirada, pero siempre pendiente de lo que estos charlaban.
    Y no era otro tema, más que el que los apremia: Los apagones.
    La inseguridad, tanto alimentaria como social. Los constantes vaivenes que para estas fechas mellan la paz familiar de todos por igual.
    Ya llevaban parte del mes de febrero, marzo y lo que llevan de abril, casi en penumbra total. Por todas las calles, se nota el mismo panorama. Una dejadez abismal. Una sensación de abandono. Una desidia paranoica que hilvana la tensión nerviosa de toda una población sometida a este tipo de eventos bestiales y catastróficos.
    Ya están sometidos a los rigores de tantas carestías.
    Un caos en desarrollo.
    Durmiendo prácticamente en la calle. Con hamacas, colchonetas, sábanas y todo regado en la periferia de sus viviendas, pues al no contar con el fluido eléctrico… ¿Cómo podían beneficiarse con sus aparatos de aire acondicionado o con ventiladores…?
    La indisposición era general…Y este grupo de vecinos, no escapan a su destino…Incierto, por cierto.
  • …Yo creo que…Esta gente (y me estoy refiriendo a los señores que manejan los hilos del poder, en Venezuela.) no la están pasando “mal” ¡tal como nosotros! “los patas en el piso” (cómo ahora mismo, ¡somos todos nosotros!) Esto que nos está pasando a nosotros…No se lo deseo: ¡Ni al peor de mis enemigos! - Gesticulaba José mientras que Juan y Tomás, lo observaban.
  • Estamos de acuerdo. – Respondieron casi al unísono José y Tomás.
  • ¡No qué va! – Les interrumpió Elena, quién estaba atendiendo a su niñito de escasos años. - ¡Ellos no están padeciendo lo que nosotros, estamos soportando! – Elena calló al ver el nivel de impotencia que mostraba María, quién desde la cocina comenzó a “cacerolear” con frenesí, utilizando uno de sus cuchillos grandes, golpeando sin cesar sus ollas.
  • ¡Esos son unos vividores! Siempre han vivido a costilla nuestra.
    ¡Y eso me tiene muy enojada! – Su marido le celebró su demostración, mientras sus vecinos la aupaban…
  • ¡María concejal! – Repetían en medio del barullo que ellos mismos formaban.
    Luego hubo un momento de silencio, tiempo el que aprovechó Juan para hacerles un aviso gráfico de que lo esperaran que él pronto seguiría con su exposición. Los demás comenzaron a buscar un punto de apoyo, mientras este arrancaba en su perorata…
  • …Yo creo que estamos en: ¡Tremendas disyuntivas!
    …Y explico el por qué…De los porque…
    Como todos sabemos. La situación está llegando a un “punto muerto” espacio en el cuál…Esta confrontación (Digo “confrontación” y no: “Guerra Económica”, tal como pregona este comunista gobierno.)
    …Pienso (Y luego existo…) que: Estamos llegando a una especie de “Caos” pues no creo que ni el gobierno, (cómo tampoco, nosotros: El pueblo) estemos sacando algún provecho que digamos…
    Este caos, está desgastando a todos por igual…
  • ¡Más a nosotros: “El pueblo llano”! – Lo interrumpió rápidamente Tomás, mientras ocupaba de nuevo su sillón. Todos asintieron.
  • ¡Cierto! Muy buena tu acotación, vecino.
    ¡Pero! “Alguien” se estará lucrando con esta: Desfase, digo. – Intervino José.
  • ¿Quién será…? – Les preguntó intrigado Juan.
  • …Serán: “Los de ojos rasgados….” – Respondió José.
  • Los rusos. – Acotó Tomás.
  • Y los cubanos también. – Agregó Elena, quién ya se estaba acercando al grupo.
  • Los colectivos... – Agregó María.
  • Claro está…Los cubanos están allí. Cómo también el narcotráfico, la guerrilla colombiana… ¡Y quién sabe cuánto diablo más! – Agregó José desde su ángulo de observación.
  • …Lo cierto del caso…Es que todos esos demonios, juntos, solos o revueltos: Son perversos. – Razonó Elena. - (Son unos demonios)
  • ¡Hummm! – Ratificaron en mayoría.
  • Pero también el pueblo: Peca. ¿Y por qué lo afirmó…?
    ¡Por que se presta al mismo jueguito! (Pueblo destruyéndose así mismo.) Ya sabemos que muchos se están prestando al comercio ilegal, compran un bulto de arroz por una miseria…Y luego lo revenden ganándose más de quinientos por cierto de ganancia…Y un poquito más… - Finiquitó Juan. – (¡Qué se sepa! A lo mejor…Ganan mucho más, y nos están desangrando a nosotros… ¡Mismos!)
  • …Pero eso es ya: Conciencia de cada quién… - Sentenció José.
  • No. Esa es una patraña del mismo gobierno. Ellos son los que deben velar por el fiel cumplimiento de la ley. – Afirmó Tomás.
  • Pero no lo hacen. – Le refutó Elena.
  • ¿Y saben el por qué…No lo hacen…? – Les consultó Juan.
  • Porque es una estrategia del mismo gobierno. – Resolvió José.
  • ¿Entonces…? – Se preguntó en voz alta Juan.
  • No somos nada. – Resolvió María, mientras les indicaba que ya el café estaba listo y que cada quién se fuera acercando con su taza en mano, para ella poder servirles. – Vengan pues…
    Interrumpieron su diatriba. Se dedicaron a colocar cada uno su taza, retirarse y saborear el rico humeante. Mientras tanto…
  • Pero los gringos tampoco hacen nada…Qué digamos. – Afirmó Elena visiblemente molesta.
  • Ese no es peo de ellos. ¡Es nuestro problema! – Le afirmó Tomás.
  • Los políticos serán siempre eso: Políticos. – Aseguró José.
  • ¿Y los militares, qué…? – Les preguntó Tomás.
    Hubo un silencio generalizado. Cada quién determinó más importante dedicarse a beber su ración con la delicia indicada.
  • …Esos son (y lo han sido siempre) ¡Unos parásitos! – Les afirmó Juan, visiblemente seguro de sus palabras.
  • También son: Humanos. – Concedió María.
  • ¡Unas ratas! Eso es lo que son. – Afirmó Tomás. - ¿Se han fijado en Costa Rica…? ¡No tienen ejército! ¿Y para qué mantener a “esos bichos”? Raros…Por cierto… - Afirmó con evidente disgusto Juan. (Si fuera por mí…Ya no existirían.)
  • El caso es que el comunismo, puede vivir en una democracia…
    ¡Pero en el comunismo no puede existir ¡la democracia! – Finiquitó Tomás en forma determinante. – (¿Qué de cosas…No…?)
  • …Así son las cosas… - Finiquitó Juan, dando por concluida aquella improvisada reunión…Pues la ración de café…Ya había sido concluida…Y hay que salir a buscar comida…Pues nadie puede asegurar cuánto tiempo puede durar la luz…
    (Pero hay que comer. Por lo que es importantísimo…Buscar la comida. Al precio que sea…Claro si hay dinero para comprar…)

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