Un sueño comentado | Cuento (14 y final)

in #cinelast year

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14
Esa noche descansan para seguir la travesía al día siguiente, apenas el sol despunte entre los árboles. Encienden dos fogatas a las que alimentan de conchas de cocos para ahuyentar los mosquitos torturantes, y se disponen a pasar la noche de la mejor manera posible. Las mujeres prefieren permanecer en la embarcación, al igual que dos o tres hombres con el manifiesto propósito de custodiar su virtud (la de ellas), al menos eso dicen aunque nadie les cree. La verdad es que las condiciones a bordo no han sido propicias, hasta ahora, ni lo serán en adelante, a las expansiones amorosas: la embarcación, suficiente para transportarlos y alojarlos, se muestra inadecuada para la intimidad.
El viejo –más que flaco, reseco, de ojos redondos e inexpresivos–, luego de comer de las raciones de los viajeros, se queda adormecido contemplando las llamas de una de las fogatas.
Pasanni ha intentado escribir la versión definitiva de la historia que le entregó el poeta caraqueño, pero las palabras se le escapan en la intangibilidad de las ideas. Con desaliento, cierra el cuaderno de tapas azules donde ha emborronado unas pocas oraciones. Mira al viejo sentado a pocos pasos de él. Por un momento cree entender que la noche los contiene sólo a ellos, ellos dos y el fuego; el resto: sombras, humo, fantasmas, simulacros; la selva, los caños, el barco, su capitán y los demás ocupantes, formas insustanciales que él ha convocado. Pronto, hasta el viejo y las mismas llamas –la luz y el calor, tan distantes y ajenas– le parecen una trivial fantasía destinada a desaparecer tan pronto su atención se distraiga. Y, al final, estará él solo.
Pasanni quiere rodar algunas escenas entre los escombros si es necesario, con la seguridad de que las cosas comenzarán a andar bien si lo logra. "Todo es arrancar", dice para animar a su alicaído grupo. Pero los desacuerdos y accidentes son inevitables. La embarcación misma parece agotada de luchar contra el agua revuelta de los caños que
arrastra malezas, troncos, ramas, vegetación muerta y putrefacta que termina por detener la máquina, por apresarlos en un recodo bajo la sombra de árboles gigantescos.
Durante dos días viven una pesadilla de calor y mosquitos mientras el capitán, envuelto en grasa y combustible, se afana en ponerlos otra vez en movimiento. La segunda mañana Pasanni es despertado por los gritos de una de las actrices: ha descubierto una araña en uno de sus zapatos y sufre una crisis nerviosa. Ese mismo día varios actores se enferman del estómago por comer frutas que han recogido de los alrededores. En el vestuario descubren
manchas de humedad. Horrorizado, el camarógrafo observa cómo crece y se desborda un hongo fluorescente en el interior de las latas de película virgen.
El capitán Labejdiam también le da problemas. Oscila entre la apatía y los accesos de furia alcohólica; en uno de estos ataques inicia una pelea con el camarógrafo que, finalmente, resulta mal herido.
Pasanni comprende que todo es inútil. Ordena volver. Llegarán nuevos días, dice en su diario, otras auroras en las que transformaremos los fracasos en triunfos. Se marchan, siguiendo ahora la corriente hacia el mar abierto, sin lograr ver el lago de asfalto.
Detengo la lectura. Las imágenes se desvanecen en las sombras que me rodean. Tocan a la puerta y, sin levantarme, grito que entren, que la puerta está abierta. Ante mí se presenta el funcionario que estaba en el muelle cuando las aves depositaron la embarcación en las aguas.
"¿Encontró los informes médicos sobre el capitán? Estoy muy apenado –dice–. Sus desórdenes nerviosos no deben hacerse públicos". Le aseguro que no utilizaré esos informes, sólo me servirán para tener una visión clara y completa del asunto.
(¿Cuál asunto? En el sueño parece que sé de lo que estoy hablando; sin embargo, mientras más lo pienso, más confundido me encuentro. Me he ido transformando en una especie de investigador que establece conexiones entre hechos aparentemente separados, pertenecientes a esferas distintas. Relaciones apenas intuidas tejidas por el hilo de la conciencia soñadora: un ojo y una voz que registra y relata lo que no comprende: redes, nudos, espacios vacíos. Y, sin embargo, sé que hay una trama secreta, un centro que se me escapa, una puerta verdadera entre tantas falsas)
Y luego, de repente, despierto.


Gracias por la visita. Vuelvan cuando quieran.


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