El sentir Vinotinto

in #cervanteslast year

Es oficial, mi amada Vinotinto queda fuera de la Copa América 2019 luego de perder 2-0 ante la selección Argentina. Me limitaré a comentar únicamente que aún sabiendo que merecían más estoy completamente orgullosa y agradecida con mi selección, porque si de algo estoy segura es de que lo dieron todo por llegar a cuartos. Y está bien, tal vez de alguna forma pudo esperarse el resultado teniendo en cuenta que Argentina ha sido de las favoritas desde hace mucho, pero hemos visto a la Vinotinto ganar y empatar a la albiceleste en los últimos años, además de que todos hemos sido testigos del nivel que ha demostrado la selección venezolana.

En honor a mi amor por la selección, quiero compartirles la vez que fui testigo de un encuentro Venezuela - Argentina en el estadio Metropolitano de la ciudad de Mérida:

La propuesta:

Con lentes, a mi izquierda Alfredo, amigazo desde el kinder. También había entradas con los nombres de Angel, Rosana y Henry (Que no pudo ir al final).

En Junio de 2016 asistí como de costumbre al cumpleaños de mi amigo Alfredo, donde me comentó que él y su hermano habían comprado todas las entradas que pudieron para el para ver a la Vinotinto en Mérida y que estaban comenzando a planear el tour "Una de esas entradas tiene tu nombre", me dijo. Cabe destacar que los Rodríguez no son cualquier tipo de fanático, y han acompañado a la selección por todo el continente.
Por mi parte, aunque ya tenía casi 21 años jamás había salido de mi pueblo sin mis padres y este sería mi primer viaje con amigos.

La logística:

Una vez sacado el permiso, comenzamos con toda la planificación: ahorros, hospedaje, comida, –y por supuesto las peleas–. Mérida queda a unas 16-18 horas de mi ciudad así que tendríamos que irnos al menos un día antes para estar a tiempo y buscar un lugar para pasar las noches.

Al final decidimos que estaríamos 5 días para poder disfrutar también de la ciudad antes del juego, además el país estaba como de costumbre en crisis y no queríamos que ningún inconveniente nos truncara la aventura. Nuestro plan se basó en: Conseguir un lugar barato y llevar los bolsos repletos de comida para ahorrar en el almuerzo lo que íbamos a despilfarrar en comida chatarra para la cena.

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Encontramos un apartamento disponible y súper barato donde pasamos los primeros tres días y luego nos cambiaron a otro mucho mejor que quedaba más cerca del terminal porque otras personas insistieron en cambiar con nosotros. También acabamos con los pastelitos de la panadería "La Croacia" que quedaba justo debajo y las obleas con arequipe del mercado turístico.

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Hicimos varias cosas, pero de las mejores fueron la visita al bosque de pinos, los paseos en la plaza "Las heroínas" de noche y el reencuentro con mi amigo Alejandro, que terminó en una fiesta en el apartamento y un trasnocho gratuito.

El gran día:

Intenté dormir por lo menos una hora, pero fue imposible porque el dueño del apartamento llamó para avisar que haríamos el cambio un poco más temprano así que debimos apurarnos en recoger todo el desastre de la noche anterior y juntar de nuevo las maletas; a las nueve de la mañana ya nos habíamos acomodado en un apartamento mucho mejor que el anterior y estábamos comenzando a preparar todo para irnos al juego. En una hora ya estábamos reunidos con el resto del grupo recorriendo licorerías y supermercados para recolectar todo lo necesario para la experiencia, me llamó la atención que muchos de ellos estaban comprando bolsas negras de basura por si llovía –pero igual hice la novatada de ignorar la recomendación porque llevaba un suéter–.

A mediodía, la fila daba a unas dos o tres cuadras más allá del estadio. Por supuesto que íbamos a prueba de todo, llevábamos provisiones para aguantar la cola y nos las ingeniamos para poder entrar con la cámara, y una que otra cosa para pasar el partido pero tuvimos que dejar fuera la pancarta.

Luego de muchas horas en cola logramos entrar al estadio y acomodarnos para disfrutar del juego; para ese momento ya estaba empezando a quedarme ronca y me dolía un poco la cabeza, pero el entusiasmo de ver a la selección calentando me decía que era cosa del momento.

07:00pm: Comienza el juego:

Y me sentí más venezolana que nunca, por primera vez lloré al escuchar el himno nacional y lo canté con el pecho inflado, abrazada con mis mejores amigos mientras lloviznaba y los hinchas de un conocido Club de la región elevaban la bandera más grande que he visto en la tribuna del frente. En ese momento glorioso no importa nada, estamos todos unidos, apoyando al mismo bando, con la esperanza puesta en los once compatriotas que también cantaban el Gloria al bravo pueblo con el corazón en la mano desde la cancha.

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Era momento de prestar atención, de ahí en adelante no tomé ni una sola foto.

Gritos, groserías en su mayoría por la cantidad de faltas entre un equipo y otro, un remate de Salomón Rondón en el minuto 21, sacan la primera amarilla de la noche a un jugador del equipo argentino mientras todos lo abuchean, con lo que Marcos Rojo se descuidó y le dejó servida la pelota a Juanpi Añor... Las gradas se desbordaban, cayeron los vasos, volaron las camisetas mientras todos gritábamos abrazados el primer GOOOOLAAAZOOO de la vinotinto a 35 minutos de partido y empapados por la lluvia que se había vuelto más intensa –Adivinen a quién le hizo falta la bolsa–.

En aquellos días Wuilker Faríñez era un suplente, por lo que fue el gran Dani Hernández el que nos salvó de los 3 remates que pudieron habernos puesto a pasar roncha durante el primer tiempo. La lluvia iba y venía, durante el medio tiempo tuve que buscar un lugar para refugiarme del frío y tomar un respiro por el dolor de cabeza que volvía cada tanto, estaba completamente empapada y puedo jurar que también estaba ardiendo en fiebre.

Dos cervezas más tarde estaba de regreso en mi lugar, lista para gritar a todo pulmón mi amor por Josef Martínez cuando a los 8 minutos del segundo tiempo y gracias a la asistencia del Gladiador Salomón Rondón anotó el segundo gol de la noche, ¡TE AMO GLADIADOOOR! a todo lo que la voz me daba. A estas alturas éramos los reyes, no existía malestar que opacara el momento, veníamos de perder frente a ellos 4-1 ¡¡y ese martes en la noche le ganábamos 2 a 0 al Argentina!!

Claro que en el fútbol el juego no acaba hasta que se termina y unos minutos más tarde le tocaba a la albiceleste anotar su primer gol, aún había buen ánimo entre nosotros, seguíamos con ventaja, teníamos el nivel. ¿Nos descuidamos? Tal vez, más adelante vivimos minutos de tensión cuando anotaron el segundo poco antes de que se terminara el partido y aunque no logramos un desempate tampoco perdimos, cada quien se regresó satisfecho con el juegazo que dio la selección.

Porque si vas bien o vas mal, de visitante o de local... ¡Vinotinto soy hasta el final!

Fuente

Cada vez que la selección juega recuerdo la entrega del equipo que lo deja todo en la cancha, el sentimiento de ese día en el que ni el frío, ni la lluvia evitaron que la gente se arrancara la camiseta celebrando el gol, y la manera extraordinaria en la que el fútbol nos une y nos llena de esperanza aún cuando nos enfrentamos a un rival mayor. Porque de eso se trata el sentir Vinotinto, de confiar en que tenemos un equipo de primera, aceptar los empates o derrotas y seguir creciendo y apoyando.

Sin más que decir, me despido por esta vez. A ustedes por leer y a mi querida selección ¡Muchísimas gracias!


Todas son fotografías personales del autor.

Sort:  

Este post ha sido votado por @acropolis en su temática viajes y cultura en colaboración con el proyecto @templo.

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Muchísimas gracias❤

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