Anotaciones sobre la oscuridad y otros temores (Desahogo crónico)

in #cervantes2 years ago (edited)
No sé qué es esperar. El tormento apareció en forma de 4 días cuando la luz no vino. ¿Cómo lidia uno ante la oscuridad y la incertidumbre de no saber cuándo volverá a prenderse el bombillo? Tres de la madrugada: Boca arriba, boca abajo, de lado, en posición fetal. No me hallaba ni en mi propia cama. Seis de la mañana: Boca arriba, boca abajo, de lado, en posición fetal. No me hallaba ni en mi propia cama. A veces por inocente costumbre entraba al baño, apretaba el interruptor y luego con la estúpida esperanza miraba el techo esperando el milagrito. Nunca el bombillo se había sentido tan importante ante repetidas y piadosas miradas.

A todas estas, teniendo plena fe de que el internet podrá ayudar, dejo por aquí un patético registro del apagón 1 y 2.

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La espera para la que me estaba preparando era de una o dos horas pero terminó convirtiéndose en una de treinta y seis. Para la tarde de ayer solo quedaba un velón blanco, porque ni la vela de mi bautismo ni la de la comunión existían. Había una linternita que servía con pilas AAA. Dos cajitas de fósforos Sol y ya. Conectamos un Alcatel, ese teléfono es una joyita porque funciona cuando no hay luz. El televisorcito Casio me sirvió como por una hora y ni sé para qué lo prendí. En Globovisión pasaban una sección de Famosos en Redes Sociales, las que parecían dos estudiantes de los primeros semestres de Comunicación Social, contaban que Jessica Barboza esperaba mellizos, mientras que Venevisión transmitía una cuña de Súper Sábado Sensacional, cuarenta y siete años al aire o algo así. La peor madrugada fue la de ayer; no tenía sueño y solo podía ver todo en negro. No lograba conciliarme de ninguna otra forma de solo pensar en lo dantesco que era todo. Pensaba en Lenin y Pincel. Me asomaba a cada rato a la ventana como si estuviese esperando una visita. Mientras estaba en la oscurana pensaba en lo jodido que tenía que ser la vida de un invidente porque todo siempre será negro, ni porque mires hacia el sol y tengas los ojos tapados, no percibirás esa luz anaranjada, todo siempre será negro. Día dos: sin luz, arrecha y ansiosa. Mi papá consiguió otra pila, de esas gordas y grandes que calzaba justo para la radio, nos enteramos que el peo era a nivel nacional y ahí la cosa sí se puso color hormiguita. Se me salió lo de tía cafetalera y empecé a creer que quizá era el momento en que Maduro se estaba yendo del país en otra Vaca Sagrada. Me puse a jugar stop con mis papás a la luz del velón porque qué más iba a hacer. Mi papá es demasiado arrecho, fruta por la I: Icaco. Mientras uno andaba en esas, había gente muriendo en los hospitales y pasándola muchísimo peor. La luz llegó a eso de las 11:00 pm. Puse a cargar todo de nuevo porque no sé si se vuelva a ir y esta vez sea la culpa de alguna iguana merodeando las instalaciones de Corpoelec.

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Un refinado "maldita sea, coñoe' la madre, no puede ser de nuevo" (bis) me salió de las entrañas cuando ayer el bombillo se apagó. La gente gritaba por la calle la cansina consigna que ya sabemos, la moción nacional. El Nokia de tapita me ayudó a sobrellevar la oscuridad entre Tetris y La Culebrita. Mamá llegó contando que en el camino conoció a una doña que venía caminando desde Altamira, llegaría hasta Propatria para luego ver si podía agarrar un bus hacia El Junquito. (Maldita sea de nuevo, pobre vieja, quién merece pasarla así los últimos años de vida). Dormí solo cinco horas, esto lo hago con o sin luz, la diferencia fue poder aguantar desde las 3:41 am hasta las 7:00 am viendo el techo y asomándome al balcón tantas veces, como si eso hiciera que llegase la luz. En la tarde la gente salió a la calle. Unos chamos estaban aprendiendo a derrapar con una patineta de lija desgastada, yo los miraba orgullosa. El viejo de enfrente bajó a jugar dominó con otros vecinos. La gente se las ingenia dentro de la rabia y el cansancio. Hoy se ha ido la luz dos veces (maldita sea), y de hecho, esto lo escribo en medio de la oscurana, agradeciendo que la batería de este teléfono es full plomo. En la tarde sabía que se iba a volver a ir y lo más triste para mí es que esto último se ha convertido en otra angustia diaria desde el antepenúltimo apagón. Es el miedo inminente de saber que en cualquier momento se puede ir la luz sin tener siquiera la certeza de que la espera por su regreso pueda ser de horas o de días (maldita sea). No lo merecemos.


Las fotos fueron tomadas por mí y el desahogo también está disponible en mi cuenta de instagram @michelleozza. Gracias por leer. Seguiremos.

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Lo unico que podemos hacer es sobrevivir y no desfallecer, esperemos que el cambio de verdad este cerca.

(Es lo que más esperamos) Secundo la moción y agrego que en estos momentos nuestro papel para hacer ciudadanía, debe estar más presente que nunca. ¡Un abrazo!

36 horas sin luz es duro, tengo la suerte de que en donde vivo en Vargas, solo he estado maximo 15 horas sin luz.

Excelente trabajo. Con elementos muy acordes al contexto.

¡Mil gracias muchachos! Profundamente agradecida. <3 <3

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