"La condena de lázaro" (poema)
El aviso de la condena mortal
ha envuelto a su espíritu en Preocupación.
El pasar de los días es extraño,
el alba pareciera estancada en la eternidad de las horas
y las noches escurridizas como la propia fe.
La palabra “tiempo” cobra un sabor amargo en su boca.
La hoz sega finalmente el cuello de Aquél.
Antes habría intentado escapar…
Pero cara a cara a la muerte se sentía
como la oveja extraviada en el bosque
la cual solo persigue a otra
esperando a que esta sepa el camino de regreso
hasta el rebaño.
–
Dios ha logrado un milagro:
le ha devuelto la vida ante un público ímpio.
Siente una infinita Deuda
interrumpida al darse cuenta que solo comenzó otra vida
en el mismo punto donde la primera terminó.
Aquél reflexiona…
el sentido de la primera fue solo morir
para ser utilizado por El Cordero,
su nueva vida es simplemente
existir bajo la sombra de un milagro.
“Dios” es el nombre que maldice
desde el punto más alejado de la Tierra,
que es ahora su hogar.
–
Miseria es la vida después de la muerte.
Caer en la misma pesadilla sempiterna,
en ella los temores cobran carne
y los demonios tienen el don de la palabra.
Dios envidia al hombre
porque este puede realizarse a través de la muerte.
Para Aquél,
no tiene sentido esperar por el estío final.
El tiempo lunático ha cesado de transcurrir.
Las aves ya no cantan,
el agua en los ríos ya no fluye,
los vientos se han detenido,
las corrientes del mundo han perecido
–
La vida del hombre es Finitud
en el indeterminismo de las estaciones.
Todo lo que nace y vive tiene derecho a morir.
–
Una vez más
las moscas ponen sus huevos en la carne lacerada,
señal de los últimos días del porvenir de Aquél.
Otra vez esa sensación en sus nervios
lo recorren entero
ahora sin causar asombro alguno.
–
Son sus labios quebrados
los que saludan nuevamente a la Muerte.
Vivir una, dos o cien veces
y ser solo un ser
condenado a morir.