El Vagabundo (Cuento) (Capitulo 3)

in #spanish8 years ago (edited)

Pasó una semana y me olvidé del desconocido.
En el fondo estaba molesto tal vez por haberme obligado sutilmente a darle las gracias al ladroncillo.
Estaba en la cola de una agencia bancaria, sudado y desesperado porque la electricidad, como se ha hecho costumbre en la época de lluvia fluctuaba y los sistemas de comunicaciones estaban locos.
La tecnología ha logrado hacernos tan dependientes que no me imagino cómo sería todo sin ella, es un monstruo que nos ha devorado y mantiene en su panza como a Gepetto y Pinocho.
Es el momento en que nuestras mentes divagan ante una forma de exprimir el tiempo.
En medio de ese adormecimiento casi onírico pude escuchar a dos señores que comentaban, unos pasos más allá de donde estoy sobre algo que me llamó la atención.
-Pásate por la plaza.-dijo uno ellos.
-¿Para qué?
-Allí se sienta un vagabundo que dicen que da buenos consejos y que todo lo que dice se cumple.
-¿Crees que le voy a contar mis problemas a un vagabundo hediondo?
-Bueno así le dicen pero es un hombre bien vestido y no es un mendigo callejero, fíjate que algunos ya dicen que hasta hace milagros.


Fuente de imagen

La intuición me hizo saber que sin dudas hablaban de mi extraño amigo.
En una ciudad grande como la que vivo las leyendas y mitos callejeros son de muy lenta difusión y el lugar donde estaba en ese momento estaba alejado del sitio de referencia de los que platicaban por muchos kilómetros, ya que las zonas urbanas están bien demarcadas y lo que llamamos centro es en realidad la zona aledaña al puerto, ya que allí fue fundada la ciudad hace cientos de años.
De nuevo la curiosidad se apoderó de mí y decidí pasarme por allá a corroborar que hablaban de la misma persona.
Lo hice al final de la tarde pero no tuve suerte como la vez pasada.
La plaza estaba sola y extrañamente el sector estaba poco concurrido.
Al parecer un corte de muchas horas de la electricidad obligó a los comerciantes a cerrar las puertas de sus establecimientos antes de la hora pautada.


Fuente de la ciudad

Eran casi las seis de la tarde y enfilé rumbo a mi casa, saliendo por la vía que bordea el puerto, donde un largo muelle, en otras épocas lugar donde llegaban numerosas embarcaciones pequeñas con productos de otro lado, pero que ahora gracias a la red de carreteras y transportes es casi no utilizado.
De casualidad lo vi parado mirando al agua.
Lucía el mismo atuendo que la primera vez.
Tuve que violar las leyes de tránsito rodando un trayecto en sentido contrario para poder entrar al muelle.
Para mi suerte ni los agentes de la ley andaban por allí.
Estacioné a cierta distancia y fui a su encuentro.


Fuente de imagen

Capitulo 1
Capitulo 2

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