Novela: La noche transparente. Cap.2

in #busy8 years ago


"Esfera de caracas" (1974). Jesús Soto

2

Quise hablar con Karen, no es que ella me estuviera evadiendo, pero es que anda con una vibra rara, siempre incomunicada. Nos encontramos en el ascensor. Sabía que había controlado. — ¿Convivimos? —Le dije y ella sacó una bolsa de 10 mil y un envoltorio con alegres papelitos. — ¿Quieres comerte un papelito de esos con Dean? —Como que la agarré fuera de base porque se puso medio histérica y me respondió: — ¿De... de qué hablas? —Y se metió su merca en el bolsillo. Le pregunté si podíamos hablar, aunque yo sabía que la gente tenía conocimiento de esa jugada. —Mira, tenemos una vaina seria con este tipo, da paja tratarlo sólo como amigo. — Patricia trata de aplicarme una sicología.

— ¿Y tú crees, pendeja, que a él le interesa? Desde un tiempito para acá viene ese interés de Dean por Patricia. —Dijo Karen, resueltamente, buscando salir del tema, lo antes posible.
—Ya no importabas. ¿Qué hubiera pasado si Patricia hubiera aceptado lo que tenía que aceptar? Hay cosas que no sé y han pasado y otras que ya Karen debe saber y cuyo resultado no puedo calcular. Ella lo sabe todo, es el oráculo. Llegará el momento en que Dean, agonizante, delirante, obstinado, exhausto y herido se vaya para siempre. O se muera. ¿Por qué no podemos salir de esta situación enferma? Cada uno tomaría su rumbo y esto sería un buen recuerdo. No entiendo la necesidad de llegar al fondo. —Karen me escuchaba, fastidiada; se tomaba el pelo, mirando a cualquier lado, donde no estuviera mi rostro; trató varias veces de interrumpirme y cuando terminé sonrió molesta y me miraba fijamente a los ojos. —No entiendes —dijo susurrando. —Nadie está obligado a hacer nada, salvo tú, que no dejas tranquila a Julia, pero calma, todo está fino. —Le respondí, buscando pelea.
—Sí. Pero, ¿sabes qué? ¡Todo esto es un desastre y vas terminar como él! —Pero Karen me miraba, tratando de estar seria, pero en realidad, contenía dificultosamente el ataque de carcajada histérica que le provocó lo que le dije. Ella no puede vivir sin verlo. Dean no quiere verla; pero prefiere tenerla cerca para que ella no haga algo que todos lamentaríamos. A veces él no quiere saber nada de ella.

Quería decirle que la novia de Patricia, o sea, yo; era quien salía perjudicada, no podíamos dejar que esta situación siguiera así, ya que dejaríamos que Dean y Patricia hicieran el amor en nuestras propias narices. Es inútil porque Marú está muy disgustada y triste, viendo como perdía a su chico: una lesbiana, con novia, le tumbaba su macho.

—Julia es una merma, sabe estar con la gente, ríe, jode, baila, bebe, no se echa para atrás. —Decía Patricia y Karen vio una oportunidad única para atacarla.
—Ella ha dicho que tú eres su chica. —Me vio de reojo, con esfuerzo, con pena.

Días después todos se dieron cuenta que habíamos llegado demasiado lejos y supe que Patricia entendió que no buscaba ni humillarla ni confundirla, sólo quería que supiera lo que pasaba. Al fin y al cabo, siempre hablábamos de esto y siempre nos hemos entendido y estamos juntas. Dean sabe cómo es el movimiento, sobre todo desde que me contó lo de Marú, tú y él. Desde allí siempre anda solo. Estaba emputada, se me salían las lágrimas, fúrica: Dean y Patricia tiraban desde hace tiempo.
— ¿Ah, sí? ¿Te lo dijo él? —Seguí preguntando, tratando de una vez saber todo lo que no sabía. No me importaba el dolor, es preferible eso “la ignorancia es felicidad” (odio a ese maldito, siempre inventando) lamentablemente, alguien vino a cagarla, interrumpiéndonos y ya Patricia se notaba fuera de acción, pero no derrotada aún. Ese alguien era Julia, quien trataba de separar a su chica de Dean y pensó que lo estaba fastidiando, la tomó del brazo y dijo “¡Vamos, cotorras!” Y no me quitaba la vista de encima, su mirada odiosa permitía ver su intención de proteger a su amada novia, cuyo dolor la hacía sufrir a ella también. Nos fuimos a beber. Dean estaba allí.
—nosotros hablamos, ellas que beban. —Le dijo Patricia a Dean.

Me pareció que él miraba como si supiera lo que en realidad sucedía y se mostraba divertido. Hablaba con Patricia e interactuaba conmigo, decía que nunca había encontrado a gente tan bella y divertida. Dejé a esos en paz. Salí afuera del antro, para respirar un poco de aire fresco; en realidad estaba medio obstinada, aunque no se notaba. Sabía que Julia iba a venir para hablar conmigo; pero se iba a poner a llorar, todavía es muy joven como para andar en estas guerras, además es una galla; decidí que es mejor dejar que se joda y sufra, tal vez Dean se la pegue; en fin, me voy a caminar y de regreso me facho. Sin embargo, cuando Julia no está, es un fastidio, y cuando Dean se fastidia, se pone todo muy ladilla. Su vocecita fresita, sus rabietas, sus carajitadas. Me pregunto si la última vez que hablamos fui demasiado coño de madre con ella. Me excita la idea de que ella y yo, junto con Dean, nos fuéramos por ahí, a la caza de algún lugar asombroso y que juntos, en pleno día o de noche, nos dejáramos de paja... recuerdo Bali. El olor de la playa, la humedad seca y caliente, el horizonte libre y dominante. ¿Dónde está la muerte, entre tanta claridad? ¿Y lo que siempre conversábamos? Recuerdo que en una oportunidad Dean me recitó unos versos de una canción de un cantante italiano que se llama Fabrizio de André: “y llegó un muchacho con las manos en el bolsillo y un océano verde detrás de la espalda. Dice: “quiero saber cuán grande es el verde cómo es bello el mar, cuánto dura una habitación es demasiado tiempo que miro el sol, me ha hecho mal”. Oí voces, risas. Distinguí la de Patricia. Traté de buscar, dónde se encontraba ella. Estaba detrás de mí, en la esquina. Yo estaba muy aturdida todavía por el recuerdo fotográfico de esos versos... Dean es...

Así. No sé, él está jodido, verdaderamente jodido. Quiso conocer la grandeza y quedó mal. Quiso que fluyera conocimiento y belleza y quedó devastado. Hubiera sido mejor que viviera en aquellos mundos antiguos de los que suele hablar, con una extraña nostalgia. Comencé a escuchar a Patricia, me dio un arranque de arrechera y apuré el paso, para quedar sola.

Karen trataba de llevarse a Julia para otro lado, pero sabía que estaba demasiado pendiente de Dean y Patricia. Decidí ir a casa, junto con Marú, para fumar monte. El olor dulce, rosado, de rocío que tenía Julia producía un leve deseo de tenerla cerca, verla abrazarse con Patricia.

Suena el timbre. Oigo varias voces, distingo la de Julia. Abro la puerta, emocionada, pensando que tal vez Julia desearía vengarse. Al abrir la puerta descubro que ella venía con Dean y Patricia; y decepcionada, me desentendí de la situación. Ya amanecía, pasaron las horas y no me di cuenta. Quería gozar de las cosas en toda su extensión y en paz. Dean se fue a mi cuarto y nos dejó a todas en la sala. Lo descubrí dándose unos pases, lo miraba y él no decía nada, como si me ignorara, se dio tres pases, llegó Julia y me abrazó por la espalda y dijo:
— ¡hola, amigos! —Con una afecto sólo reservado para Patricia. Ella me preguntó por qué desaparecí.
—Tengan cuidado, un mal pase y alguien puede terminar jodido. —De pronto Dean, evitando que yo respondiera la pregunta de Julia, que pondría en evidencia algunas cosas, dijo que en el fondo no tenía que ver con drogas, sino con esas cosas que están en el aire. Dean se dio un cuarto pase y se tumbó en la cama, absorto en sus alucinaciones.

Las chicas nos sentamos en la sala, Karen hablaba jalada, muy alegre, como nunca la había visto. Julia la veía, desnudándola con la mirada, sabiendo que yo la veía y esto la excitaba aún más.

—Julia y Patricia son la parejita del año, si Dean y yo nos hiciésemos novios, les hiciéramos la competencia. —Dijo Karen, tratando de salvarse de una situación que la enfrentaría a mí y a Marú, además la atacaba Julia y Dean tenía libertad de movimientos, así que estaba en desventaja.
—Sería bueno. —Dijo Dean, apareciendo, más jalado que Karen.
—Pero el romance es el oro de los tontos. —Remató.
—No, es el sueño de muchos. —Dije, con la obvia intención de molestarlo. Julia se acurrucó en el sofá, callada y escuchando nuestras puntas. Se quedó tranquila. Fumaba y escuchaba, se reía con todos. Bebió, miré a Dean y me imaginé cómo serían noches como estas estando los dos solos. En algún momento acabarían las cosas, me llené de tristeza, al pensar que estas noches terminarían, junto con Dean. Marú se paró súbitamente de su silla y dijo, como una niña malcriada:
—voy a apagar la luz. ¿Verdad, Dean, que la luz no es para los vampiros? —Pero Dean, con la mirada perdida, en dirección a la ventana, dijo, muy serio y hasta antipático:
—aquí no hay murciélagos.

Patricia y Julia se fueron a un cuarto. Marú y yo nos fuimos a otro. Dean seguía, viendo a través de la ventana, perdido en su silencio, fumando cigarrillos.
—Escríbeme un poema sobre el amanecer, por favor Dean. —Le pedí con voz muy cariñosa, íntima. Marú tomó mi rostro con sus manos, acarició mi mejilla y me besó: sorprendía lo desprendido que estaba Dean de la situación, me pareció que él era el único feliz en esta vaina.

Los demás, inestables como el equilibrio de una pelota en la punta de la nariz de una foca amaestrada, tratábamos de sonreír.

—Se parece a las noches en frisco. —Dijo Dean, melancólico, en medio de su alegría.
—Hace falta que tires. —Dean nos tomó de la mano y nos llevó a la habitación, Patricia y Julia no cerraron la puerta y las veíamos desnudas, besándose, lamiéndose. Dean atrajo nuestra atención y Marú tomó una botella de vodka.
—Dean, sonríe, maldito. —Comenzó a desnudarme y le di la botella a Karen.
—Date un trago. —Ella lo hizo, sin dejar de tratar de ver en el otro cuarto.

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