El día del hombre. Cap.31
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Los colectivos, sin embargo, consiguieron un acceso que no estaba bloqueado. Llegaron cerca de avenida universidad, por una calle donde la Guardia no había conseguido llegar. Pero los manifestantes subieron una calle arriba y se movieron una calle hacia abajo, quedando en el punto de bloqueo de la Guardia. Ellos estaban quietos y atentos. Los motorizados comenzaron a circular, mientras los manifestantes se colocaban los trajes y coberturas improvisadas. Cuando terminó de pasar aquel grupo de motorizados, de inmediato los manifestantes fueron a la avenida y la cerraron, también las calles que dejaron abiertas y los motorizados, que pensaban atacar a los manifestantes, de pronto se vieron ante la posibilidad de llegar a la Asamblea Nacional, la cual pensaban sacar “a patadas” como habían dicho desde temprano. “este día caerá la oligarquía y venceremos al imperio, una vez más. Nuestros hermanos ministros no han muerto en vano” dijeron a los medios oficiales. Pero al llegar a la Asamblea Nacional, fueron recibidos por una lluvia de bombas lacrimógenas. Muchos motorizados se cayeron al piso. Un líder de ellos, otro imitador del Ché Guevara, fue caminando hasta donde estaban los Guardias, con las manos alzadas, pero con una pistola guardada en la cintura, en el pantalón. Unos efectivos con fusiles lo rodearon y le gritaron que se tendiera sobre el piso, pero el sujeto no hacía caso, decía que venía en paz a destituir a la Asamblea Nacional y desalojar a los traidores de la patria… y los militares no lo dejaron continuar, lo habían cercado y estrecharon el cerco, mientras hablaba. Entonces lo tomaron y lo llevaron al piso. Le sacaron la pistola y comenzó a decir que no era suya, que le estaban sembrando el arma. Fue detenido, como ya muchos manifestantes chavistas.
El resto de los motorizados estaban confusos, paralizados entre el fuego lacrimógeno y los opositores que los estaban cercando. Entonces cometieron el error fatal de sacar las armas y comenzar a disparar. Los pistoleros de los colectivos veían que sus disparos no hacían mella y el cerco se seguía cerrando. Uno de los motorizados que había disparado se fue al otro extremo, donde estaban los militares. Habló con ellos y se identificó como agente del SEBIN. De inmediato fue detenido, no sin oponer resistencia.
Las municiones se agotaban y los opositores se dieron cuenta y comenzaron a arremeter y se formó una trifulca, pero los opositores mantuvieron el orden de su formación. Una línea rodeaba a los grupos colectivos y otra avanzaba al frente para formar el escudo donde los disparos, cada vez más escasos, de los colectivos, impactaban sin causar daño. También la Guardia hizo su aporte, avanzando y usando sus armas. Los colectivos empezaron a rendirse, algunos cobardemente, se arrodillaron con las manos arribas y pidiendo clemencia y llorando, diciendo. “sólo estamos defendiendo nuestra revolución, que los pobres no seamos olvidados otra vez” y consignas por el estilo. El combate culminó con una imagen que no se veía en Venezuela desde hacía años: el comandante y un opositor abrazados, como aliados que luchaban en dos frentes y luego de una larga lucha logran reunirse y unir fuerzas. Aquello parecía como el 25 de abril de 1945, cuando los aliados y los soviéticos se encontraron el pueblo de Torgau, aunque también pudiera tratarse de una escena parecida a la que los estadounidenses vivieron en los días de enero de 1945, cuando Patton rompió el cerco sobre la 101 aerotransportada en Bastogne.
La manifestación terminó de llegar entonces a la Asamblea Nacional, donde los diputados de la mayoría opositora salieron a recibirlos. Aquellos diputados en las calles y los manifestantes reunidos, aplaudiendo y luego cantaron el himno nacional. La manifestación entonces comenzó a concentrarse entre la avenida Universidad y la Urdaneta. Anunciaron a los medios que no buscarían llegar, por los momentos, a Miraflores, que sabían que tanto los colectivos, como la Milicia y el personal militar tenían órdenes de impedir “como sea” que llegaran allí. Pero los opositores dijeron que aquello era ridículo, que el ataque contra Miraflores lo convertía en un lugar peligroso y ellos no están en las calles buscando sangre, “estamos buscando un cambio que lleve a este país por la senda del desarrollo, la paz y justicia y eso no va a pasar mientras el régimen siga en Miraflores” dijo uno de los portavoces opositores. Anunciaron que permanecerían a los alrededores de la Asamblea Nacional, habían acordado ya una vigilia y estaban preparando la logística para abastecer a los manifestantes. Muchos decían que no se iban de allí hasta que el régimen no su fuera de Miraflores. “la gente se va a quedar en la calle hasta que no se este régimen no se vaya del poder” dijo un diputado.
La actividad en las redes sociales indicaba el fracaso de las medidas represivas. Eran trending topic los hashtags en varias redes sociales: #GuardiaNacionalElHonorYaSeDivisa, #SíSePudo, #MarchaPorElCambio, #NoNosVamos… Los opositores habían ganado, sin un solo muerto, herido o detenido.
Norberto y el novato estaban en la Asamblea Nacional. El otro imitador del Ché Guevara estaba diciendo que lo iban (o lo debían) fusilar, como hace la derecha contra los revolucionarios. Los Guardias Nacionales hablaron con él. El armamento de los Milicianos que dispararon fue requisado, así como fue detenido el sargento que ordenó abrir fuego contra la Asamblea y los militares que la defendían. Por cierto, fue el único sobreviviente: 4 milicianos muertos y otros 3 heridos.
El Regimiento de Seguridad Urbana 431, al mando del Teniente Coronel Fausto Clemente Rísquez-Diez había hecho el trabajo de evitar un verdadero baño de sangre en el centro de Caracas. 3 batallones con un total de 1453 hombres. Sin embargo, el Comandante general de la Guardia Nacional y los de los comandos 43, 44 y 45 estaban al tanto de sus actividades. Si bien no estaban de acuerdo, reconocían que el centro a esa hora estaría lleno de cadáveres de ambas partes. Y esos generales estaban pensando en otro factor: querían evitar ser enjuiciados por Crímenes contra la Humanidad. Los estados mayores de la Guardia estaban emitiendo informes a sus superiores inmediatos, no a los del comando estratégico operacional; así como tampoco las unidades respondían a órdenes que vinieran de oficiales ajenos a su comando. Así, que cuando llegó un general de la aviación, enviado a hablar con el general que seguía comandando desde el techo de un edificio lo que estaba ocurriendo en Caracas, no se le permitió acceder. Amenazó con cárcel a los Guardias, tropas profesionales, que sin embargo, lo amenazaron a él con detenerlo si seguía insistiendo: no tenían órdenes de dejar pasar a nadie, a como diera lugar.
—me acaban de decir que van a llegar dos regimientos más y tres comandos de orden público, aparte el comando motorizado que ya tiene bastante trabajo. Estos tipos con su revolución loca… no podemos ser militares y ser políticos y encima de eso, pretender hacer nuestro trabajo… eso es imposible.—dijo Fausto, mostrando una libertad de pensamiento inconcebible en la mente de muchos militares.
—¿Cómo has conseguido llegar a este puesto? A la gente como ni siquiera la dejan vestir el uniforme.—preguntó, escéptico, Norberto.
—mi familia es importante en este país. Tienen influencia. Movieron piezas y las siguen moviendo para que no me toquen. No se trata de palanca, se trata de verdadera influencia: si me sacan de la jugada, ellos también quedarán fuera. ¿Ha leído a Maquiavelo?—preguntó Fausto, estudiando a Norberto.
—por supuesto.—dijo, sonriendo. Sabía que estaba tratando con alguien inteligente y rebelde; le seguía intrigando saber por qué era militar y cómo lo dejaron llegar hasta allí.—pero en este tiempo, con Maquiavelo e influencia no bastan para sobrevivir, desafortunadamente.—dijo Norberto, mostrando cierta pena, como quien sabe en carne propia de lo que está hablando.
El militar se rio y le hizo un gesto a Norberto para caminar un poco y al quedar en la zona donde se cruza para llegar a la plaza Bolívar, vio en dirección a donde están las cariátides, allí colocaron los cadáveres de los milicianos muertos en acción. Entonces dijo:
—yo siempre disparo primero. Y a matar.—sus palabras las pronunció resuelto y viendo a los ojos de Norberto, quien no se iba a dejar vencer fácilmente, aunque ya sabía que este hombre sólo estaba haciendo su trabajo.
—hay tres tipos de militares: los que de verdad creen en servir a la patria, los que no tienen qué comer y los que buscan una manera legal para matar. ¿A cuál pertenece usted?—preguntó resuelto Norberto, decidido a sacarle todo a aquel oficial demasiado extraño y por eso, sospechoso.
—sirvo a la patria, por mi trabajo me gano el sustento; pero estoy consciente de que debo matar a otros seres humanos para poder cumplir con mi servicio.— aquello no se lo cree nadie, pero para aquellos hombres, tenía sentido.
—yo no creo que esta manifestación tenga algo que ver con los atentados.— dijo Norberto. Como quien no quiere la cosa.
—activaron el grupo antiterrorista de todas las fuerzas y las fuerzas especiales están desplegadas aquí y en todo el país. Y sus colegas están revolviendo cielo y tierra y deteniendo gente sin ton ni son; pero yo no diría que esto es terrorismo. Esto es otra cosa.—dijo, dejando en suspenso o esperando a lo que Norberto tuviera en su repertorio.
—el terrorismo no quiere ser efectivo, quiere infundir terror. Mata con pasión y se identifica con sus acciones. Ya ve que nadie se ha atribuido estos atentados. Y matan sólo a los objetivos y a quienes estén estorbando. Es demasiado profesional, tan lleno de razón… parece la convicción de un hombre o un grupo. Creen en lo que hacen y no se van a detener.—dijo Norberto.
—un amigo me dijo que podía tratarse de un ejército privado, mercenarios; como Executive Outcomes. Pero no creo que sean militares. Como usted dijo, son gente convencida. Pero, ¿Matar a esos ministros? Allí no está la solución.—dijo Fausto, ya dándose cuenta de que había hablado más de la cuenta, pero igual tenía que decirlo: tales hechos lo tenían en un estado de sorpresa y pavor como nunca había sentido.
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