"La monja sin fe"

in Writing & Reviews5 years ago (edited)

Primeramente que todo un gran saludo a todos en esta gran comunidad de #writingreviews y a todos sus miembros, mi tema de hoy se trata sobre una "monja sin fe"

La_Religieuse-Henriette_Browne.pngfuente

Yo era una monja sin fe, una de esas mujeres que se ocultan tras un hábito para huir de un mundo que las rechaza si, al llegar a cierta edad, no se han casado.

No soy muy agraciada pero alguna de mis amigas, peores que yo, son ahora madres de familia numerosa y esposas de un fanfarrón de taberna.
Soy una mujer de tapias y silencios, de tocas y cabezas peladas.

Yo era una mujer de las de antes, echada para delante, dispuesta a todo y sin miedos ni miramientos

. Algún muchacho me rondó pero sin ese entusiasmo que te lleva a creer que la vida sin esa persona será imposible.

Deje pasar el tiempo creyendo que llegaría el amor en cualquier momento. Pero todas se casaron y me veía a mi de solterona.

No tenía ni tengo fe, pero aquí soy alguien, se me respeta, se me tiene en cuenta.

Es esta una vida rígida y frugal, sin exquisiteces ni comodidades, pero con lecho y comida y compañía de por vida.

Las otras mujeres llegaron como yo, las que sobraban de familias numerosas, las feas, quedaron sin novio, todas con carencias afectivas y poca espiritualidad.

Yo era una monja sin fe, una pantomima del rezo del rosario, de novenas y Ángelus. Pero se me daba bien la convivencia, el canto y las labores de las cuales dependía el sustento de la comunidad.
Un día llegó una chica joven, casi una niña. No tenía la edad mínima exigída para su ingreso pero era una amistad y la dejaron probar.

Tuvieron consideraciones especiales, no se levantaba a media noche y comía más que las demás.

Yo la observaba con gran curiosidad. Era guapa, inteligente y muy joven. Este no era lugar para ella. Sin embargo demostró que tenía una especial capacidad para captar el misterio de la vida consagrada.

Supo estar y sentir, emocionarse hasta el extremo de una especie de enamoramiento que la retenía a pesar de sus dolencias físicas.

Era la niña mimada del convento pero aún así se estaba consumiendo, necesitaba salir del encierro, volver al mundo, conocer el amor.

Recuerdo sus llantos cuando la hicieron volver a casa por Navidad, no quería abandonar esta cárcel hipócrita, recinto de mujeres frustradas.
Pero era menor y tuvo que irse.

Luego supe que lo pasó muy mal, ansiaba volver pero la negativa de la Directora hizo que se lanzará a esa otra vida licenciosa y dejara atrás los extasis y las vigilias.

Yo era una monja de mentira, no tenía ni tuve la mitad de la fe que ella tuvo. Jamás sentí ni un ápice de esa emoción que la embargaba, esos ojos iluminados y llorosos. A mí me aburría, nunca leí las lecturas preceptivas, aprovechaba los momentos de reflexión para echarme una siesta y, siempre que podía, hacia que me destinaran a la cocina para así comer más.

No estoy orgullosa de mi, se que soy la vergüenza del convento, la pasota existencial que no tiene reparos en demostrar que no cree en ello aunque lo confiese.

No debí estar aquí, no era mi destino. Luis tuvo que ser mi marido pero mi hermana era la mayor y, en aquella época, se casaban por orden.

Así que el, enamorado de mi, renuncio para hacerse con la dote generosa que aportaba mi padre.
Yo era fea y después de esto, pobre. Así que pocas opciones, por no decir ninguna, me quedaban que fuesen respetables.

El primer convento, me daba igual la orden, el más cercano a mi familia, porque para mí era un hotel, un trabajo con alojamiento incluido.

Fue duro, más de lo que imaginaba. Renunciar a todo lo conocido y lo por conocer. Dejar de lado la faceta de mujer y sus afeites, la maternidad, los caprichos, la moda.

Nunca más, nada, para siempre, sin salida.
Yo era, soy una monja sin fe. Una perfecta actriz, una embaucadora, vaga, maliciosa, ladrona y cotilla.

Sé cosas, hago mis trampas y manejos. Enfrento a unas con otras, voy de piadosa, de consejera, hago la pelota a la Priora, tengo al sacerdote convencido de mi entrega... Y me da la risa y otras ganas de acabar con todo. Pero a mi edad, sin estudios a donde voy, que hago. Esto es todo lo que conozco. Vale que sin fe es una cárcel de locas pero tengo mi habitación, mi cuarto de baño, calefacción, comida y un jardín.

Todo cuanto puede uno desear cuando ya no desea nada. Porque de tanto negarte dejas de tener deseos, de soñar ni buscar. Eres una persona sin referentes, sin memoria histórica, sin familia. Aquí las noticias del mundo a penas nos llegan. Somos como una burbuja que rehuye la realidad para sumergirse en el mundo de los amigos imaginarios.

Nunca seré como esa chiquilla que amaba esta vida y se pasaba horas en silencio, en una capilla que me incómoda.

No tengo respuestas, no sé el motivo, es mi destino y lo vivo con la crudeza con la que otras mujeres aguantan a maridos intolerantes y borrachos.
Soy una monja absurda, fea y gorda, he perdido vista leyendo ciencia ficción, he adquirido pericia en la fabricación de licores y pastas y creo que he llegado a sentir mariposas en el estómago por alguna otra hermana.

Pero esto es secreto, nadie sabe que soy infeliz, una estafa. Vienen a verme y soy dulce, reluciente, la monja perfecta.
No soy ni seré.

Author: @wiliangel

Muchas gracias por leer mi publicación espero les guste mi tema de hoy, sin mucho más que decir me despido

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 5 years ago 

Es una historia que muestra una vida triste y las realidad de muchas religiones. Personas que se esconden bajo una manta o sotana para ocular la realidad de quienes son.

Si la historia se trata de eso ya que muchas personas se ocultan por religión o sotanas cosas que suceden en la vida real como acabas de decir, muchas gracias por leer mi publicación, un gran saludo y un fuerte abrazo

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