La matemática cobra vida cuando se enseña. (Hablan 2 docentes)

in venezuela •  last month  (edited)

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A quien esto hoy escribe, le tocó recibir en el año 1972 en un instituto superior de formación de docentes (en Venezuela) al muchacho de 19 años de edad Jesús Argenis Sánchez. Venía de un pueblito andino llamado Humocaro (cuya ciudad más cercana es Barquisimeto, donde aún funciona tal organismo universitario).
La Cátedra que yo administraba era "Pedagogía General". Le pregunté entonces sobre las razones que lo llevaron a elegir la especialidad de Matemática. Él me explicó que, además de sentir alto gusto por los números, se sentía un damnificado por todo lo que un estudiante venido del medio rural tenía usualmente que pasar en la gran capital Caracas y en la reputada y gigantesca Universidad Central de Venezuela (UCV).
"Cursé en los años 1968 y 1969 en la UCV unos cuantos semestres de la carrera Estadística; pude aprobar varios niveles de Matemática, que era la materia que atemorizaba a todo el mundo allí, pero ocurre que en octubre de ese 1969 la Universidad es allanada policial y militarmente y cerraron prácticamente todas las puertas académicas más o menos por 2 años. Como usted imaginará, yo aguanté un semestre de espera pagando un sencillo hospedaje para estudiantes y también pagando la comida; todo ello con el escaso dinero que me enviaba mi solidaria familia, pero llegó un momento en el cual no pude esperar".
Agregó Argenis... "Me fui entonces al Instituto Pedagógico de Barquisimeto a estudiar la especialidad Matemática ya que me ofrecía de alguna manera una continuidad a mi interrumpido esfuerzo y además quedaba relativamente cerca de mi pueblo".
Argenis agrega que ya al llegar a ese Instituto Pedagógico captó el sentido humano del organismo. "Recuerdo -dijo- que mi proceso de admisión lo administró la profesora Mireya Hurtado... ¡Qué persona tan comprensible y bondadosa!".
Pasado algo así como unos 5 años, advierto que Argenis se va Inglaterra a realizar estudios posgraduales en Matemática y ya a unos años más, lo veo convertido en docente universitario en una bella ciudad venezolana llamada Maracay.
Nos encontramos luego en una cafetería y me dice que logró el ansiado traslado a la ciudad sede de su formación profesional como docente de Matemática, Barquisimeto. Ya como profesor de esta Institución, me cuenta que al final de los años '70, los jóvenes que cursaban la carrera de ingeniería en un vecino Instituto Politécnico, protagonizaban una verdadera huida en masa hacia el Instituto Pedagógico. Me expresa Argenis que ello estaba asociado a "la mano peluda" de la asignatura Matemática. Dado que algún chico díscolo de entonces se le ocurrió decir que allí en el Pedagógico tal materia era más fácil que en el Politécnico, pues comenzó a generalizarse la desgraciada idea de que "la razón" de tal diáspora estudiantil era que en la carrera docente había algo así como regalitos... Cuestión que había que "aprovechar"...
Hace días nos volvimos a encontrar Argenis y yo. Aunque no contamos con mucho tiempo para la plática, Argenis Sánchez me dijo -recordando los referidos tiempos- que le tocó decir a los muchachos que la Matemática que se veía en las instituciones formadoras de ingenieros y en el Pedagógico, era la misma pero en este último había una notable mano humana que ayudaba… "¡No que había fiebre de regalos; no! En el Pedagógico nosotros los docentes administramos la Cátedra con el máximo rigor, pero hacemos hasta lo imposible de hacer humano el proceso enseñanza-aprendizaje".
Bueno... las contingencias terribles a las cuales los profesores universitarios venezolanos en estos aciagos momentos de crisis nacional de los últimos 20 años (vale decir, el tal “socialismo del siglo XXI” –el chavismo-), nos obligaron a hacer unas largas colas de cara a medio comprar alimentos para sobrevivir, lo cual hizo que la conversación se interrumpiera.
Me quedó el apetito de continuarla prontamente...
Por lo pronto me queda, por un lado compartir con todos los lectores de esta red social la vivencia, y por otro lado añadir que siendo la Matemática una simbología harto abreviada de la terca realidad y del elástico sentido de probabilidad, no debería estar asociada -entonces- al sufrimiento escolar sino a la alegría de conocer. Ahora aún más, cuando con el ordenador, podemos hacer como con goma de mascar, juegos de virtualidad, maromas de inteligencia, saltos caprichosos al pasado y al futuro (también, aterrizajes al presente).

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