La matanza de Pittsburg y la Kristallnach en Caracas: La conexión judía

in theunion •  28 days ago

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Escena 1: Las noticias

Les propongo el siguiente ejercicio de la imaginación. El lugar no importa. Un hombre despierta el sábado 27 de octubre de 2018, es una hermosa mañana soleada. Es día de ir al mercado, y antes de salir, está preparando el café, unas tostadas, y de repente en su Smartphone entra un aviso de noticias urgentes de la BBC o CNN: ha ocurrido un tiroteo en la sinagoga “El Árbol de la Vida” en el barrio de Squirrel Hill en Pittsburg, Pensilvania, durante la celebración del shabbat. Se informa que ha habido 11 muertos.

Eso le causa algo de tristeza moral, pero, a menos que sea judío, no se sentirá particularmente deprimido ni rezará por los caídos. A fin de cuentas, se trata de una tragedia que ha ocurrido muy lejos de él. Difícilmente, se dice a sí mismo, conozca yo alguien que esté vinculado con esa masacre.

(Foto sujeta a derechos de autor)

La segunda noticia que entra en el teléfono celular contiene más detalles: se trata de un atacante solitario armado con un rifle de asalto AR-15 y dos pistolas, blanco, de 46 años de edad, llamado Robert Bowers, quien fue herido de bala, llevado al Hospital General de Allegheny, donde fue atendido, y que se encuentra bajo la custodia de las autoridades policiales.

Se está tomando el café, y cavila, ¿cómo me afecta esto si está tan lejos de mí? El tema no le ha arruinado el día, pero revolotea en su cabeza a medida que avanza la mañana.

Sale rumbo al mercado, pone la radio en el auto, y la noticia regresa, más detallada aún. El hombre entró a la sinagoga y comenzó a disparar mientras gritaba “¡Todos los judíos deben morir!” En su cuenta de twitter, constantemente subía comentarios racistas, xenófobos, antisemitas. Desprecia al Presidente Trump. Amenaza a los judíos. Va a ir por ellos, prepárense, es lo último que ha dicho en sus activas redes sociales.

Ya en el mercado, una última noticia entra el celular. El atacante herido fue atendido en el Hospital General Allegheny, en el cual le salvaron la vida. El enfermero que lo recibió se llama Ari Mahler. El primer chequeo lo hizo el Presidente del hospital, Jeffrey K. Cohen, y luego pasó a manos del médico de guardia en urgencias, cuyo nombre no es publicado. Los tres son judíos.

El hombre se pregunta, intrigado: ¿Qué me está queriendo decir el universo? ¿Por qué es tan recurrente esta noticia, tan alejada de mí y de los míos? No existe la más remota posibilidad de que yo esté a 3 personas de distancia de ninguno de los actores de ese terrible drama de locura y de muerte. Y si esa posibilidad existe, entonces que me sea revelada, porque la perplejidad ya bordea la angustia.

Escena 2: La sinagoga en Caracas


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Lunes 12 de noviembre de 2018, cinco de la tarde en Caracas, un límpido crepúsculo el pie del coloso verde, el cerro el Ávila, que custodia mi ciudad. Subo en un microbús a la 10ª transversal de Altamira, a la sede de la Federación Sionista de Venezuela, que generosamente me ha invitado, como profesor y amigo, a la conmemoración de los 80 años de la Kristallnacht (La Noche de los Cristales Rotos).

Hace 80 años, durante tres días y sus noches, en Alemania, grupos de nazis armados con pistolas, bombas molotov, bastones, piedras, con un odio frío y metódico, salieron a quemar las tiendas y casas de los judíos, asesinaron a más de 3.000, detuvieron a unos 30.000 y dieron inicio a lo que en hebreo se conoce como la Shoá.

No me intente corregir el lector amigo, la palabra Holocausto no es correcta en este caso. Viene del griego “holos” (todo) y “kaustos” (quemado). En Levítico, 6:9, se habla del sacrificio de un buey sin mácula que debe ser incinerado totalmente, salvo el cuero, en homenaje a Dios.

No había ritual religioso en Auschwitz, sino tecnología. Y no creo que ninguno de los 6 millones de muertos haya tenido la sensación de que lo conducían a un sacrificio a Yavé. No eran corderos ni bueyes que iban a ser degollados y luego quemados. Habían dejado de ser humanos. Eran un número, una cifra, que era gaseada, y luego incinerada, convertida en ceniza, de manera sumamente eficiente (a la alemana). Así que es mejor la palabra Shoá, que podríamos traducir como “catástrofe.”

Por supuesto, al hablar de la Shoá y la Kristallnacht en Caracas, era inevitable mencionar la masacre de Pittsburg, y hablar de que el antisemitismo no ha muerto, que tiene miles de años, y que seguramente revivirá cíclicamente mientras existan judíos sobre la tierra. Así que se guardó un minuto de silencio.

Y el lector amante del cine (como yo lo soy) podría preguntarme: ¿de qué va esta digresión? ¿Adónde me conduce esta nueva línea de acción? ¿Qué conexión puede tener con el hombre que salió un sábado en la mañana a hacer mercado mientras escuchaba las noticias sobre la masacre en la sinagoga de Pittsburg?

Entro a la sede de la Federación Sionista, paso frente a la pequeña sinagoga en Caracas, y subo al salón principal, donde se agrupan unas 400 personas, dignatarios de la comunidad judía en Venezuela, el embajador de Alemania, intelectuales, un par de sobrevivientes de la Shoá que vinieron a vivir en esta tierra de gracia, o sus hijos y sus nietos, y pienso, te digo, ¡Oh, lector! que tal vez haya una conexión aquí, en esta tarde bajo el índigo furioso del cielo caraqueño.

Se leen los discursos de rigor, se rezan las oraciones, el acto solemne cierra con un kadish y un ágape. Estoy con Nora Fishbach (en la foto a la derecha), cuyos abuelos sobrevivieron a Auschwitz, y otro amigo, Alberto Benahim, quien nos comenta:
-Llamé al Dr. Isaac Leví (no diré el nombre real, me lo reservo) en Pittsburg. Él es judío, venezolano, ¿lo recuerdan? Correteaba por estas escaleras cuando era un niño, creció, estudió medicina en la UCV, un médico brillante, se fue a Estados Unidos cuando comenzó la crisis en Venezuela. Él era el médico que estaba de guardia en la unidad de emergencia del Hospital Allegheny de Pittsburg (en la foto de abajo) el sábado 27 de octubre. Fue el médico judío, junto con el enfermero Ari Mahler, que atendieron y le salvó la vida al asesino Robert Bowers.”


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-¡Dios! –exclamó Nora- ¿Y le preguntaste por qué lo hizo, y qué sintió?
-Claro que se lo pregunté. Me dijo que sentía mucha rabia, mucho dolor, pero también que sintió mucha compasión por aquel pobre hombre cegado por el odio y la locura, “era mi deber, soy médico y además judío: juré usar mi ciencia para salvar vidas, no para quitarlas…”

Escena 3: Coda

Ahí estábamos, tres amigos: ella, Nora, pellirroja, enérgica, doctora en Ciencias Políticas, sus dos abuelos sobrevivieron a Auschwitz, eran dos niños, se juraron amor eterno en el campo de concentración, y al salir se encontraron y se amaron para siempre en el Caribe, en Venezuela. Estaba mi otro amigo, Benahim, publicista, empresario, conectado con su amigo médico Isaac Leví en pleno corazón de la tragedia, en Pittsburg. Y estaba yo, Matute, el filósofo y guionista que cuenta la historia.

Ella, Nora, en ese exacto instante del crepúsculo del cuervo en que comienza el día para los judíos, me conecta con la verdadera Kristallnach, no la que vemos en los filmes, sino con la real, la que vivieron sus abuelos hace 80 años.

Benahim me conectan con Leví, el médico que le salvó la vida al atroz Robert Bowers. Y nos maneja un escritor que desconozco y que guía secretamente el cósmos, que conecta todos los hilos de este relato, como si se tratara de un guión para Robert Altman, tipo “Vidas Cruzadas” (1993), en el que hasta 22 personajes desfilan, contando sus sueños, sus miserias, unidos por la magia y el genio de un magistral realizador.


Vidas Cruzadas (1993) de Robert Altman.
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El hombre que va al mercado el sábado 27 de Octubre, que oye las noticias y se pregunta qué tiene todo eso que ver con él, los judíos del barrio de Squirrel Hill que asisten a la ceremonia del shabbat para ponerle nombres a varios bebés, los policías que descuidadamente patrullan las afueras de Pittsburg, los abuelos de Nora en el campo de concentración en Polonia jurándose amor, el Presidente del hospital, el médico venezolano de urgencias y el enfermero (3 judíos que entraron al hospital para tomar su guardia) y nosotros en la conmemoración de la Kristallnacht, todos nos conectamos entre nosotros con menos de 3 personas de por medio (¡Menos 3 personas de distancia!), bajo esa luz vacilante que los fotógrafos de cine llaman "the miracle moment", el momento del milagro, en la sinagoga de Altamira, en Caracas. Y tú lector, al leer esta historia, has estado a 4 personas de distancia de la masacre.
Es un guión del Creador, es la conexión judía.
Nadie escribe mejor que Él.

Óscar Reyes-Matute
(Samuel Ibn Motot / שמואל אבן מתת)

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Jeffrey K. Cohen, Presidente del Hospital General Allegheny, y jefe del médico judío venezolano que atendió al asesino Bowers: "Estamos aquí para atender a quienes necesiten nuestra ayuda, no estamos aquí para juzgar a la gente"

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