El forastero Salvaje (II Capítulo)

in #cervantes7 years ago

El día tan esperado llegó, el salón había sido remodelado, lo convirtieron en un lugar de apariencia familiar, donde se servían tragos y comidas, de igual manera sólo prestaba su servicio de noche, Maida habló con sus clientes fijos y de remuneraciones muy altas, que su producto sería entregado en el hotel “El huésped” fijaron un control sin precedentes, donde la organización impediría cualquier error.

Era la tarde, se había creado un ambiente de expectativas, curiosidad y para muchos de oportunidades, por fin, el carruaje se detuvo frente al negocio de Maida, sí, era ella, sus cabellos rubios y sus ojos azules eran inconfundibles, su vestido glamuroso, su forma de caminar tan elegante y una sonrisa suave y tierna; se precipitó Maida, su instinto de madre reaccionó en contra de su comportamiento habitual.

—Hija, mi Lucía, cuanto has crecido, eres hermosa.


Se abrazaron con fuerza, el sentimiento imperaba en aquellas dos mujeres, las lágrimas rodaron por sus mejillas, avanzaron al salón.

—Que lugar tan agradable madre.

—¿Te gusta?, es todo tuyo mi niña.

Así pasaron a la parte de arriba de la casa, donde habían ahora habitaciones de sobra, la recamara más amplia y lujosa se le dio a Lucía, donde antes los clientes más adinerados ahogaban sus penas y pisaban el cielo ajeno. Por decreto de la dueña del negocio esa noche no abriría las puertas al público, las cocineras si cumplieron sus horas de trabajo, preparando “exquisiteces” para complacer los pedidos de Maida, se fueron temprano y Maida atendió a su hija, hablaron por muchas horas, y se fueron a dormir cuando el sueño las venció.

A la mañana siguiente para sorpresa de Maida el desayuno estaba listo, el lugar se veía más limpio, su hija había hecho todo eso, la miró con orgullo, el orgullo de madre, comió muy rico, sintió un poco de vergüenza por la comida de la noche anterior; Lucía manejaba perfectamente el arte culinario, también podía confeccionar sus propios vestidos, de hecho su ropa fue hecha con sus propias manos, y despertar temprano era algo normal para ella, en la casa de enseñanza donde la prepararon para las labores típicas, era obligatorio levantarse con el cantar del gallo.

Lucía le confesó a su madre que tenía un pretendiente, un señor muy educado, de alta sociedad que acostumbraba a ir al lugar donde ella estudiaba, y lo veía allí desde hace unos años, este señor era uno de los contribuyentes de la institución, le confesó su amor y ella sentía lo mismo por él, le pidió hablar con su madre, porque ella no podía corresponderle hasta que esto no fuera aprobado por su progenitora, que era su único pariente y eso era lo acostumbrado.

Por un lado Maida se sintió calmada, pensó: — Un señor de la alta sociedad, un hombre de mundo, ¿Qué mejor partido para mi hija?


—Bueno, si tú lo quieres, estoy totalmente de acuerdo, ¿Cuándo vamos a la capital a hablar con él? – dice Maida

—¡No madre!, él debe venir a hablar contigo, ese es el protocolo.

—Sabes que no sé nada de protocolos hijita.

—Está bien no te preocupes, él debe venir el próxima mes, quedó en eso conmigo.


En el pueblo cada vez habían menos animales, algunos habitantes prefirieron matarlos, vender o simplemente comérselos, pero la situación es que la economía estaba decayendo y el pueblo se iba cada vez más a la ruina, el comisario con las manos en la cabeza preguntándose:


— ¿dónde estaba el culpable?, ¿cuál era la causa de todo esto?

fuente

La gente del pueblo cansada de obtener los mismos resultados ya no iban a vigilar lo poco que quedaba, cada familia usaba sus propias estrategias para alejar al “monstruo fantasma”. El Comisario decidido a resolver ese problema, viaja al pueblo cercano con uno de sus subordinados, a buscar ayuda.

En el hotel “El huesped”, donde se hospeda Ernesto, se suele limpiar la habitación cuando el cliente así lo pide, pero el dueño del hotel nota que este sujeto jamás ha mandado a hacer una limpieza, así que al verlo llegar lo llama, le comenta esto y quedan de acuerdo para la tarde del próximo día. Se le ve ansioso a Ernesto, sale como de costumbre de noche a donde Maida, llega y todo luce muy diferente, incluso la música es otra y con poco volumen, no todas las mujeres que embellecían el lugar estaban allí, dos a tres como mucho, atendiendo en las mesas, de hecho no le gustó el ambiente, y casi se va, pero de pronto ve una mujer nueva en el lugar, hermosa y de aspecto diferente a las demás, rubia con grandes ojos azules, y decide quedarse, se acerca a donde está ella, asume que es la hija de Maida, dado que Maida lo observa molesta.


—¿Me atiendes? – dice Ernesto.

Ella se sonríe y dice:

—sí, como no.

—Tráeme algo de beber, por favor – dice Ernesto.

Ernesto era un hombre que había recorrido mucho mundo, tenía experiencias de distintas culturas y en cuanto a mujeres era todo un maestro, con verlas él ya se formaba una opinión muy acertada acerca de la joven en cuestión, poseía mucho dinero y aún nadie entendía su procedencia, pero mientras pagara sus cuentas todo estaba bien, se quedó contemplando a Lucía, realmente no la abordó como a las demás, ella sin embargo de vez en cuando volteaba tímidamente a verlo, ni ella escapaba a su magnetismo, pagó la cuenta, y se fue, sin más ni más.

Maida al día siguiente durante el desayuno le habló a Lucía de Ernesto y todo lo que ella pensaba de él, obviamente sin dar detalles, para no ser descubierta del verdadero origen de la amistad de ella con Ernesto; Lucía se mostró indiferente, así que Maida sintió total tranquilidad; fueron a la bodega textil donde compraron variedad de telas, Lucía pensaba en hacerle a su madre un diseño de su propia inspiración, de pronto un sujeto pide hablar con Maida a solas, conversa con ella, y esta queda pálida y sin fuerzas, el hombre se marcha sonriendo, cuando Lucía se percata la toma de su mano y la sienta en un banquito que encontró cerca.

—Madre ¿Qué tienes?

—Nada, llévame a casa por favor.

Dejaron las telas, llegaron a casa, la acostó en contra de su voluntad le dio un té y se durmió.


La señora de limpieza encontró todo en perfecto orden en la habitación de Ernesto, prácticamente no hizo nada, y recibiría la misma paga.

—Ojalá todos los huéspedes fueran así, lo único que no me gustó fue ese olor tan extraño, un tanto fúnebre – le dice al dueño del hotel.


Lucía abrió el negocio esa noche, le puso muy poco volumen a la música, se encargó de orientar a las cocineras, los clientes elogiaban la comida, y como de costumbre Ernesto llegó al lugar, esta vez él fue y comenzó a hablar con ella, ella intentaba no sonreír sentía que estaba haciendo algo malo en vista de su futuro compromiso, y había sido educada de esa forma, su corazón latía más rápido y más fuerte de lo normal, así que sencillamente se apartó y se mantuvo lo más lejos de ese joven tan atractivo, él al contrario, disfrutaba la lucha interna que mantenía Lucía al verlo, eso lo mantenía en la espera.

Transcurrieron varios días y Maida nunca le explicó a Lucía que originó su malestar aquel día, por más que Lucía le preguntó; de pronto todas las tardes Maida enviaba a una de las empleadas del negocio a llevar un sobre sellado al hombre que habló con ella en la bodega textil; por otro lado Lucía optó por no salir de la cocina en las noches y así evitaría al forastero, Ernesto al ver la actitud de Lucía tomó una decisión, la cual llevaría a cabo la noche siguiente.

Llegó la noche siguiente y Lucía de vez en cuando intentaba localizar visualmente a Ernesto, él no había ido más, ella sentía una extraña sensación, quería salir, preguntar por él y hasta buscarlo, pensaba:

—Tranquilízate eres una mujer casi comprometida, con un señor agradable, y eso es suficiente.


Pero sus ojos y su corazón le indicaban otra cosa, al igual que siempre cerró el negocio con su madre, las cocineras dejaron todo limpio y se fueron a dormir.

Al cerrar la puerta de su habitación siente el frio de la noche entrar por su ventana, se extraña, no recuerda haberla dejado abierta, de pronto ve una figura venirse hacia ella, tiembla pero no grita, es Ernesto, parecen hablar sin palabras, sus ojos danzan sin parar, su corazón late con mayor rapidez, un calor intenso recorre su cuerpo virginal, él la toma entre sus brazos y le susurra al oído:

—Me deseas, lo sé, y yo a ti.

Esa noche Lucía pierde su inocencia, dejándose llevar completamente por sus sentimientos.

Fuente de la imagen de la mujer: Adaptación hecha por mi a partir de fuente original

Esta es mi segunda entrega del Forastero Salvaje, un hombre con un sorprendente magnetismo con las mujeres y un misterio por descubrir.



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