"Los señores de las espinas" (capítulo 5) (Diario de Glen)

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Diario de Glen, invierno.

En el cementerio de los altos prados de Locrian se llevaba a cabo un funeral tres días después de la muerte del sujeto. Alex Silva fue un hombre complicado, muy difícil de entender; fácilmente vilipendiado por muchos; el proceso de su velorio no fue diferente tampoco.

Alex Silva fue el líder anterior de los señores de las espinas; antes de él, y durante más de la mitad de su tiempo como líder, los señores de las espinas no eran más que una banda de ladrones y asesinos nacidos en los barrios más pobres de la ciudad de Locrian. Hubo un cambio en su corazón tiempo después de que por algún azar decidiera habernos acogido a Kashimir, a Landert y a mí hace más de diez años; tiempo después también a Robbert. Dejamos de robar dinero, joyas y suministros para comenzar a robar algo más valioso: información. Esto fue gracias a las ideas de Robbert. Por suerte, Alex como líder siempre fue de mente abierta para escuchar las opiniones de todos.

Vender información ofrecía sumas de dinero mucho más cuantiosas que el vulgar robo de algunas pocas joyas o tecnología casera. Poco a poco, Silva fue dejando las decisiones en manos de nosotros cuatro, así que paulatinamente, él se fue alejando del escenario.

Nunca tuvo una vida pacifica, siempre fue violento, y su vida acabó de forma violenta como era de esperarse. Esa mañana llovía, así que las flores de su tumba y de todas las otras tumbas del cementerio comenzaron a ahogarse en agua helada. ¿Kashimir lloraba, o sólo fingía? Lo conozco por ser un sujeto fuerte, mucho más que yo, que siento que soy sólo apariencia. Landert y Kassia se encontraban en el funeral, distantes, sin embargo, él nunca ha sabido maquillar el odio de detrás de sus ojos. Robbert nunca ha sido expresivo. Melia apenas lo conocía en persona, ella era la adquisición más nueva de los señores de las espinas.

Alex Silva decidió vivir la vida violenta que su padre le heredó como señor de las espinas anterior, y a su vez su abuelo a este. Incluso después de haberse alejado casi completamente de nosotros, y a pesar de todo el dinero a su disposición, no soportó vivir más de una semana en un barrio rico y por eso aprovechó de ir a un lugar que le recordase más a él mismo. Las personas heredan de sus ciudades más de lo que creen; las formas en que miran a otros, en que perciben a las presencias de los otros en las calles mientras caminan; cómo comen, cómo cruzan las aceras; cómo saludan, son huellas geográficas marcadas con fuego en la piel.

El funeral terminó, Alex Silva está ahora a veinte metros bajo tierra. Hace unos días estaba a seis pisos de altura hasta que alguien entró y lo golpeó hasta matarlo estrellándolo contra el suelo seis pisos más abajo. Una muerte patética y violenta para alguien cuya vida fue siempre violenta y extinguió a tantas otras, a veces por mero placer y mero antojo. Nadie quiere llenarse las manos de sangre, ni siquiera para ser un héroe. Si me dijeran que Alex Silva sólo asesinó a hombres malos y no a hombres buenos y malos, nada habría cambiado en él. Nadie sabe lo que se siente estar de ese lado, aunque la idea suene genial y se vea mejor en las películas.

Las gotas de lluvia que caen sobre su tumba son frías y muy pesadas; rompieron los pétalos de las flores. Después de que morimos, es cuando todos se detienen a pensar en profundidad en cómo hemos vivido. ¿Pensamos para mantener vivas a las personas?¿O para retenerlas con vida como quien toca la zona que un amante acaba de besar para retener el beso? De momento no sé lo que sea morir; he estado apunto de morir varias veces, pero mi condición actual no me lo permite, en cambio he visto morir a mis seres queridos uno tras otro, y he sufrido tanto sus muertes como he sufrido mi vida hasta el punto de sentir que a veces no estoy del todo cuerdo.

Ha caído la noche y me encuentro en bajo Peridoto. Landert me ha pedido que regrese a nuestro escondite al otro lado del puente. No puedo hacerlo. ¡Antes debo ver con mis ojos la escena del crimen! Es mi oportunidad. Me escabullo entre sus calles llenas de prostitutas buscando clientes, y de delincuentes buscando oportunidad para asaltarme a mí como a cualquier otro; hay muchos animales en estas calles que parecieran no tener ojos sino sólo sus olfatos. Hay niños muriendo de hambre en las calles buscando trozos de pan, mientras que al otro lado del puente, hay pan tirado en los callejones de los restaurantes. Los ojos de algunos hombres amarillentos enseñan sus bilis; otros prefieren escupirla a través de monólogos esquizofrénicos sobre el final de los tiempos.

Trepo hasta el sexto piso y fuerzo la ventana para entrar. La escena está como se supone que debería estar. Hubo una pelea. Debieron haber sido al menos otros tres hombres. No hay ningún olor especial en el departamento; busco en el cuarto de Silva y encuentro cigarrillos sin destapar los cuales guardo para mí; en las gavetas encuentro un álbum de fotografías que requiere de una llave que finalmente no aparece por ningún lado; y por otro rincón, su vieja pistola con la munición todavía por cargarle. La cargo por él y la guardo conmigo también, hasta que decido retirarme por donde vine regresando mis pasos.

Glen, invierno, octavo ciclo.

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Excelente historia, espero leer más sobre esta... Saludos