Concurso Cervantes: 7ª Entrega
Un día soñé... que descubría algo que todavía no estaba escrito. Dejé volar mi imaginación, busqué la ecuación, la lógica, la constancia y el saber hacer... y lo hice, tuve una grandiosa idea que fue como la Gallina de los huevos de oro. Mi hallazgo fue llegando, de boca en boca, de Whatsapp en Whatsapp, de Tweet en Tweet, a personas influyentes, importantes, y -¡qué coño!- famosas.
Me buscaron, me encontraron, me llamaron. Me hicieron grandes propuestas. Les dije que sí, pero llevándome una gran comisión. Mi idea era bastante buena porque aceptaron sonrientes y sin rechistar. Aquello fue en aumento, y comencé a administrar mi dinero de manera eficiente.
Y siguió creciendo y creciendo. Y descubrí que la felicidad era de color dorado; llegó un día en que me sentí como el Rey Midas, aquel que todo lo convertía en oro. O el tío Gilito, o Rockefeller... fui el genio de la lampara mágica.
Pero todo quedó en un sueño. La piel comenzó a petrificarse, los oídos dejaron de escuchar y los labios dejaron de articular. El mundo se volvió gris y aquel sueño se fue desdibujando en la memoria.
Fuente: http://ny-photography-diary.com/sebastiao-salgado-by-nerris-markogiannis/
El letal diagnóstico la enfermedad del olvido.
De vez en cuando vuelve un retazo de memoria, ya recuerdo mi gran idea, lo haré, voy a anotarlo todo… ¿a por qué iba?
Otra vez volvió, qué gran idea fue, cómo pude dejarla aparcada tanto tiempo, debo contárselo a alguien antes de que se me olvide, llamaré a mi hijo… ¿cómo se usa este cacharro?
El escurridizo descubrimiento iba y venía a su antojo, aunque cada vez le costaba más regresar. No solo a él, también al día a día. Dejó de comer, beber, asearse, sonreír.
Comenzaron las manías: se tapaba con un retal, hiciese frío o sofocante calor, recordando el frío invierno de su infancia, su rostro siempre era preocupado, pero no sabía por qué, y le obsesionaba preparar la comida para sus hermanos ya difuntos.
De nuevo volvió el gran sueño, era una gran idea. La rememoró con tal nitidez que era imposible dejarla ir de nuevo. ¡Eso era! Tenía la cura para la enfermedad del olvido. Pero ¿cómo se llamaba esa dolencia? ¿comieron mis hermanos ya?
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