Yo-ga ella

in #spanish7 years ago

Viernes

Manuel, como otros tantos fines de semana, acudía a los supermercados más cercanos con su esposa a aprovisionar la casa. Son una pareja de lo que siempre se ha conocido como mediana edad hasta que el coaching los sacó de su zona de confort y ahora siguen en el mismo lugar, pero con un sentimiento de culpabilidad adherido como una mancha persistente a su piel.

La vida, no es más que lo que es. Una sucesión de trampas en la cual uno inexorablemente cae. Se tarda más o menos pero es inevitable. Vivirla, no es más que saber escapar de esas mismas con un algo de dignidad.

Sábado

Transcurrió como muchos otros, no es cuestión de aburrir a nadie,pero vayamos al hecho cotidiano que en su normalidad, acusó excepcionalidad. Llegando al portal, Manuel, a lo lejos, vio salir de un coche una frágil figura con una gran caja, le dijo a su esposa, " mira tú amiga" como siempre hacia en los casos que coincidían con alguna vecina, cada una tenía su intrahistoria, cada movimiento, un chisme.

Manuel, cerró la puerta del portal, la vecina, aún se veía a lo lejos, igual no era ni ella, pensó en el último vistazo. En el descansillo previo, esperando la llegada del siempre ocupado ascensor, charloteaban sobre cualquier tema intrascendental, en esa inercia de los entreactos de la vida de pareja.

La vecina, entró en el portal, apenas se veía algo de pelo y sus largas piernas embutidas en unos leggins tras la caja que ocupaba toda la cruz que sus brazos daba. Eso hizo sentirse culpable a Manuel, que la esperó con la puerta del ascensor abierta, en un intento de sofocar su malestar por no ser lo suficientemente amable.

La vecina, sonrió, colocó la caja en cuclillas, en una postura perfecta de sentadilla que hizo mirar a otro lado de forma nerviosa a Manuel. Se acoplaron los tres en el ascensor, la vecina cerrando la cabina, es alta, se yergue majestuosa frente a la pareja, sonríe, Manuel se sorprende de su ausencia de olor, ni el aroma neutro de champú del pelo, como un magnífico ejemplar, en todo su poder de cuerpo trabajado, sin alardes, sin aromas.

La llegada a la quinta planta, los saludos de despedida de cortesía, ella sigue su camino ascensor arriba, la pareja culmina el entreacto y se prepara para la noche del sábado, rutinas.
.
Después de la copa de vino, las ganas de orinar, el baño, Manuel, no piensa, solo orina, sacude un desproporcionado pene, no forma parte de la rutina, siente ese placer de las menos veces, termina masturbándose pensando de forma furiosa en la vecina.

Mientras tanto en el salón, su esposa, apura la copa, sube discretamente el volumen de la televisión y se masturba salvajemente añorando algo, con la tensión sexual de lo desconocido que le ha provocado la vecina.

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