Montgomery "Llamada anónima" (segunda parte)

in literatura •  last month  (edited)


  Llevaba varias semanas con el semblante destruido y los nervios de punta. Parecería que toda mi vida había cambiado después de aquel evento fatídico, pero en realidad lo único que me perturbaba era que no pudiera recordar los detalles de lo que había visto y oído.

No podía aceptar que a pesar de la capacidad para recordar y percibir comportamientos que tenía, un simple susto me arrebatara mi don. Aunque si lo pienso bien, estar al borde de la muerte nunca puede ser un simple susto.

Pero ahora podía recordarlo todo. En el café de Joe comencé a repasar mentalmente cada instante de lo acontecido esa mañana en el banco.

Dos mujeres llamaron mi atención tan pronto entré al lugar, estas mujeres nunca antes habían visitado el sitio, sus cabellos estaban adornados de manera que fuera complicado mirarles el rostro. Tontamente en lugar de centrarme en ese detalle, me concentré en el hecho de que una de ellas tenía los ojos humedecidos, la otra parecía haberle insultado pues apretaba los puños contra su cuerpo.

—¿Qué les sirvo muchachos? —preguntó Joe con su peculiar acento.

—Dos cafés Joe, y un par de donas —respondió Charles.

Me mantuve callado mientras recordaba lo que podía. Joe hace el mejor café de la ciudad y sus donas son exquisitas, pero los recuerdos del evento reclamaban toda mi atención.

—¿Vas a quedarte allí callado mientras comemos? Ni siquiera saludaste a Joe —indicó Charles con molestia, suele valorar mucho las normas de cortesía.

—Estoy recordando lo que ocurrió el día del atraco —respondí mirando fijamente al salero sobre la mesa.

—¿Quieres decir que has recobrado tu memoria? ¡Eso es muy oportuno! ¿Desde cuándo?

—Hoy, en el consultorio.

—Ah, ahora entiendo todo. Te dejaré pensar entonces —dijo mirando hacia la ventana.

La mujer que lloraba en el banco tenía un lunar en una de sus mejillas, era un lunar falso, se notaba que había sido pintado con resina; pero el que llevaba en uno de sus brazos era auténtico. De hecho eran dos, uno ligeramente mayor que el otro.

La mujer enojada era de pies grandes, podría apostar a que una de sus piernas también era más larga que la otra.

—Disculpen caballeros —dijo Joe acercándose a la mesa— Tienes una llamada.

—¿Montgomery? —preguntó Charles confundido.

—Si, es una mujer, pero no quiso darme su nombre, prefiere mantenerse anónima —respondió sonriendo pícaramente.

En once años frecuentando este café, jamás había recibido ninguna llamada de nadie. Algo me decía que mis investigaciones estaban por comenzar, que volvía de nuevo al ruedo. Me levanté para ir a contestar el teléfono. Charles siguió detrás de mí.

—Soy Montgomery, ¿Quién habla? —pregunté sin vacilar.

Una voz femenina, algo afectada, me respondió dejándome intrigado.

—¡Al fin puedo dar con usted! Usted no me conoce, y es mejor que no sepa mi nombre. Pero me urge hablarle en persona. Un gran peligro nos asecha a ambos. Venga solo al 45C de la calle Morris esta noche, pero asegúrese de llegar pasadas las diez.

—¿A qué se refiere con “ambos”? ¿A usted y a mí? —pregunté rápidamente, pero nadie contestó, la mujer había colgado el teléfono.

Me di vuelta y dije a Charles: —Necesito que me prestes tu auto esta noche.

El me lanzó esa mirada que suele poner cuando sospecha que haré alguna locura y me dijo:

—De ninguna manera. Si vas a algún sitio, yo te llevaré.

Continuará...





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Muy buena historia... Espero seguir leyendo este tipo de escritos.. saludos

Gracias, la tercera parte ya está publicada, saludos.