Cervantes con Barcelona
Vivió Cervantes cautivo en Argel cinco años (1575-80). Hasta 25.000 cristianos permanecían presos en aquella ciudad, el mayor nido de piratas del Mediterráneo. Cuatro veces intentó la fuga y, en una de ellas, consiguió salir de Argel y vanamente esperó en la orilla del mar la llegada de una nave cristiana que lo rescatara. La difícil vida de estos años quedó reflejada, con distintas variables, a lo largo de su obra; pero hay un pasaje en Los tratos de Argel que es fiel trasunto de esta frustrada huida: un cautivo huye de Argel y, viendo el difícil trance en que se encuentra esperando una nave salvadora, invoca la ayuda divina:
Virgen de Monserrate,
que esas ásperas sierras hacéis cielo,
enviadme rescate:
sacadme deste duelo,
pues es hazaña vuestra
al mísero caído dar la diestra...
¿Qué llevó a Cervantes a elegir la Virgen catalana? Sin duda la querencia y el aprecio que sentía por aquella tierra y su gente:
Los corteses catalanes, gente enojada, terrible; y pacífica, suave. Gente que con facilidad dan la vida por la honra y por defenderlas entrambas se adelantan a sí mismos, escribió en el Persiles; y en Las dos doncellas insistió en su alabanza: Es condición natural y propia de la nobleza catalana saber ser amigos y favorecer a los extranjeros que dellos tienen necesidad alguna.
Pero los mayores elogios se los lleva la capital: Admiróles el hermoso sitio de la ciudad, y la estimaron por flor de las bellas ciudades del mundo, honra de España, temor y espanto de los circunvecinos y apartados enemigos, regalo y delicia de sus moradores, amparo de los extranjeros, escuela de la caballería, ejemplo de lealtad y satisfacción de todo aquello que de una grande, famosa, rica y bien fundada ciudad puede pedir un discreto y curioso deseo (también en Las dos doncellas).
No fue menos el propio Don Quijote: Y, así, me pasé de claro a Barcelona, archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades y, en sitio y en belleza, única; y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, solo por haberla visto.
No es poco proviniendo de Cervantes, que había recorrido buena parte de España, Portugal e Italia. Y llama especialmente la atención la insistencia en una virtud: la de ser ciudad acogedora de los extranjeros.
Mucho dolor y mucha rabia deben de albergar los corazones de los barceloneses; también los nuestros. Pero la ciudad superará este tremendo revés, como ha superado otros, y continuará siendo el espejo de valores que es desde hace tantos siglos.
Preciosa recopilación de pasajes cervantinos, muy bien traídos en estos momentos.
Conjunción perfecta de texto e ilustración.
Hermosa entrega con referencia al máximo de nuestra lengua, Cervantes.
Y el sentimiento por la situación ocurrida en Barcelona, es de muchos. Tengo buenos amigos allí y son excelentes seres humanos.
Saludos y que tenga buena tarde @conversus