ADMONICIÓN

in spanish •  3 months ago

ADMONICIÓN


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Aquella tarde, como siempre, había estado jugando con las hormigas y con los bachacos que hacían casa debajo de las latas que servían de matero. Había pasado toda la tarde con las manos llenas de tierra y el cabello en la cara. Había hecho tortillitas de charco que luego ponía debajo del sol para que se cocieran y luego darle de comer a mis muñecas. La abuela sentada en su mecedora remendaba una colcha de mil colores, mientras un dedal apretado y plateado le servía para no puyarse. A veces me pedía que ensartara la aguja y otras veces que le hiciera el nudito al final de la hebra de hilo. Yo iba y venía, mientras seguía jugando con las hormigas y las muñecas. En mitad del jardín, allí siempre estuvo él: un árbol frondoso que se alzaba invitando siempre a la travesura.


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La mirada omnipresente de la abuela, entre una puntada y otra, iba desde al árbol hasta donde yo estaba. ¡No te quiero ver encaramada en el árbol porque usted no es hombre, que usted no es varón para estar moneándose! –repetía como si aquello fuese una letanía o un disco rayado. Mi rostro se levantaba mirándola con los ojos entrecerrados, como si su mirada fuese un sol que me hiciera daño en la cara. ¡Voy a tener el gran gusto de pegarte si te veo que te subes a la mata! –repetía, mientras me clavaba sus ojos por encima de los lentes gruesos de pasta.


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Cuando la abuela se paró a buscar trozos de tela para continuar con la faena de remiendos, inmediatamente vi hacia arriba de la mata de guayaba y allí estaba aún: una guayaba madurita y grande. Fue entonces cuando tuve la idea de subir y bajar rápido antes de que la abuela volviera. Sin mirar que mis manos estaban llenas de tierra y unos pies descalzos acumulaban toda la mugre del mundo, me monté en la mata rápidamente. Ya en una de las ramas más altas, tuve la sensación de libertad y poder que solo se siente cuando se tienen siete años montada en un árbol frondoso.


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Arriba no solo encontré una, sino varias guayabas maduras, todas rojas por dentro y sin ningún gusano. El banquete me hizo olvidar el tiempo y a la abuela que seguía uniendo trozos de tela como si aquella manta fuese una obra de arte. Arriba se veían los techos de las casas, también sentía el cielo más cerca y hasta la brisa se sentía diferente. Una mano sucia sostenía aquella fruta llena de miles de pepitas y con la otra me sujetaba del tronco correoso. Las hormigas también me acompañaban arriba e iban haciendo caminitos entre las ramas. Jugaba a quitarles la formación y ver cómo desesperadas corrían dispersas. Pobres hormigas que tienen que seguir a las otras porque si no se pierden, pensaba mientras una mano quitaba de la frente mechones de cabellos húmedos por el calor.


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Debía tomar otras guayabas antes de bajar, así que tomé todas las que pude y las amarré en mi franela haciéndole un nudito. Cuando traté de tomar una guayabita amarillita que quedaba en una parte alta, el nudo se desató con la mala suerte de que mis hermosas guayabas cayeron por todo el porche y encima de un señor que pasaba por el frente de la casa.


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Ahora tírame una teta –exclamó el señor y siguió murmurando algunas quejas. Recuerdo que la abuela me mandó a bajar. Yo lo hice muda y pálida. Con los ojos desorbitados vi cómo la abuela tomaba una lata de kerosén y la vaciaba en las raíces del gran árbol. La abuela no dijo nada, yo tampoco. Ya adentro pensaba en las hormigas, en las guayabas deliciosas y sin gusanos, también pensaba en mí. A veces como las hormigas debía seguir las líneas que hacían las otras. Pensaba en qué culpa había tenido el árbol, qué culpa tenían las hormigas y qué culpa tenía yo de ser hembra.

GRACIAS POR SU LECTURA Y HASTA UN PRÓXIMO POST

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Hola @nancybriti.
Tus historias siempre me dejan un sabor a infancia y a recuerdos entre colores, aromas y voces.
Gracias por contarnos esta historia porque tu voz se siente.
Ahora es mía.
Saludos y recibe un abrazo.

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Hola, @sandracabrera. Gracias por tan bellas palabras. Me imagino que algunas infancias tienen los mismos colores y las mismas voces, de allí que hayan resonancias. Te abrazo fuerte!

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Nancy, tus guayabas me hacen recordar a mis poncigues.

Nancy, este relato está muy bien contado. Plasmas muy bien, tu punto de vista de niña y tu punto de vista ya de adulta que mira en retrospectiva. Es una pieza llena de costumbrismo y estampas criollas, no carente de un toque de humor. Es una lectura muy amena y muy venezolana.

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Agradezco tu comentario, querido @sansoncarrasco! Qué bueno que hayas percibido esa mirada al pasado. Desde esta acera hay muchas cosas que se pueden contar y que se miran con otros ojos, más críticos, menos inocentes. Un abracito!:)

Que historia tan exquisita y bella, llena de esa inocencia que se pierde casi siempre al despertar de la adultez. Que bonita te quedó, querida Nancy. Me encanta tu estilo de narrativa sabrosa y que lo transporta a uno al momento de cada uno de tus relatos. Dios bendiga tu talento. Un abrazote!!.

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Siempre me gustan tus comentarios, @marybellrg! Ciertamente hay mucha inocencia y mucha mirada hacia el pasado, pero siempre hay un presente que contextualiza y hasta critica, cuestiona. Mil gracias otra vez!!

Me recordaste a mi nieta. Acaba de cumplir los 8 años. Siempre le han gustado esas travesuras "propias de los varones". Afortunadamente nació en este tiempo y todos le alcahueteamos sus cosas. La crianza a veces puede ser dura, sobre todo cuando no se nace con el espíritu de la docilidad. Excelente texto. Felicitaciones. Un abrazo fuerte.

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Gracias siempre por pasar por aquí y comentar, @irvinc. Es una responsabilidad muy grande el moldear el carácter de las personas. Hasta qué punto le quitamos o le ponemos?Recuerdo a mi abuela como un ser muy amoroso, pero también con un mundo tan cuadradito que ahorita reprocharía. Esa es tal vez la mirada de la que habla @sanson! Un abrazo fuerte para ti, mi amigo

Excelente relato, amiga querida! La niñez no conoce de límites, la inocencia no conoce de miedos. Un texto hermosamente escrito, como siempre me encanta leerte. Un abrazo.

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Gracias, amiga! Tus comentarios siempre me llenan y me gratifican. Abrazos

Jajaja. La infancia y sus culpas. Yo hubiese querido ser niño. Mi papá así lo deseaba, y toda la vida traté de comportarme como tal, solo para verlo sonreír y decir: Ese es mi machito. Tu texto me trajo ese recuerdo a mi memoria. Gracias por devolverme esa alegría empapada en lágrimas.

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Creo que cuando hablamos de la niñez, hay más coincidencia que diferencias. La niñez es osadía, picardía, temores, pero también es la de encontrar la felicidad en las pequeñas cosa. Gracias por tu comentario, amiga. Eres un sol!!;)

Es un hermoso y cándido relato, pese a la reprensión que lo cierra, @nancybriti. Esta sostenido en unas imágenes que son de una gran fuerza propositiva: la colcha de retazos de la abuela, como imagen de la vida; el árbol, como centro de búsqueda; la guayaba, como fruto prohibido; las hormigas, como el cumplimiento del deber. La mirada de la niña -muy sensible y grácilmente lograda- desde la mujer adulta nos confronta con la oposición entre la libertad y el deseo, de un lado, y la transgresión y la culpa, del otro. Gracias por compartir tu relato. Un abrazo.