Relatos de una Noche de Guardia: "¡Mi Caballo, Mi Caballo!" (Hipersensibilidad Farmacológica)

in spanish •  20 days ago

Hola Steemians, les traigo la (espero) ansiada segunda parte de mi serie contando los casos más interesantes que han llegado a mis guardias nocturnas durante mis pasantías, esta vez sin ninguna advertencia previa; con contenido para todas las audiencias y con información sobre una patología bastante común. Sin más que agregar, ¡espero les guste!


Relatos de una Noche de Guardia: “¡Mi Caballo, Mi Caballo!”

Licencia: Dominio Público



Era mi tercera guardia bajo el servicio de Cirugía General. Había llegado hace poco, y siendo un miércoles, imaginaba que sería una noche sin muchas eventualidades (los días más interesantes suelen ser los viernes y fines de semana, cuando los demonios del alcohol y el libertinaje se apoderan de nuestras inocentes almas). Revisando la hoja de morbilidad, donde se anotan los datos de todos los pacientes que llegan a nuestro servicio, noté que en todo el día la cantidad de pacientes no superaba la decena, y me resigné a lo que pensé serían largas horas contando las manchas de sangre en el piso, y escuchan canciones viejas de mi amplia playlist. Mientras hablaba con mi compañera de guardia esa noche, @cibeltoledo, sobre lo buenos que eran los primeros discos de 30 Seconds to Mars, escuchamos la conmoción en el pasillo que vaticina la llegada de un paciente a nuestra sala de emergencias.


Se trataba de un joven de 16 años de edad, cuyo verdadero nombre omitiré, en parte para preservar su identidad, pero mayormente porque no lo recuerdo. Pretendamos que era Ramón. Llegó en una camilla, en compañía de su madre y su primo, ambos angustiados, y a primera vista se notaba diaforético (con exceso de sudoración), inquieto, y con un yeso en su pierna derecha. Entre su madre y su primo nos contaron la razón de consulta: el joven estaba bajo tratamiento con antibióticos por un pequeño absceso en su pierna enyesada, y al recibir la primera dosis de un medicamento cuyo nombre no recordaban, comenzó a presentar los síntomas antes descritos, junto con debilidad generalizada (astenia), fiebre, náuseas, vómitos, y un intenso dolor de cabeza.


Junto con el médico residente que nos supervisaba, le diagnosticamos una reacción de hipersensibilidad farmacológica causada por el antibiótico que había consumido. “Esto es un caso para Medicina Interna”, le dijimos a la madre, quién nos pidió que habláramos con los doctores de esa área para trasladarlo. Voy a Trauma Shock (el área de emergencias de Medicina Interna, que afortunadamente queda al lado de nuestra sala de cirugía menor), y noté que el área estaba más poblada que una estación de metro en hora pico. Le conté al doctor residente sobre el caso, y me respondió que estaban muy por encima de su capacidad actual (habían 10 pacientes, teniendo la sala una capacidad para 7) por lo que me pidió que, tratándose de un caso poco complicado, lo tratáramos nosotros.

Fuente: Imagen Propia


@cibeltoledo a la izquierda, yo a la derecha. Era día de prueba; habíamos dormido poco.



La verdad es que el manejo del paciente era en teoría fácil; a pesar del nerviosismo de los familiares (y suyo propio), el joven se encontraba en buenas condiciones, y sólo había que colocarle un antipirético para la fiebre, y reponer el líquido perdido mediante la administración de solución salina intravenosa, buscando también diluir la concentración en sangre del antibiótico causante de la reacción y así aliviar el resto de sus síntomas. Llamamos a la enfermera para que le pusiera una vía con 500 ml de solución salina al 0,9%, y viendo que ningún otro paciente requería de nuestra atención, nos dedicamos a calmarlo tanto a él como a sus familiares. No teníamos idea entonces de la, digamos, florida variedad de síntomas que iba a presentar.


@cibeltoledo y yo nos pusimos a su lado, y le colocamos un termómetro debajo de la axila. Mientras esperábamos a que el mercurio indicara su temperatura, él me habla, con voz baja:

Doctor, ya no tengo oportunidad, ¿verdad?

“¿Oportunidad de qué?”, le pregunto.

De vivir...

Admito que no lo esperaba, y tuve que contener un poco las risas, ante tal nivel de drama que pensaba sólo ocurría en novelas mexicanas.

No vale, tranquilo. Tuviste una reacción de hipersensibilidad al antibiótico que tomaste, pero se te pasará en una hora como mucho. Quédate acostado y no te preocupes.

Mis palabras parecieron surtir efecto, y tanto él como sus familiares se calmaron. Vi que su temperatura era de 38°C, menor a los 39°C que su madre nos refirió tenía antes de acudir al hospital, el doctor a cargo de nuestro servicio consideró que el antipirético no iba a ser necesario, y pensé “listo, caso resuelto” (Nota mental: debo dejar de creer que las cosas son tan fáciles). Guardo el termómetro, y justo antes de volver al escritorio para seguir escuchando From Yesterday, Ramón vuelve a hablar, esta vez con un ánimo y tono de voz notablemente mejor:

Eres muy linda… ¿Tienes novio?

Le dice a @cibeltoledo. Ni ella ni yo pudimos evitar sonreír ante lo inesperado del comentario, cosa que él nota, y esta vez viéndome a mí, dice:

¿Verdad que es bonita? ¿Te gusta, cierto? Si sonríes es porque te gusta. Deberías intentar algo con ella, dile que te gusta

Entre risas le seguí el juego, “Vaya, me descubriste” dije, mientras veía a mi compañera y pensaba en lo rápido que los jóvenes de ahora adquieren confianza (y en lo que hubiese dicho mi novia de estar presente). Pocos segundos luego, sin embargo, su tono se torna más consternado, y comienza a repetir como si de un mantra se tratara “me duele la cabeza… me duele la cabeza…”

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Inmediatamente notamos la preocupación de su madre, y tratamos de calmarlos a ambos reiterándoles que aguantaran unos momentos más mientras pasaban los efectos de la reacción. En ese momento entra el primo del joven, quien había salido a hacer una llamada minutos antes. Al verlo, Ramón gritó…

¡No, vete! ¡No me veas, no me veas! ¡Nadie me vea!

La madre inmediatamente lo abrazó e intentó calmarlo, ante nuestra mirada de confusión. “¿Qué pasa? ¿Por qué no quieres que te veas? Es tu primo, calma” le dije.

¡No quiero que me vean! ¡Después les cuentan a todos que estuve aquí y se corre el chisme!

Intentamos tranquilizarlo diciéndole que nadie iba a decir que estaba en el hospital, que sólo están presentes su madre y su primo, y nadie más lo iba a ver. Cubrimos la camilla donde se encontraba con un biombo para que no se pudiera ver desde el pasillo, pero ante los gritos, una enfermera entró a la sala.

¡Vete, no me veas! ¡Yo sé cómo son ustedes, luego le dicen a todo el mundo que estuve aquí!

Notando que todo esto era otro síntoma más de su reacción de hipersensibilidad, le dijimos a la madre que le hablara y tratara de tranquilizarlo; ya no debería faltar mucho para que se le pasara el efecto. Nos paramos en la puerta para evitar que entraran curiosos, y al cabo de unos minutos Ramón ya se había calmado. Cuando pretendíamos sentarnos de nuevo, sin embargo, volvió a su particular mantra…

Me duele la cabeza, ¡me duele la cabeza!

Decía, con un tono de voz cada vez más exasperado. Ante esto decidimos administrarle Dipirona (Metamizol), un antipirético y analgésico. Luego de gritarle a la enfermera que no lo viera, y de haber sido administrado el medicamento, nos refirió que el dolor se había esparcido hacia el brazo donde tenía la vía, y comenzó lo que me gusta llamar la segunda fase de su reacción. Siguió gritando por un par de minutos, y entonces empezó a presentar lo que parecían convulsiones. Aunque, habiendo visto muchas convulsiones durante mi rotación por Medicina Interna, noté que parecían algo forzadas, y que el joven seguía consiente, y aun gritando sobre su dolor de cabeza, de hecho.

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El médico residente se acercó preocupado, y notando lo mismo que yo, le dijo a la madre quien ya para ese punto se encontraba llorando que no eran convulsiones reales por una causa neurológica: su hijo solamente se estaba moviendo sin control en reacción al intenso dolor que tenía. Nos dijo que en unos minutos debería calmarse, al surtir efecto la Dipirona, y mientras tanto teníamos que asegurar que no estropeara tanto la vía en su brazo izquierdo, como su pierna derecha fracturada. Mientras lo sosteníamos, pasó a la que clasifico como la tercera fase de su reacción: las alucinaciones.

¡Mi caballo! ¡Mi caballo!

Gritó, mientras golpeaba la camilla. Recordé que hace apenas un par de horas pensaba que sería una noche aburrida.

¡Mi caballo, mamá! ¡Mi caballo!

“¡¿Qué caballo hijo?!” Le preguntó su madre entre lágrimas, abrazándolo. Viendo nuestras caras y notando que hace un tiempo habíamos dejado de entender lo que ocurría, nos explicó que tampoco tenía la más mínima idea de lo que estaba pasando; su hijo nunca había tenido un caballo.

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Nuestra reacción, básicamente.



El doctor nos explicó que en raras ocasiones, se puede presentar confusión (de eso nos dimos cuenta) y hasta alucinaciones por hipersensibilidad medicamentosa. Aceptando su explicación, seguimos cuidando el brazo y pierna del paciente mientras continuaba moviéndose sin control, ante el sollozo de su madre y la preocupación de su primo, quien tenía tiempo observándonos desde cierta distancia.


Al cabo de unos cuantos minutos (que parecieron horas por el dolor de espalda que tenía. Estoy muy viejo para estar tanto tiempo inclinado), las “convulsiones” fueron disminuyendo en intensidad, y Ramón dejó de llamar a su caballo inexistente. Comenzó a sentirse somnoliento, y le dijimos que lo mejor era que durmiera; si bien teníamos cierta curiosidad de ver que otro síntoma podía llegar a presentar, estábamos algo exhaustos, aunque más mental que físicamente. Tuvimos suerte, ya que en ese momento llegó otra emergencia, bastante más importante, sobre la cual planeo contarles en el próximo capítulo de esta serie (si, esto es un “continuará”).


Alrededor de una hora después, mientras estábamos atendiendo a nuestro nuevo paciente, la madre se nos acercó y nos dijo que su hijo ya se encontraba despierto y sintiéndose mucho mejor. Le recomendamos otra clase de antibiótico para sustituir el causante de su reacción, y el joven se despidió de nosotros con aspecto apenado, disculpándose por su conducta previa. Cuando tuvimos un tiempo libre, varias horas después, discutimos el caso con nuestro doctor, quien nos dijo que aunque la sintomatología era la de una reacción hipersensible, estaba seguro de que la gravedad de los síntomas era, al menos en parte, exageración del joven. Pero, ¿exactamente cuál es esta sintomatología de la que hablábamos?


La Hipersensibilidad a los Fármacos es una reacción inmune, generalmente parecida a las alergias, cuya causa aún no está del todo clara, aunque se sabe que no toda reacción es de carácter alérgico; algunas pueden causar síntomas no mediados por mecanismos inmunes, y que por lo tanto permiten futuros usos del fármaco. Pueden causar una amplia variedad de síntomas, variando de paciente a paciente sin importar que se trate del mismo medicamento. Incluyen exantemas cutáneos (erupciones rojas en la piel), anafilaxia (reacción alérgica grave que incluye hinchazón de la cara y constricción de las vías respiratorias), picazón, fiebre, dolor en las articulaciones, edemas, anemia, problemas digestivos, renales o pulmonares, entre otros.

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Hinchazón facial causada por una anafilaxia.



Su diagnóstico es principalmente basado en la clínica del paciente, que se manifiesta a los pocos minutos de la ingestión del fármaco, aunque también se pueden realizar pruebas cutáneas para ver si ocurre la respuesta de hipersensibilidad al contacto con el medicamento. Por último, su tratamiento es básicamente esperar a que pase el efecto, tratando los síntomas de ser necesario (antihistamínicos para la picazón, analgésicos para los dolores, adrenalina para la anafilaxia, etc.)


Este fue nuestro primer paciente con algún tipo de reacción adversa a medicamentos, pero seguramente no el último. Sólo pido que el próximo alucine con algo más interesante; vamos, que ver caballos inexistentes es aburrido, si estás teniendo alucinaciones seguramente puedes imaginarte uno con alas, al menos.

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Algo así, tampoco pido mucho.


Referencias:

  • Beers, Mark H., et al. Manual Merck de Diagnóstico y Tratamiento, 11va ed., 2007.

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JAJAJAJAJJAJAJAJA MI CABALLO MI CABALLO! , no aguante y me heche una buena carcajada. Excelente historia amigo un abrazo.

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Gracias amigo! Igual, felicitaciones por tu crecimiento, 41 de reputación ;)

Saludos @mike961. Me agrada la forma en que nos presentas el caso, muy divertido el relato.

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Gracias, me alegro que lo hayas encontrado entretenido!

Muy buena historia.

Este post ha sido propuesto para que lo vote Cervantes. Saludos.

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Vaya, gracias! No me esperaba que gustara tanto jajajajaja

Hi @mike961!

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