"Retrato de una niña" es una de la hijas de Velázquez

in spanish •  2 years ago  (edited)

He sostenido en otro escrito que El Greco pintó a una enamorada como modelo de “La dama del armiño” y no lo firmó por ser un cuadro de una persona cercana, un cuadro que quedaría en casa y no merecía la pena gastar tiempo y paciencia escribiendo la firma, toda otra obra de arte como eran las firmas de El Greco.
https://steemit.com/spanish/@jgcastrillo19/la-dama-del-armino-el-greco

En este cuadro que acaban de subastar en Madrid,

aunque no he tenido ocasión de observarlo y estudiarlo en el museo, estoy estudiándolo por fotografías, y no veo ni la firma, ni las iniciales D. V., ni el año.

Tengamos en cuenta que Velázquez sólo firmó un diez por ciento de sus obras. El resto lo dejó sin rastro de autoría, por lo que hay que hacer análisis interno para bucear en ellas.

No nos vale el argumento que he defendido para localizar a la modelo que utilizó El Greco en “La dama del Armiño”. Sí creo que se trata de la propia hija de Velázquez y, por lo tanto, que fuera un cuadro para decorar un rincón, un cuadro que quedara en casa y que no mereciera la pena firmarlo tampoco. Para qué… De todos los cuadros de Velázquez que he estudiado en los museos, en muy poquitos he observado la firma, ni siquiera la fecha.

Hemos de ir tras otras observaciones:
Sabemos que Velázquez para algunos cuadros utilizó como modelos a las personas de su misma familia. En el cuadro “Adoración de los Reyes Magos”, la Virgen, Melchor y el Niño son su mujer, su primera hija y él mismo.

También sabemos que en ocasiones antes de hacer un cuadro importante para él, por el dinero que iba a cobrar por pintarlo, se esmeraba previamente con disciplina académica realizando no solo bocetos sino incluso retratos totales al óleo, como entrenamiento, para colocar el modelo según la dirección de las luces para que proyectaran las sombras de la manera más adecuada a sus gustos pictóricos y también la altura y localización de la tarima para tomar el escorzo preferido.

Precisamente, en estos cuadros de entrenamiento vemos el Velázquez auténtico, donde no intervinieron ninguno de los empleados en su taller como en otros retratos de gentes de alcurnia con finos ropajes y encajes y bordados para los que necesitaba ayudantes, que con paciencia infinita emplearan horas y horas en la ejecución de los millones de detalles, de puntillas, de bordados, de joyas, collares, botonaduras, cenefas, brocados y filigranas sin cuento.

En estos encargos de la nobleza, en su primera época, cuando ya se independizó de su suegro y montó su propio taller, Velázquez pintaba el rostro y el encajado general con unas primeras manchas distribuyendo las grandes masas. El resto era trabajo de peones.

Recordemos el retrato de su criado en Roma:
Este por el contrario lo pintó todo, alsolutmante todo, él mismo. Este ayudante era el mozo de carga, a lo sumo le preparaba los botes con los pigmentos y le limpiaba las paletas y los pinceles, pero su oficio era cargar los baúles con los enseres de viajes.

que lo pintó como entrenamiento antes de emprender el retrato del Papa Inocencio X.

Todo parece indicar que el cuadro que analizamos “Retrato de una niña” se trata de otro cuadro de entrenamiento.
En este “Retrato de una niña” vamos a fijarnos en algunos aspectos destacables:

Lo más llamativo, a simple vista, para identificar que fue pintado por el propio Velázquez es la ejecución de los pliegues de la ropa abusando del blanco para destacar las luces. Podemos comparar con el detalle pintado con la misma técnica en otros pliegues de “La Adorción de los Reyes Magos”

La mirada cansada y resignada de la niña denotan que no era de su agrado estar posando, sino más bien obligada por su padre, incluso capta los ojos húmedos de haber llorado o estar a punto del llanto. Para mí es el aspecto impresionante más destacado de este retrato.

Incluso la posición de las manos orantes no precisamente en posición devota sino con los brazos cansados, bajos, rendidos de tanto tiempo que tenia que estar posando y además sosteniendo el mando verde. Este es un verdadero retrato.

Si pensamos que es la mayor de sus hijas observamos algunas coincidencias en cuanto a fechas, pues sería pintado alrededor del año 1630. Tengamos en cuenta que Velázquez se independizó de su suegro con taller propio en 1617, o sea que en esta época ya era un consagrado maestro al que la Casa Real y allegados a la Corte ya le encargaban retratos bien pagados.

Tanto la proyección de las luces como el estudiado escorzo hacen pensar en que fue un entrenamiento anterior a pintar un cuadro importante y encontramos la misma técnica, la misma dirección de las pinceladas y la misma realización de los brillos del cabello en el flequillo que el niño de una alta dama: Antonia de Ipeñarrieta y Galdós. El niño: Luis, que comentaré seguidamente.

Pero este cuadro de Antonia Ipeñarrieta y Galdós guarda muchos secretos. Pictóricamente es un desastre. Está hecho con superposición de elementos pintados en distintas fechas, como si fueran parches pintados en distintos años.

Esta señora le encargó tres cuadros en 1624, único dato constatable. El resto de los datos señalados por unos y otros historiadores del arte son suposiciones varias. Se sabe que uno de los retratos encargados era de su primer marido del que no se tienen más noticias. O sea, que tuvo que fallecer sin realizar el retrato. De su segundo marido sí que más tarde Velázquez haría otro retrato.

Este es el segundo encargo: de la misma señora con su hijo pequeño al que antes aludía.

Como no coinciden las fechas de ningún estudio y todas son suposiciones, lo más verosímil es mi suposición al respecto: que Velázquez conocía al niño pero que se murió de pequeño, a pesar de lo cual y ante la pena de la madre, le prometió que él podía reproducirlo de memoria y con todo el primor del mundo. Es decir, que posar lo que se dice posar, posó la madre para hacer el rostro y las manos y el resto incluido el rostro del niño Luis lo inventó Velázquez y los operarios pintores de su taller pictórico, para lo cual Velázquez se entrenó pintando a su hija, de una edad de fechas coincidentes.

El desastre pictórico se ve muy claro con este detalle en el que se aprecian las superposiciones y correcciones, por tanto me atrevo a formular mi propuesta.

Esa cabeza del niño es un postizo desechable. El cuello de encajes almidonados lo resolvió como con unas pinceladas posteriores para plasmar la sombra bajo el carrillo derecho, la oreja desproporcionada y el cabello de su lado izquierdo liso, corrección posterior a la terminación del retrato; aparte de que es liso por contraposición al de su lado izquierdo que es ondulado e ingeniosamente inventado.

Por supuesto, lo que llama la atención a simple vista es la corrección del flequillo después de que a la madre no le gustara el pelo tan largo, y lo resolvió con unas toscas pinceladas sobre el rostro frágil y enfermizo del niño. Todo un invento del ingenioso y pícaro don Diego Velázquez. La realización del cabello es otro desastre que, corrección tras corrección, resolvió como pudo pero de una manera torpe. Total, que este es de lo peor de Velázquez pero es una reliquia y hay que conservarlo como oro en un paño porque en parte de su ejecución intervino Velázquez, un pillastres.

Ahora veamos los dos rostros juntos, el de la hija de Velázquez y el del niño Luis de doña Antonia:
Con su propia hija se entrenó y sacó un modelo para plasmar una variación del mismo como retrato del niño Luis: todo un logro.

La verdadera obra de arte fue el retrato de su propia hija en el que no intervino ninguno de sus operarios.

Lo más probable es que, para pintar el retrato de doña Antonia y su hijo Luis, hiciera posar durante unas sesiones a doña Antonia en su palacio para no molestarla demasiado, y el resto ya lo hicieron todo sus ayudantes en el estudio de Velázquez, y él solo intervino al final dando las pocas pinceladas bruscas para hacer las oportunas correcciones. Es de notar que correcciones abundan constantemente en los distintos cuadros de Velázquez.

Quizá la corrección más importante sea la del “Dios Marte” en el muslo izquierdo que le había salido muy desproporcionado en el primer bosquejo, yo diría más que bosquejo, pues ya se puede observar la corrección sobre el óleo seco, ya tratado en otro artículo.

También en el de su niña hay correcciones importantes, la más destacada la vemos en la arista del rostro para confundir el color de la sombra de la cara con el fondo.

En un cuadro de entrenamiento como es "Retrato de una niña", no se entretiene en puntillas ni bordados, como se los exigirían las personalidades vestidas con sus más elegantes y sofisticados atuendos. Esos detalles, después de pintar él las caras y encajar los ropajes, sin duda, ya se los dejaba a sus ayudantes.

Lo importante es que el titulado modernamente como “Retrato de una niña" es una obra maestra por antonomasia, además de su total ejecución y autoría, por eso, para mí se multiplica su valor artístico, muy superior al del cuadro de la dama susodicha.

Aunque Velázquez no hubiera pintado más que estos dos cuadros, serían suficientes para darle el título de maestro universal de este arte pictórico.

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Amigo me encanta como escribes y creo que ya te he invitado (incito tanta gente que por ahi me pierdo) al spanishchallenge, seria un placer tenerte en nuestra familia y que le aportes mas calidad al concurso. Espero que te animes, en el perfil de spanish-trail estan las reglas. Abzo!

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Gracias

Ese pequeño detalle hace la diferencia, yo lo hubiese firmado tratándose de mi hija. Muy completa tu información sobre un gran pintor.

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Gracias