La denominación "Virgen de las Huertas"

in spanish •  3 years ago  (edited)


La actual iglesia del Crucifijo, en Puente la Reina, a 26 kilómetros de Pamplona, fue anteriormente denominada como “Santa María de Hortis”, “Nuestra Señora dels Ortz" o “Nuestra Señora de los Huertos”. Algunos autores defienden el origen de este apelativo por su ubicación en el “Barrio de los Huertos”, mientras otros creen que representa un símbolo Templario en honor a la Madre Tierra.

La imagen original de Nuestra Señora de los Huertos desapareció en 1834 cuando la iglesia se utilizó como polvorín de guerra. Pero no debemos de olvidar que está ubicada a la orilla del río más caudaloso de Navarra.

No conocemos ninguna descripción de la imagen aunque debemos suponerla de madera negra como todas la imágenes medievales y asiáticas que se han descubierto a lo largo de la historia.

La denominación “La Virgen dels Ortz", con sus variables fonéticas de origen vulgar-popular “Ortis”, ha sido interpretada erróneamente como “La Virgen de los Huertos”. Más bien hay que interpretar como la “Virgen de las Aguas”.

El mismo tratamiento tendría el nombre del monasterio de "Santa María de Huerta", en Soria.

Si no contáramos más que con esta palabra aislada, nuestras dudas en cuando a su origen seguirían perennes, pero considerada en un contexto amplio lingüístico-histórico podemos vislumbrar caminos ciertos si consideramos el fuerte adoctrinamiento de los armenios y de su Teología Mariana sobre los cruzados, a los que les hacían encomendarse a la Virgen en las duras batallas de Oriente. Y más tarde a los templarios que defendían y custodiaban a los cruzados, haciéndose cruzados ellos mismos.

Los cruzados, los templarios y los armenios inundaron Francia y España de imágenes de la Virgen con el Niño, con tez morena con rasgos de mujer armenia y corona decorada con gruesas piedras preciosas al estilo asiático. El “souvenir” o recuerdo que traían a Europa era una talla de la Virgen a la que se habían encomendado y por la que creían firmemente que habían vencido en sus duras y cruentas batallas. Fueron tantos los éxitos bélicos que inundaron de vírgenes “negras” el continente europeo.

Con el exterminio de los templarios, todo lo que estuviera contaminado de cercanía templaria era denostado y despreciado, de tal manera que se destruyeron, se quemaron o se guardaron o se enterraron o transformaron esas cantidades de imágenes, aunque se conservaron algunas que con el correr del tiempo se han ido desenterrando, pero sobre todo, lo que encontramos ahora son restos lingüísticos en denominaciones como esta de la “Virgen dels Ortz”.
En armenio antiguo y moderno, “urti”, significa abundancia de agua.

En algunas de los 20 euskalkis (modalidades del euskera) la misma palabra significa también abundancia de agua, corrientes de agua y fuentes de mucha agua, en definitiva “aguas”.

En la época medieval del castellano naciente, la “u” breve tónica, según la corriente de la evolución de todo el vocalismo latino vulgar evoluciona a “o”, y los préstamos que se adhieren en esa época medieval participan de los mismos fenómenos evolutivos, así que no es extraño que en el norte de España esa “u” evolucionara a “o”
Y la “i” final se pierde con absoluta facilidad, o bien, mantiene su articulación palatal titubeante entre consonante y vocal. De ahí que “urti” -que era el vocablo armenio que introdujeron los canteros devotísimos de la Virgen, que traían junto con sus amicísimos cruzados y templarios, en la zona de Provenza y Reino de Aragón, que comprendía también la actual Cataluña-, se conservara en la lengua vasca como “urt” o “urti” y al designar a la Virgen al lado de un río caudaloso, se le llamara la “Virgen dels Orti” o la “Virgen dels Ortz”.

No es extraño que esta denominación se propagara con repoblaciones medievales venidas de Francia y norte de España en oleadas humanas que ocuparían toda la zona de la Peña de Francia y la Sierra de Béjar, por lo que es explicable que aparezcan en esta zona nombres de santuarios o ermitas bajo la advocación de “La Virgen de Ortis”, transcrito por los clérigos de un siglo más tarde como “Virgen de los “Huertos”, o “de las Huertas”, o “Santa María de las Huertas”.

Pero en la Sierra de Béjar no son precisamente las huertas las que conforman el terreno como en extensos valles llanos, sino las rocas, las fuentes cristalinas, las aguas en definitiva.

Habría que investigar en Béjar arqueológicamente y paleográficamente el santuario de la Virgen del Castañar, al lado de torrentes cristalinos que forman el río Cuerpo de Hombre, para comprobar si en siglos lejanos se llamó: “La Virgen de las Huertas”, y si hubo alguna imagen medieval morena, asiática, como todas las vírgenes de madera negra.

Desde mitad del siglo XIII se venera en Villaverde del Río, al lado del Guadalquivir, una pequeña imagen de no más de 12 cm. morena por cierto, y talla con corona de bastas piedras preciosas, asiática en su arte, de Asia Menor, armenia para más señas. ¿Qué duda puede caber de que un intrépido templario la portara como mascarón de proa en la testuz de su caballo en la conquista de las riberas del Guadalquivir formando parte de las huestes del Rey Fernando III después de haber venido de Asia? Desde entonces, allí se venera donde se encontró, y donde la devoción popular ha adornado con múltiples leyendas.

En una sociedad teocéntrica como la cristiana medieval, de los recuerdos que podía traer un cruzado o un templario de tierras asiáticas, nada podía ser más estimado que una imagen tallada en madera oscura de una virgen armenia, de nariz larga y bellos ojos grandes y rasgados.

Ahora bien, el templario que portara la imagen desde las tierras vasco-navarras hasta el Guadalquivir, tampoco dudó en propagar la traducción de su significado originario de la “Virgen de las aguas abundantes”; y ya se encargó, a su vez, la devoción lugareña y popular de santificar las aguas para sus cultivos y orientar su devoción religiosa bajo la advocación de la “Virgen de las Aguas Santas”, en Villaverde del Río, en Sevilla. Es la misma “Virgen de los Huertos” en Fuente la Reina al lado de Pamplona, o que la posible “Virgen de las Huertas”por los alrededores de Bajar.

Tras el largo periodo de la Béjar musulmana, (tengamos en cuenta que serían bereberes los que conquistaron Béjar en el año 713) sucede el episodio de los bejaranos vestidos con musgo para reconquistar la ciudad que pasa al dominio cristiano, y es precisamente en esta época en la que aparece la denominación de la “Virgen dels orts” que por un proceso de la consabida etimología popular pasaría a denominarse “de las Huertas”, aunque hiciera referencia a las aguas abundantes del río de Béjar que nace en Hoyamoros en los restos del glaciar de la sierra de Candelario, y se precipita furioso entre grandes guijarros.

Hay que seguir investigando la cantidad de imágenes de “vírgenes negras” que aparecen en Francia y España a partir de la Edad Media, porque la Edad Media es el periodo que más secretos esconde de nuestra historia.

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