Escalada el reto de vencerse

in naturaleza •  21 days ago

Pegado a la roca, a 10 metros del suelo, el vértigo amenaza, parece que no hay cómo seguir subiendo y sólo queda darse por vencido, soltarse y dejarse caer, sujetado por la cuerda.

“¿Qué hago?”, pregunto al guía que me cuida, desde abajo, unido a mí por la misma cuerda. “Subes”, responde animado y sin asomo de duda. Y la rendijita ansiada aparece debajo de las yemas de mis dedos que se pegan a ella y me animo a subir mi pierna derecha, buscando un apoyo para mi pie, calzado con unas zapatillas especiales que se adhieren a la superficie vertical.

Y ahí está la ranura en la que tomo apoyo para enderezarme, estirarme, soltar mi mano de ese canalito al que se aferra y lanzar mi brazo allá arriba, donde sobresale una roca que no alcanzo… en el primer intento, pero sí en el segundo. Y escalo, un par de metros, pegado a la roca, sujetado en cuatro puntos diminutos. Respiro profundo y una calma mágica me invade, una especie de apego afectivo al frío muro que deja de ser un desafío y se vuelve amistoso, por instantes. Sólo unos segundos mientras mis dedos buscan otra saliente de la cual asirme, la hallo y luego busco dónde apoyar mi pie, para repetir el gesto que me aleja del suelo, me acerca a la cima. Y alcanzo esa cima y, al mismo tiempo, la plenitud de vencer el temor que impone la altura de esa áspera superficie que asciende, desafiándome a escalarla.

RIESGO Y DESAFÍO

La escalada deportiva puede ser riesgosa en su versión solo integral, sin cuerdas ni otro equipo, pero la que se practica en Cochabamba está lejos de ese extremo. “El riesgo es mínimo y nunca nos ha ocurrido un accidente”, afirma Erick Weichert, propietario e instructor de El Muro, el gimnasio de escalada deportiva ubicado en la avenida Costanera, en el complejo deportivo del Club Olympic.

Weichert, ingeniero informático de profesión, aprendió a escalar y se enamoró de esta práctica deportiva en Nueva Zelanda, donde vivió una década. Para él, como para cualquier escalador, la escalada es un desafío, y lo fue desde un principio. “Una amiga me invitó a escalar, allí en Nueva Zelanda”, cuenta. “La primera vez fue un fracaso, no pude hacer nada, me caía todo el tiempo. Entonces me dije que tenía que aprender, y me inscribí a un gimnasio. Desde entonces no dejo de escalar”, dice sonriendo.

“Es como una adicción”, comenta Bernardo Leoni, estudiante de Ingeniería Comercial, escalador desde hace más de tres años y asiduo de El Muro.

Diana Andrade también entrena en El Muro y tampoco menciona el riesgo. Para esta joven médica, la escalada es un asunto integral. “Al principio parece difícil, pero luego es cuestión de superación personal. Cada vez que escalas te superas un poco, vas mejorando día a día. Es tanto físico como mental. Todo está en la cabeza”.

“Me gusta especialmente la adrenalina que hay acá, cómo te vas retando, cómo vas mejorando tu estado físico y tu actitud mental. Es una superación personal permanente”, asegura.

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