El asesino que no quería matar

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Fue aceptado en Hermandad de los Garras Negras muy a regañadientes, solo los excelentes antecedentes de su abuelo, de su padre y en menor medida debido al corto período de permanencia, de su hermano mayor.

El maestre de la hermandad ya conocía que el carácter y la disciplina que se requieren para iniciar en la práctica rentada de los asesinatos a un nuevo y pequeño postulante, no estaban presentes en la personalidad de Víctor, sin embargo, en agradecimiento a los servicios que sus parientes habían brindado a esta sociedad secreta que por razones impositivas debieron reconvertirla en una fundación sin fines de lucro, decidió aceptarlo.

En los primeros meses todo fue normal y para sorpresa del instructor primero y del maestre después, las calificaciones en destreza física, puntería, manejo de bombas, jeringas, tijeras y cuchillos eran impresionantes y superiores, a veces por mucho margen, a otros postulantes y aprendices supuestamente con mejores antecedentes y predisposición.

Los problemas comenzaron con las prácticas de asesinatos, los ratones, gallinas y cerdos rompían su corazón y no pudo quitarles la vida, aún bajo la presión y amenazas de sus instructores y también de sus compañeros que habían sido a su vez amenazados con dejarlos sin comer si todos no respondían como un grupo conexo e indisoluble a las órdenes recibidas. Cuando blandía el cuchillo para cortarle el pescuezo a una gallina le agarraba un calambre, cuando debía dispararle a un cerdo se le encasquillaba el arma y así las excusas aparecían una tras otra y el primer asesinato no se consumaba nunca.

El problema era mayúsculo, el mejor tirador, el más diestro en el manejo de armas alternativas no podía matar tan siquiera a una hormiga. El maestre debía tomar una decisión drástica y convocó al directorio ya que no se sentía cómodo sin la anuencia del consejo directivo.

Mientras todo esto se desarrollaba Víctor fue culpado por la desaparición de un grupo de gatos, perros y cerdos que eran utilizados para las prácticas de asesinato por los alumnos, un buen día todas las jaulas aparecieron abiertas y sin sus ocupantes y por supuesto que las sospechas se dirigieron al unísono hacia la persona de nuestro héroe.

Era la justificación que los jefes de la hermandad necesitaban para expulsarlo sin embargo en la mañana en que se le comunicaría la decisión alguien avisó que un ladrón común que fue apresado por la policía había confesado el robo de todos los animales de la fundación. ¿Cómo se enteraron? Fácil, todas estas organizaciones delictivas tienen informantes e incluso personal propio infiltrado en las organizaciones policiales y de justicia, además de mantenerlos al tanto de cualquier novedad que pueda ser de su interés, también ayuda a solventar sueldos y salarios. Estas organizaciones no se mantienen solas, hay que valerse de cualquier recurso para recaudar más, la vida está dura aunque en este caso deberíamos decir la muerte.

Debido a la gran proliferación de armas, de juegos violentos, de padres que se desinteresan de sus hijos, de drogas y otros causales de violencia cotidiana ya casi nadie contrata asesinos, se encargan ellos mismos aunque el trabajo sea menos limpio y profesional, son los tiempos que corren y tanto el maestre como el consejo directivo estaban enormemente preocupados por un futuro que se avizoraba tan negro como el nombre de la hermandad.

Volviendo a nuestro personaje un hecho fortuito hizo que su suerte y la de toda la sociedad cambiara, en una clase colectiva sobre armado y detonación de bombas un gran artefacto fue mal manipulado por el instructor y ante la detonación inminente se decidió la evacuación del edificio. Todos salieron corriendo menos Víctor quien valientemente se puso a trabajar sobre el detonador y logró desactivarlo en una carrera contra el tiempo y sus propios nervios. Si bien la vida de nadie estaba en peligro ya que la bomba era de olor, de esas que se vendían en una época como “chasco” con un desagradable aroma a huevo podrido. Sin embargo el peligro fue enorme y los costos incalculables ya que para quitar el olor en caso de detonación, deberían aguardar muchos días y las operaciones de la hermandad detenidas hasta ese momento, el maestre no quería ni pensar en lo que podría haber costado el incidente, el tremendo golpe económico para las arcas hubiera sido devastador.

Desde ese momento el objeto de la sociedad cambió y se reconvirtieron en un escuadrón antibombas privado y con sus enormes contactos en las fuerzas de seguridad y en la justicia trabajo no les faltó. Pero así y todo con esto no alcanzaba así que una parte de la hermandad abrió una nueva división encargada de la recolección, cuidado y custodia de mascotas extraviadas o abandonadas, de esa manera la asociación sin fines de lucro logró un crecimiento patrimonial y financiero.

Víctor se encargó personalmente de inculcar los nuevos valores y postulados a la hermandad y enseñó muy bien a todos como desarmar bombas.


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Héctor Gugliermo

@hosgug

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Jajaja, exelente historia amigo @hosgug, tan interesante y atrapante que no pude evitar hacerme las imágenes en mi cabeza, como siempre, exelente post. Un abrazo grande.

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Muchas gracias amigo! siempre tan amable.