Show us your talent contest | Los Niños Malditos escrito por @nachomolina

in contest •  16 days ago  (edited)

Sinopsis:

“Con extrañas cualidades, pensamientos oscuros y actitudes inesperadas, los niños malditos crean un ambiente de caos en el parque de acacias. Cuando el niño visitante descubre el revés de la historia, su vida queda a merced de los acontecimientos. Mientras el parque cambia radicalmente mostrándole la cruel realidad, él sigue esperando el regreso de sus padres...”




(banner original creado por el autor)


Al principio de aquel día cálido y con cielo azul... jugaba con mis nuevos amigos los cuales acababa de conocer. Me complacía mucho tratar con ellos, en lo más profundo de mi ingenuidad. Corríamos en un parque rodeado por arbustos ubicados simétricos en forma de laberinto. En ambos extremos habían sendas acacias de flores amarillas.


fuente

Estaba un tanto abandonado aquel parque, a juzgar por la maleza seca y ese halo de soledad, de lugar poco visitado.

MARTINA

Era grande, tenía diez años. La voz aguda pero de tono recio imperativo. Se encargaba de impulsar el columpio y le gustaba dar órdenes. Usaba un vestido negro hasta la rodilla, con encajes y lunares blancos, una gargantilla también negra con un lazo.

fuenteEl color de su piel, pálido, era casi como un papel y los ojos levemente hundidos.

Apareció en formación, el eslabón central de la cadena de niños tomados de la mano:


fuente

~:~

“¿Ellos son tus hermanos?, pregunté; ¿Quién los ha traído?”
_¡Porqué lo dices, acaso nos parecemos…! (su voz me maltrató un poco)

“Bueno, siempre van tomados de la mano, contesté”
_¡Somos inseparables!, esperamos que vuelvan por nosotros.

“¡No entiendo!, ¿Dónde viven?”
_En el laberinto, vinimos a plantar semillas.

“¿Qué?... ¿Semillas? Pero, ¿Cuándo llegarán tus padres?”
_¡Aquí nunca viene nadie!, ¡y tú!, debes comenzar a acostumbrarte…

~:~

Al girar la cabeza agitó su cabellera, rozándome la punta de la nariz. Una larga cabellera negra trenzada en un solo bucle hasta la cintura. Quedé extrañado con aquel personaje, no le vi ningún sentido a las cosas que me dijo...

Sentí la helada brisa, un cierto cambio repentino en el ambiente ocurría a la par de sus palabras, vi el reflejo de un rayo caer desde el cielo, tan rápido como un pestañeo... Igual, empezó esa ligera lluvia humedeciendo los linderos del parque.

fuente


Martina solía cargar a otra niña más pequeña, como de cuatro años, a quien protegía y consentía mucho. La llevaba al hombro dándole golpecitos en la espalda como a un bebé. Asombrado noté algo extraño en ella, pensé:

-"¡Acaso no está muy grande ésta, para recibir tantos mimos!"-

Martina cantaba y lloraba a la vez:

_ “Martina siempre te cuidará, Martina te hará florecer; ¡corre Daphne, corre Daphne!, ya vienen por ti...”

fuente

Y los árboles de acacias se agitaron, en el suelo vi caer la savia en el llanto oscuro de una naturaleza muerta. Los pétalos amarillos pasaron a un tono sepia, después se tornaron ocre, por último se desprendían secos.

Algo así, como si el parque se sumiera en un gran dolor o en una inflagrante complicidad con aquellas dos niñas... La rudeza de Martina dejó ver el revés de la historia marcado en su cara, junto a lágrimas negras que ponían al descubierto su fragilidad.


No me quedó más que decir:

"¿Florecerá la bebé?, la canción de cuna que entonaba Martina parecía de la época de antaño. ¿...Vienen por ti?, a qué jugaban estas dos niñas, ¿Quién inventó esa estúpida canción?"


DAPHNE

La niña consentida escondía su cara. Parecía una muñeca, un ser inanimado, solo pronunciaba algunas escasas palabras, el resto del tiempo se escurría hasta el oído de su protectora en una constante maquinación:

fuente-“Rueda, Laberinto, Lobo... Semilla”, susurraba Daphne.-

Los niños tenían una pequeña carreta de color rojo, de forma rectangular con ruedas negras y un tirante, igual a las usadas para jugar en el cajón de arena. Yo impactado por su magnífico juguete, lo miré por todos lados. Su color rojo escarchado era impecable y sin preguntar la tomé prestada, apenas logré darle mano, justo en ese momento todos voltearon hacia mi y me desaprobaron con una mirada grupal.

Sentí pena, -¡Me pasa por arbitrario!-, dije. No se como pudieron notar mi intención de tomar su juguete, fue como si alguien les hubiera dicho: ¡Miren!, ¡Ahora!.

Entonces me retiré disimuladamente hacia los bancos de madera con cara de amonestado; desde ahí miré algo que no debía...

fuenteMartina colocó a la consentida en la carreta, puso su cabeza en una almohadilla...

Y cubrió sus piernas con una manta.

La niña Daphne, usaba un gorro de lana. Dejando caer su cabello en las mejillas, encogida, permanecía en los brazos de Martina; se hundía en el cuello, subía hasta el oído, no me gustaba la manera de mirar de aquella niña protegida, tenía doble sentido...


"De solo mirarla empezaban a surgir en mi mente un mar de preguntas, exclamaciones de todo tipo; presente, pasado, imágenes difusas de un futuro. A decir verdad, yo tenía curiosidad por saber, pero..."


... Y seguían mis pensamientos álgidos en busca de un porqué, sin poder quitarle la vista de encima. Me enloquecían tantas incógnitas, tantas voces, era el susurro de daphne también en mi oído: Rueda, Laberinto, lobo... Otra vez, Rueda, Laberinto, lobo... existía una especie de tormentosa comunicación mental; sus ojos me psicoanalizaban. Concluí que esa niña tenía el poder de leer mi mente.


ANDRÉS

Me llevé gran sorpresa con el singular niño “Andrés”, uno más del montón. Metido en la fuente de agua todo el día, mirando hacia la nada... En su cabeza no transitaba pensamiento alguno.

Definitivamente un autista al servicio de la mente maestra de Martina. Para él todo juego se tornaba aburrido y por más entusiasmo, poco a poco se hundía en profundas lagunas mentales.

Era inevitable notar sus clavículas despuntadas y la manzana de adán en el cuello. Los brazos le llegaban hasta la rodilla, era tímido, martina lo sometía repetidamente como tratando de interrumpir su interminable viaje.

Subido en las barras suspendidas sus pies rozaban el suelo, el viento podía mecerlo, aquel niño larguirucho permaneció una hora enganchado a la estructura, él nunca supo cómo ni porqué se subió hasta ahí.


¡Llegó la hora, llegó la hora!, vengan todos al árbol necesitaré su ayuda. Corrían detrás de Martina mientras ella tiraba de la carreta. Me sumé a ellos pero me miraron otra vez sus con ojos 'chinos', -Al buen entendedor pocas palabras- ¡di media vuelta!, nuevamente hacia los bancos de madera y me senté a esperar.

~:~

"¡Sostén la cintura! Andrés, con firmeza... Usa la yema de los dedos, una a cada lado de la vertebra."
_ ¿Lo hago bien, ...tina?

"¡Sí, continúa hasta detrás del cuello Andrés!"

"Ahora, boca arriba; flexiona la rodilla… ¿Puedes ver el tendón?
_ ¡Lo veo tina... está tieso!"

"Recuerda mover el tobillo en círculos,
¿cómo vas?, ¿entendiste Andrés?"

_ …Si tina, si entendí, primero la pierna...izquierda, que está peor.

~:~


“Yo permanecí oculto detrás de los arbustos, escuchando aquel diálogo. Presenciando el extraño suceso que me llenaba de intrigas, a la vez me atrapaba y me invitaba a seguir mirando...”


¡No te des por vencida, dan!, esta vez sí lo harás...
El rodillo en la planta del pie, es tu turno Marco, ¡ya sabes que hacer!, luego corre y ve por la carreta.

Martina continuaba girando instrucciones:

¡Andrés!, boca abajo, otra vez en la espalda.
¡Mírame cuando te hablo Andrés!,
¡Tú!, marco, continúa, lo haces muy bien...


MARCO

Aferrado a la mano izquierda de martina a dedos entrelazados como signo de confianza, otro eslabón de la cadena, un niño de séis años, realmente ágil y veloz a pesar de su pequeña estatura.

Llevaba el pelo rapado, una franela de color amarillo desteñido, pantalones cortos de jean también desteñidos.
Era quien giraba la rueda, además un gran corredor. Sus piernas eran como de guepardo, tan solo una señal de martina bastaba para que este obediente discípulo volara y se rindiera a sus pies.

Cuando marco hablaba yo nunca lograba entender lo que decía, porque él tenía algunos problemas de dicción como si la lengua le pesara.

Apartado del grupo, discutía solo, con un gesto de impaciencia, raspaba el suelo con los zapatos, se rascaba la cabeza, levantaba la vista con sobresalto, como en espera de algo, de alguien. Luego corría hacia martina:


_ -¡tii-inna, i-naa!, ¿cu a -ndo vie-ne ma- má, cua -an vie-ne pa-a pá?-,

"¡pronto!, tú también florecerás marco..."


Así llegó la hora de la verdad. Le habían practicado una especie de rehabilitación a daphne, pero yo aun no lograba descifrar aquello que veían mis ojos. Eran situaciones muy complejas para la comprensión de un niño, de igual forma tuve que presenciar la extraña escena.

Me puse de pie sobre el banco de madera para poder mirar directamente. Pronto escuché las voces suplicantes que venían de todas direcciones, un rezo y una maldición, el llanto silencioso que denotaba dolor, la risa de niña y el quejido de auxilio.

Ya yo sabía de donde provenían aquellas voces, la niña daphne y su poder mental...

Ahora de pie sobre la alfombra de acacias, con el desestabilizante temblequeo de piernas, daphne permanecía apoyada en el carromato con una de sus manos y con la otra aferrada a martina, todos los ojos estaban sobre la pequeña.

Se aproximó la fuerte brisa trayendo consigo nubes negras y una parcial oscuridad, tuve la impresión de que el banco de madera se movía como si fuera a despegarse del piso...



Acto seguido;

Daphne se precipitó al suelo, una y otra vez, no logró dar ni un paso. Trueno, relámpago, la inminente tormenta hacía remolinos de alturas increíbles, se llevaban al cielo las cenizas y la bruma del parque. Las acacias apenas se distinguían entre la lluvia.


fuente

Como una serpiente se arrastraba la niña daphne, sus rezos ahora inaudibles, no servían de mucho cuando era arrebatada por el viento. Andrés fue a socorrerla, la levantó pero el viento pudo más que sus manos, arrancándosela en el torbellino.

Luego marco corrió a toda prisa y tampoco sirvió de nada, otra vez abajo, daphne mordía la tierra del suelo, gemía impotente. Una de las acacias fue impactada por un rayo y todos quedamos aturdidos, ciegos al momento...

Ahora fue martina, en ese justo momento comenzó a llorar de impotencia, desconsuelo puro, al reconocer que su querida daphne jamás volvería a ponerse de pie a pesar de sus continuos intentos.

La lluvia se acentuó, continuó en forma de granizo y tuve que esconderme debajo del banco de madera.

No se a donde fueron marco y andrés. Pero si logré ver la silueta de martina al levantar a la niña del suelo y luego desaparecer entre las paredes del laberinto...


fuente

FIN




Esta es mi entrada a:

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Gracias amigo @stellae!

este relato me dejo impactado, extremadamente surrealista, algo de pesadillas, estos niños son escalofriantes, la lectura me atrapo, me sumergí en ese parque terrorífico, te felicito amigo eres un gran escritor, extraordinaria historia

Saludos, amigo @betzaelcorvo!
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@nachomolina



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