Cuentos del fútbol: Zinedine Zidane

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"Son poquitos los jugadores que tienen la suerte de hacer goles en la final de un Mundial; a mí me tocó".

¿Cómo describir a un hombre elegante con una capacidad única para controlar el balón con un solo movimiento? Nos faltan adjetivos para describir la elegancia del juego de Zinedine Zidane. Claro que algunas veces perdía los estribos. Empecemos esta historia por el final.

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"Hubiese preferido recibir yo el golpe a escuchar lo que tuve que escuchar. ¿Creen que yo quería hacer ese gesto? No, claro que no, pero si no hay provocación no hay reacción".

Después de 18 años de carrera anunciaba que dejaba de jugar al fútbol de manera profesional después de la final del Mundial Alemania 2006; pero…se adelantó algunas horas. El 9 de julio de 2006, un cabezazo a Marco Materazzi fue la última acción de Zizou dentro de un terreno de juego, claro que no fue la única mancha en su grandioso curriculum. Pero estos hechos no iban a empañar a todos los otros grandiosos momentos que nos regaló este personaje en toda su carrera.


"Mis padres me enseñaron tres cosas fundamentales: que para poder estar orgulloso de tí mismo y ser alguien hace falta trabajar; que es preciso actuar con seriedad; y que debes respetar a los demás para recibir respeto a cambio. Trabajo, seriedad y respeto. "Si haces estas tres cosas, podrás ser alguien en la vida", me dijeron".

Ahora sí, empecemos como es debido. Allá por 1988 empezaba su carrera en Cannes. Este muchachito que todavía tenía pelo, comenzaba a decirle a todo el mundo “aquí estoy, mi nombre es Zinedine Zidane”. Pasó 4 años en Cannes y tras 71 partidos y 10 goles decidio dar el paso a un equipo con más trascendencia. Se mudó al Bordeaux, donde iba a conseguir su primer título. Sí, ganó una Copa Intertoto. Para los fanáticos de los números quedarán los 170 partidos y los 34 goles anotados en el Bordeaux que se sirvieron para dar el salto al fútbol de las grandes ligas. Era el turno de la “Vecchia Signora”.


"Cuando eres de la Juve lo eres para siempre".

1996 fue el año del arribo de Zidane a la Juventus donde conseguiría títulos a nivel internacional: una Copa Intercontinental, una Supercopa de Europa, otra Copa Intertoto; y también títulos locales: dos “Scudettos” y una Supercopa de Italia. Su nombre empezó aparecer en la boca de todos los amantes del fútbol, sus jugadas a tener una firma propia, sus goles se empezaron a ver en todas las televisiones del mundo y ese número ‘21’ que lucía en la Juve era la camiseta más buscada en todas las tiendas deportivas. Sólo le faltaba una gran actuación para que se le empezara a considerar el mejor.

No hubo mejor momento y lugar, una Copa del Mundo disputada en su país. Francia 1998 fue la cereza del pastel para este mago del futbol. El ‘10’ de la selección francesa fue muy importante durante todo el Mundial, pero no consiguió anotar goles durante el torneo. Pero cuando más se le necesitaba, apareció. Dos goles y una actuación inolvidable que quedará en la historia en la final ante Brasil para darle a Francia su primera Copa del Mundo, coronándose como héroe nacional.

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"En Francia era igual ganar que perder; casi daba lo mismo, nadie se hacía problemas".

Fue considerado por la crítica, por los entrenadores, por los jugadores, por los periodistas y por todos como el mejor jugador del mundo. Además ganó el Balón de Oro y el FIFA World Player como el mejor jugador del año. Ahora sí, Zidane era Zidane. Y volvió a demostrarlo muy pronto, en la Eurocopa 2000 donde Francia ganó el título. Pero volvamos a los clubes.

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"He jugado en dos de los clubes más importantes del mundo. Hay otros, pero es difícil que igualen el palmarés de la 'Juve' o del Real Madrid".

Después de 5 años en la Juventus y con 207 partidos y 30 goles; el Real Madrid de los “Galacticos” necesitaba a su estrella principal. 76 millones de euros pagó el club blanco para quedarse con “Zizou”, siendo en su momento el traspaso más caro en la historia del fútbol. Ahora con el ‘5’ en la espalda, Zidane buscaba conseguir algo que se le venía negando: la Champions League. Y no tardó mucho ya que en su primera temporada iba a conseguir hacer un gol nuevamente en una final. Un gol que quedará en la historia del club, de la Champions y del fútbol. Más que un gol, fue una obra de arte.


"Hay entrenadores que se creen más importantes que los jugadores. Cuando es así, es un problema".

Después llegaron una Supercopa de Europa, otra Copa Intercontinental, dos Supercopas de España, una Liga y muchos premios individuales que los distinguieron como el mejor del mundo. Esos fueron los títulos de Zidane en el Real Madrid, que no tardaron en llevar al francés a lo más alto de la institución blanca siendo uno de los ídolos más grandes del club español.


"Mis padres me educaron con cariño y protección, y eso que mi padre nunca me expresó su amor con palabras, nunca me dijo: Te quiero. Yo sabía que me quería más que a nada".

Pero la carrera de este grandioso jugador, como dijimos al comienzo, no terminó con un club. No, fue con su selección de Francia y en una Copa del Mundo. Alemania 2006 fue el último gran torneo de Zinedine, donde jugó y demostró porqué fue considerado el mejor jugador de ese mundial. Había conseguido dos goles en el camino a la final, era la gran figura de su equipo. Llego el partido decisivo y hasta se animó a tirar un penal “a lo Panenka” ante nada más y nada menos que Gianluigi Buffon, siendo uno de los pocos jugadores en marcar en dos finales de Copas del Mundo. Claro que el final ya lo conocemos.

Pero como este mago no merece terminar con una mancha, este cuento dice así: Gracias maestro, por tanto fútbol.

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