¡No hay nada más bello!
De todas las cosas que he podido ver, que han sido de mi agrado, nada me ha cautivado más que ver un cielo estrellado con una luna brillante dominándolo.
En Maturín, mi anterior ciudad, donde solía vivir con mi mamá, estaba acostumbrado a salir todas las noches a acostarme en la grama para observar las estrellas, ya que vivía en una zona un tanto apartada de la ciudad como tal y por ende, la contaminación lumínica era muy poca. Allí me quedaba inclusive más de una hora, viendo la belleza de cada uno de esos puntitos blancos que te hacen imaginar mil cosas.
Acá en Puerto Ordáz, donde vivo actualmente con mi papá se me hace un poco (bastante) difícil, pues esta es una ciudad más "moderna" que Maturín, hay demasiadas construcciones, demasiada contaminación lumínica y a veces visualizar las estrellas se me es imposible, sin embargo, hay momentos en los que me asomo al balcón y logro ver a lo lejos un cúmulo de estrellas que me alegran la noche y me permiten dormir con un poco de alegría al menos.
No hay nada que me calme más que eso, en serio, mirar el cielo nocturno es uno de los placeres de la vida que jamás podría cambiar.