CHISTES BUENOS PARA UNA RISA SALUDABLE
Como lo anuncié en mi post anterior, para hoy quiero presentarles un Monólogo que escribí y titulé: “LA SOCIEDAD ES FEMINISTA, NO MACHISTA Y YO TENGO LAS PRUEBAS”.
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La mujer poco a poco ha venido ganando terreno y despojando al hombre de todo, hasta el punto de que todo lo que hace la mujer, incluyendo lo sexual, es mirado sin suspicacia y hasta con complacencia porque lo “raro le es ajeno”. Y eso tiene que ver con el bendito “machismo de nosotros los hombres”, que de bendito no tiene nada, ya que nos hace lucir “raros” si nos salimos del patrón social y cultural que por lo general existe sobre la masculinidad.
Con este monólogo demostraré que a la mujer todo le es permitido mientras que el hombre tiene que andar derechito, porque cualquier cosa puede dar lugar a sospechas de que el Gran Varón de Willy Colón ha reaparecido.
Por eso me atrevo a afirmar, que la discriminación sexual es contra nosotros los hombres y no como muchos afirman, contra las mujeres.
Veamos entonces, por qué parto de la anterior premisa, advirtiendo para que no caigan en equivocaciones, que sobre mi condición de hombre no admito duda ni discusión alguna, porque lo he demostrado y recontra probado a lo largo de mis 65 años, ya cerquita de los 66, aunque esto no evitará que algún lector piense lo contrario, pero como decía mi difunto padre: “pa mis c……”, lo cual simplemente era y es una expresión de indiferencia, o de “me importa un c…”.
Primer Caso:
Van dos mujeres por la calle agarraditas de las manos o abrazadas, como suelen verse frecuentemente, y estoy seguro que la gente las ve y piensa: ay, que lindas, deben ser amigas, hermanas, primas, madre e hija… y se ve que se quieren mucho y son muy unidas, ¡Dios las bendiga! Es decir, ni de vainita alguien piensa que son lesbianas, parejas, homosexuales, gays… todo el mundo piensa bonito.
Pero no vayan dos hombres por la calle en la misma situación, porque el común de la gente inmediatamente piensa: esos deben ser homosexuales, rolos de mari…, no les da pena exhibirse así en público, inmorales es lo que son, en fin, hasta es capaz que haya alguien que los grite y los ofenda, y hasta le tiren piedras… ¿será esto discriminación?
Segundo Caso:
Se encuentran dos mujeres en la calle y efusivamente se besan y se abrazan como si se quisieran mucho o fueran familiares o amigas. Esto es muy normal para el común de la gente.
Pero si dos hombres hacen lo mismo, nuevamente aparece el término preconcebido: rolos de mari…. Es decir, las mujeres pueden demostrar sus afectos públicamente pero los hombres no, que vaina, ¿No? ¡Cónfiro! Como diría un maracucho refinado, es que el macho vernáculo está bien jodido.
Tercer Caso:
Cuando una persona presenta a dos mujeres que no se conocen, lo más normal, porque a nadie le extraña, es que las dos mujeres digan: encantada, y se den hasta un besito en el cachete.
Cuando presentan a dos hombres, por lo general estos dicen: encantado y se dan un buen apretón de mano, porque mientras más fuerte es el apretón más machos son.
Pero se imaginan lo que pasaría si llegan a darse un beso en el cachete, que puede suceder hasta por reflejo, porque lo solemos hacer cuando nos presentan a una mujer, y la vaina se hace un hábito, pero eso no importa y como un rayo esmollejao, hasta quien los está presentando piensa: y estos rolos de mari… ¿habrase visto? (hay que aclarar que esto sucede en sociedades machistas como las latinoamericanas, porque hay partes del mundo donde si es aceptado que dos hombres se besen al saludarse). Nuevamente, el macho bien macho queda en entredicho.
Cuarto caso:
Si la gente ve a dos mujeres entrando en un hotel, conversando cariñosamente, o abrazadas, a lo mejor piensan: eso debe ser que están viajando juntas y se van a hospedar para pasar la noche o el día, según sea el caso.
Pero tú, lector, qué piensas cuando ves a dos hombres entrando en un hotel en la misma forma, sobre todo si lo conoces a los dos. Lo más probable es que pienses: ay papá, se lo tenían bien escondidito, tan machos que se ven y se les moja la canoa… ni por la vaina piensan que son dos amigos que viajan juntos, porque macho que se respete no se deja ver entrando en un hotel con otro hombre. Dígame si lo ven entrando o saliendo de la misma habitación, jamás pensarán que solo comparten la habitación y de allí saldrá el brollo mayor ¡No te digo yo!, mayor discriminación ¡imposible!
Quinto Caso:
En una fiesta o cualquier reunión social en cualquier sitio, donde dos mujeres salgan a bailar, es lo más normal del mundo, e incluso algunas dicen: “es que aquí no hay hombres que saquen a una”. Yo sé que muchas se están riendo porque más de una vez han tenido esta experiencia.
Pero si dos hombres salen a bailar, sinceramente amigo lector, que piensas tú o el resto de la gente que los ve: verga, si hasta el coro me parece escuchar: rolos de mari…. y para ellos no sirve la excusa de las mujeres.
En la misma fiesta, la gente observa que dos mujeres se miran mucho y de seguro piensan: eso es que se tienen envidia y se están comparando; o las dos se están admirando mutuamente por su maquillaje, por sus vestidos, o se están buceando a los acompañantes, en fin, cualquier vaina menos pensar que se gustan porque a ambas les atraen las mujeres o son lesbianas.
Pero si son dos hombres, ¡Dios bendito!, los comentarios no se hacen esperar: qué les pasa a esos dos, como que son mari…, no les da pena mirarse así, descarados, homosexuales… y paremos de contar.
Y esa bendita costumbre que tienen las mujeres en una fiesta de ir al baño en cayapa, es decir, mínimo dos pero pueden ser más, y a nadie le parece extraño cuando dicen: voy al baño, ¿me acompañas?, o si la que se para no dice nada, siempre surge otra que le dice: espera, voy contigo.
Qué pasaría si en la fiesta un hombre le dice a otro: voy al baño, ¡me acompañas? ¡Vergación de mari…! sería el comentario.
Lo más cumbre es que en el baño todas las mujeres se dejan ver unas de otras, y pueden llegar hasta a tocarse o decirse cosas, sin que ninguna piense algo malo, salvo que haya un ataque repentino que vaya más allá, lo cual sucede más de lo que uno cree.
Aunque ustedes no lo crean, los hombres somos más penosos (por eso de la pena o la vergüenza, y no por otra cosa). Nos gusta ir solos al baño y hasta los homosexuales evitan ser tan abiertos para ofrecerse a acompañar a otro hombre (lo hacen disimuladamente para que se vea como coincidencia la ida al baño).
Cuando hay varios hombres en el baño, más bien parece como una situación acordada, si están orinando uno al lado de otro, todos evitan mirarse, especialmente el miembro, (cuando más de reojo para las respectivas e inevitables comparaciones), pueden hasta conversar pero sin mirarse.
Si hay alguien que ande con mucha miradera, hasta se puede llevar su buen reclamo o hasta su coñaz… por mirón, dígame si trata de agarrar (porque es verdad, nunca faltan los mari… pasaos), lo más probable es que se forme un escándalo y una coñaze… espectacular.
Hay veces que en una fiesta dos mujeres se desaparecen por un rato y luego reaparecen las dos al mismo tiempo o con pocos minutos de diferencias, si la gente las ve raro o le preguntan dónde estaban, contestan: estábamos afuera fumando o conversando, es que aquí hay mucha bulla, y todos felices con la respuesta.
Si dos hombres hacen lo mismo, por más explicaciones que den, la gente ¡los sigue viendo raro y raros!
Sin lugar a duda que el feminismo, en cuestiones de libertades sexuales le lleva una morena al machismo, que condenado a su rol de “mero macho” evita hasta hacer cosas que quiere hacer por no poner en duda su hombría. Algunos hombres llegan al extremo de evitar besar o abrazar a sus hijos, porque creen que demostrar sus afectos es solo para las mujeres. ¡Habrase visto semejante papelón!
Sexto Caso:
De seguro que a nadie le parece raro que una amiga llegue a visitar a otra en su casa y desde que llega se meten en el cuarto sin salir en todo el día, a lo mejor solo para comer, si es que no se llevan la comida al cuarto. Puede que hasta coloquen un cartel en la puerta que diga “Please, Do Not Disturbe”. Si le preguntan a la mamá o a algún miembro de la familia por la muchacha de la casa, suelen contestar: está en su cuarto, ha pasado todo el día allí con fulanita, deben estar estudiando. Normalito, normalito…
Pero si son dos muchachos y hacen lo mismo, el primero es el padre que suele decir: pero bueno y que hace perecenjo con sutanejo todo el día encerrados en el cuarto, a mí no me gusta esa vaina.
A lo mejor algún lector piensa: pero bueno, es que eso depende de la crianza y de los valores inculcados en la familia. Y tiene razón, por eso cada familia es única y difícilmente repetitiva.
De cualquier forma, a mi juicio, y con esto termino este post, hay un evidente y marcado prejuicio en contra de comportamientos en el hombre que se considerar muy normales en las mujeres, lo cual revela una discriminación a favor de las mujeres.
Tal vez la culpa sea del famoso “machismo” que encapsula al hombre en un régimen de comportamiento tan rígido, que al menor desvío hace pensar a propios y extraños: ¡este lo que es rolitronco de mari…!
Como el tema es picante si le quieres agregar más salsa te lo agradezco.
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Autor: Tucídides López @verseador
Como de costumbre un placer pasar por tu post y conocer su contenido, buen espacio para esa risoterapia,saludos.
Gracias amiga, esa es la intención, que la pasen bien al leerme. Un abrazo.
Yo soy defensora de los penes oprimidos !!