HOY, NOCHE DE CUENTO

in #life8 years ago (edited)

Hola queridos steemitianos y steemitianas. Hoy les voy a regalar un cuento de tradición indígena de la región larense, estoy segura que van a disfrutar de esta tradición oral hecha palabras a través de la escritura del poeta Ramón Querales.

Alberto Ramón Querales Montes, fuente: http://proyectoculturalsarao.blogspot.com

Quizás algunos de ustedes se haya preguntado porque lo cito tanto, y les voy a responder, porque lo extraño mucho. Escritor, poeta, historiador, cronista de la ciudad. Su humor incisivo, detallista. Las conversaciones con él eran interesantísimas, se podía recorrer la política, la historia, sobre la familia, sin que se notaran las transiciones. Siempre tenía el consejo oportuno y te lo daba con delicadeza, sin imposición. Amante abuelo de sus nietos y nietas, a quienes adoraba y no permitía que en su presencia se les dijera algo ofensivo o regañara. Coleccionista de buen cocuy de penca que amigos y allegados obsequiaban y que celosamente guardaba en su alacena luego de aliñarlos, compartía estos, cuando se encontraba de muy buen humor y si te gustaba te dejaba la botella para que la llevarás con la condición de devolverle la botella, pues de paso las coleccionaba. Disfrutaba la buena cocina y dulceria criolla, entre sus recetas favoritas estaban el pollo con macarrones, pero como lo hacia mi mamá, las hallacas y el pernil, y entre sus dulces favoritos estaba el de batata.

En fin, disfruten uno de los tantos cuentos que nos dejó de la tradición del pueblo ayamán en su libro A orillas del principio (narraciones de origen del poblamiento ayamán), el cual fue editado por Horizonte en 2010.


ºO•❤•.¸✿¸.•❤•.❀• Cuando agarraron un pedazo de rayo •❀.•❤•.¸✿¸.•❤•Oº (p.9-10)

Hacía muchos días, muchas noches, muchas lluvias, miles de plantas habían crecido sobre la tierra y otras tantas se habían secado al término de sus vidas útiles, mucho camino en busca de animales para cazar y comer, y muchas veces, miles de veces, había reinado Shispui sobre la tierra, e iguales cantidades de veces Yivat la había iluminado y vitalizado. Ya ni los más ancianos, los que apenas caminaban porque los huesos les pesaban demasiado y más que sostén de los cuerpos eran una carga excesiva, ni ellos, ni sus abuelos si vivieran aún, podrían recordar de cuando todo era de noche, completamente oscuro, ni cuando llovió y llovió intensamente hasta que todo fue sumergido en las aguas, hacía mucho que un grupo de cazadores se atrevió a recoger un pedazo que agarraron de un relámpago que cayó en un mogote. Y las mujeres, al principio llenas de temor, escondieron en el hueco de un tronco seco de un árbol que llamaban caujaro pero luego vieron que el tronco de caujaro ardía chisporroteando mansamente servía calentarse y cocinar los alimentos.

Así fue realmente aunque decían algunos que el fuego, al que llamaron tuk, lo había escondido un pájaro carpintero en el tronco de un caujaro y que de allí lo tomaron las mujeres de tiempo muy antiguos, para cocinar los alimentos y alumbrarse en la noche en que vivían antes de que Yi apareciera por primera vez en el cielo.

Por supuesto que ya no existía nadie que recordara esos tiempos pero había quienes conocían muchas cosas de ellos pues desde sus antepasados más remotos se habían trasmitido muchos de sus pormenores y de padres a hijos, se conservaban los recuerdos y también había personas que los soñaban: así los gasgas, sabios que contaban de los primeros tiempos cuando todavía no habían empezado a viajar hasta las tierras donde ahora vivían siempre caminando detrás de las manadas de grandes animales para cazarlos y comer.

Los gasgas o piaches, cuando todos se reunían alrededor de los fogones, antes de ir a dormir cada uno, cada familia, en el lugar que habían escogido para descansar, contaban de cuando todo era de noche y los animales eran hombres y los hombres eran animales y tenían poderes para correr, volar, hacer ríos o lagos, levantar montañas, vivir bajo el agua o no quemarse.

Pero siempre decían, antes de empezar a contar que eso había sido mucho antes, cuando el mundo no era sino una noche eterna y la gente lo creía porque lo decían los grandes sabios, los gasgas de pelo largo que vivían aislados y solos y casi nunca comían sino unas pocas frutas y bebían únicamente agua que ellos mismos buscaban en manantiales que nadie conocía.

La historia de Turikía, la tejedora, empezó después de todo eso, mucho después, cuando la gente se empezaba a cansar de andar por el mundo detrás de los animales para cazarlos y tener el alimento necesario para sus vidas.

Turikía, una linda muchacha, estuvo pensando en eso, un día que descansaba a la sombra de un gigantesco cotoperís que ahora cobijaba a toda su gente después de haber perseguido unos bellos venados de grandes cornamentas de los que habían logrado cazar dos con lo cual decidieron detenerse mientras les durara tanta comida sabrosa.

Si lo disfrutaste, escríbeme, para continuar con el siguiente cuento en una próxima entrega.

Sort:  

Hola. me encantó la historia. me remonté a lecturas mitologicas. En Venezuela tenemos muchas. Que bueno que no se queden encerradas en bibliotecas vacías.

Bueno es parte de la intención Isa...además que nos explica el por qué de algunas cosas que llegan hasta nuestros días. Gracias por tu lectura.

Esta muy bueno

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