La Cueva de los Verdes
Suele ocurrir que en ocasiones nos formamos expectativas demasiado altas al respecto de algún asunto que con posterioridad, o no se cumplen, o no lo hacen de la manera que esperamos. Y por el contrario, a veces esperamos poco o nada de algo que sin embargo nos sorprende gratamente.
Esto es lo que me ocurrió recientemente en mis pequeñas vacaciones en Lanzarote; tan solo disponía de cuatro días y mucho que ver.
Mi esposa y yo estuvimos planeando visitas e itinerarios durante dos semanas para poder aprovechar al máximo el tiempo; se trataba de ver lo mejor de la isla, aquellos lugares imprescindibles que no puedes dejar de visitar cuando realizas un viaje.
Y tal y como comento, algunos de esos lugares en los que tenía puestas grandes expectativas me defraudaron, o como mínimo me dejaron con una extraña sensación de cierta desilusión.
Pero en cambio otros, en los cuales no tenía demasiadas esperanzas, me sorprendieron en gran medida; y sin duda el que más fue la Cueva de los Verdes.
Situada muy cerquita de los Jameos del Agua, al norte de la isla, la Cueva de los Verdes debe su nombre a la familia propietaria de los terrenos donde se asienta este enclave cuando hace más de doscientos años fueron descubiertos.
La visita se hace de forma guiada y consta de un recorrido de aproximadamente un kilómetro que se efectúa a través de la cueva formada en el interior de un tubo volcánico resultante de las erupciones que asolaron la isla a principios del siglo XVIII.
La experiencia es altamente gratificante; la sensación de sumergirte en las entrañas de la tierra y deambular por ese lugar mágico es indescriptible. En muchos momentos de la visita parecía que extrañas criaturas prehistóricas podían hacer presencia para devorarnos.
Las fotografías no reflejan ni una pequeña parte de la fastuosidad del lugar; la gama de colores y matices de los materiales rocosos es increíble y te cautiva.
Durante casi una hora recorrimos dos tramos a diferentes alturas, algunos de los cuales ofrecía una cierta dificultad debido a lo angosto del espacio existente y la lo resbaladizo del suelo consecuencia de la elevada humedad.
En el interior de la cueva pueden observarse los diferentes estratos de las capas de lava según iba enfriándose y solidificándose; así mismo se pueden contemplar y tocar los llamados estafilitos, que tal y como nos explicaba el guía, son las estalactitas formadas por la lava y que asemejan a gotas de lluvia congeladas.
Y para terminar el recorrido nos presentaron una sorpresa muy bonita, y que por si sola ya justifica la visita a esta cueva; sorpresa que por supuesto no voy a desvelar por si alguna vez alguno de mis lectores tiene la ocasión de realizar este viaje.



¡No se vale! ¡Yo quiero saber la sorpresa! Jajajajaja.
Saludos yde me alegra que hayas descubierto algo que realmente te agradara. Eso da una sensación de Explorador de fin de siglo
Ja, ja,ja lo siento, no se puede contar, lo prometimos.
Saludos
Hola, @torkot. Gracias por compartirnos tan grato recorrido.
Así pasa a aveces cuando tenemos altas espectativas sobre algo y termina por desilucionarnos. Como dice la canción, lo demás termina siendo lo de menos.
Lo importante es que hayas sacado el máximo provecho a esos cortos días.
Saludos
Si gracias, lo pasé muy bien. Poquitos días pero intensos.
Saludos