Insomne y perverso
Ven mírame a los ojos y cuéntame cuál es tu más perverso pecado que desencadena tus más fieles demonios que te mantienen en guardia por largas horas dé insomnio. Si naciste tan genio para desencadenar el desorden por dentro porque no te rendiste un segundo antes de aniquilar tu garganta con tanta rabia que enfundabas mal trecho. Dime no somos los putos dioses del amor a destiempo que manipulamos el juego de estos dos cuerpos perfectos. Un silencio corto me quito los audífonos y me pierdo por las 7 esquinas donde algún tiempo disfrutábamos riéndo a quien gobernaba el tiempo que ya no es más ni tuyo ni mío sino de otro reino...
