¿Y dónde está el dinero?

La corrupción en Argentina de ningún modo nació con el kirchnerismo, ni tampoco ha muerto con él. La ha habido antes y sería un tanto inocente quien negara que la sigue habiendo hoy. Pero lo que distingue al gobierno kirchnerista de sus sucesores acaso no sea simplemente una cuestión de grado, sino el hecho de que la corrupción estaba en la base de toda su estrategia de construcción de poder. Para sostener la estructura de "militantes" como la que mantenía, encabezada por organizaciones con tintes mafiosas como La Cámpora, es necesario tener una caja cada vez más abundante, lo que inevitablemente va acompañado de un Estado cada vez más deficiente.
Las circunstancias se dieron de tal manera que parece haber llegado la hora de que la justicia comience a trabajar, en lo que parece el comienzo de una versión propia de lo que fueran el Mani pulite en Italia o el Lava Jato en Brasil. Ni los propios fiscales esperaban recopilar las evidencias con la rapidez y facilidad con la que lo vienen haciendo en las respectivas causas. ¿Cómo se explica tanta imprudencia en el accionar de estos ladrones? Será que tantos años de impunidad lo llevan al corrupto al descuido y a la naturalización de su infame proceder. Además, debe tenerse en cuenta que los kirchneristas creían que continuarían en el poder por mucho tiempo y acaso de manera ininterrumpida. Y poder en su caso significaba ante todo impunidad. A tal punto había impunidad para los funcionarios de aquel gobierno, que hicieron pasar por suicidio el asesinato de un fiscal de la Nación (Nisman) que se atrevió a levantar una denuncia contra la entonces presidente (nada que envidiarle a Don Corleone).
En definitiva, que el kirchnerismo se perpetuara en el poder era entonces algo bastante probable. Lo que sucedía con Chávez en Venezuela era el mejor ejemplo de lo que buscaba lograr Cristina en Argentina. Pero una combinación de azar (como la muerte de Néstor Kirchner), algunas valientes y valiosas acciones de la oposición (destaco a Lilita Carrió que denunció todo cuanto pudo el accionar mafioso de aquel gobierno) y deficiencias o torpezas del propio kirchnerismo (una presidente que no supo dejar de lado su arrogancia e intransigencia cuando le hizo falta) terminó por destronarlos.
En estos últimos años, tras el cambio de gobierno, los argentinos venimos asistiendo a escenas de lo más llamativas en torno a los funcionarios sospechados por la justicia, como aquellos bolsos llenos de dólares de José López (ex secretario de obras públicas), quien por temor a que la justicia se los hallara en su domicilio salió una madrugada y los lanzó por sobre los muros de un convento religioso para luego proceder a enterrarlos allí. Con la mala fortuna (para López) de que un vecino del convento, que esa noche tuvo insomnio, fue testigo de la inusual escena y alertó a la policía.

Y en estos últimos días apareció lo que acaso ni el fiscal más optimista hubiera imaginado: unos cuadernos en los que el chofer de uno de los funcionarios encargados de cobrar las coimas anotó absolutamente todos sus periplos durante años. Allí se han detallado nombres de funcionarios y de empresarios, horarios y lugares de los millonarios cobros, modo de transporte del dinero (bolsos) y los domicilios en los que se entregaba lo recaudado.
Ese fue el puntapié inicial para que muchos empresarios y algunos funcionarios mencionados en los cuadernos comenzaran a confesar, tratando de evitar así la cárcel, pues buscan con ello acoplarse a la figura del arrepentido. Pero hay que ver que para poder acoplarse a esa figura la confesión del arrepentido debe brindarle a la justicia información que esta considere novedosa y útil para el avance de la investigación, de lo contrario será tratado como cualquier otro acusado. Esto lleva a que haya una suerte de pelea entre los acusados por hablar primero. Y vale destacar que son los empresarios, antes que los funcionarios, los primeros en confesar (acaso la psiquis del funcionario corrupto esté mejor preparada para soportar la amenaza del encierro).
Así es que la justicia está recabando una abundante cantidad de información sobre todo el entramado de corrupción que tendría por jefes a los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner. Pero hay algo que no pueden hallar: los miles de millones robados. A tal punto que al que brinde información que permita hallar dinero de la corrupción se le está ofreciendo una recompensa equivalente al 5 % de lo que se encuentre.
El dinero se recibía en dólares billete y hacía todo el periplo desde las manos de los empresarios hasta las del propio presidente en bolsos repletos. Se cree que gran parte de ese dinero puede estar enterrado, aunque mucho, acaso la mayor parte, se habrá utilizado para mantener la estructura de poder, con lo cual se habrá diseminado entre varios actores. Así las cosas, parece muy difícil rastrear el camino o los caminos que pueda haber seguido la mayor parte del dinero robado y menos aún recuperarlo.
Es interesante observar que esto que para la justicia argentina es hoy lo más difícil de conseguir, es decir, reconstruir la ruta del dinero de la corrupción, sería lo más fácil si el mundo en lugar de monedas fiat utilizara como intercambio criptomonedas, ya que gracias a su contabilidad distribuida todo el dinero sería rastreable sin lugar a equivocaciones. Y no parece que pudiera ganar mucho el corrupto con enterrar en algún lugar su billetera digital.



toda una corrupción que salio de Venezuela hacia otros países y aqui sigue y se extiende eso se llama narcoregimen
Ciertamente, Venezuela con Chávez fue una importante pata en este entramado. Uno de los primeros casos asociados a la corrupción de aquí fue el del venezolano Antonini Wilson.
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Interesante lectura, @reyvaj. Pero, como muy bien dices, la corrupción en Argentina no ha acabado... y no parece estar cerca de acabar.
Claro que no, esto es el comienzo. Pero hay razones para ser optimistas. En adelante los empresarios se cuidarán más por miedo a la réplica y a los funcionarios corruptos no se les hará tan sencillo cobrar la coima. Hay que entender que la corrupción en niveles tan elevados solo puede existir si la sociedad en general la acepta, si hay complicidad en diversos sectores. Y eso sí podría estar llegando a su fin en nuestro país. Corruptos han habido y habrán siempre, la cosa pasa por no dejarles un terreno tan amplio de maniobra como el que han tenido hasta la fecha.