Pelea personal. Ventana
Gire hacia la ventana.
Afuera el cielo estaba nublado, las sombras de los edificios ensombrecían la calle.
Baje, me encontraba en un segundo piso, departamento modesto. Las escaleras olían a vomito, cerveza, orines y viejas batallas al anochecer.
La calle se abrió, como las fauces de un animal sentí el calor de la exhalación, la calle respiraba. Todo lucía un aire de olvido, como si la ciudad hubiera sufrido un desastre natural y estuviera siendo de nuevo ocupada, la gente se movía extraña en su entorno. ¿o era yo? no lo sé.
Entre en un cafetín que de vez en vez servía cerveza. Era lunes.
Había solo dos sujetos en una mesa alejada, cerca de los baños. Pedí una cerveza y me senté en el mostrador. Uno de los tipos gritaba, parecía excitado sexualmente, llenando todo el lugar, el otro oía asintiendo y pidiendo silencio.
— ¿El hombre es malo o su entorno lo vuelve malo? Salí. Hacía calor. Era uno de esos días en que no se les veía sentido a las cosas.
Cerca estaba la plaza, con su héroe latinoamericano inmortalizado en estatua cagada por los pájaros. Quizás un poco como la memoria.
En la esquina próxima dos borrachos discutían en voz alta. Comencé a observar a la gente ir y venir, parecían inocentes de cualquier maldad, pero dudé, uno nunca sabe.
Los borrachos se gritaban. Me sorprendió su manera de discutir.
— Pudiste ser doctor.
— Cállate tú, pudiste llegar a Ingeniero.
Los mire, lucían viejos y agotados, en cadena perpetua. Estuve un rato mirando y regresé al departamento.
Entre. Cerré la puerta, fui a la cocina, llene un vaso en el fregador y lo tome.
Iba al cuarto y me detuve frente al espejo. Había una cara exhausta, agrietada.
Lo mire durante unos minutos y dije:
Pudiste haber sido algo más. Fui al cuarto y me dormí.
Una pequeña pelea personal.